El crimen perfecto, por Javier Astasio



En el día siguiente a la salida deshonrosa de los expresidentes socialistas de Andalucía, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, acusados, ya formalmente, por el Supremo de consentir el sistema de fraude de los ERE o, incluso, de engañar al Parlamento Andaluz para aprobar cada año la partido presupuestaria que lo propiciaba -para qué sirve un parlamento que se deja engañar así, me pregunto- en el día siguiente al cese, relavo o dimisión del díscolo y mal encarado ministro Wert, payaso de las bofetadas de los primeros meses de Rajoy en la Moncloa, en el día siguiente de ambos adioses, uno, la decisión del Supremo sobre Chaves y Griñán, difundido a bombo y platillo, porque fue anunciado a la hora oportuna para abrir y llenar telediarios, el otro, comunicado mediante un comunicado casi clandestino de Moncloa a las diez de la noche que recordaba la no menos clandestina llegada a tierra americana en tiempos de Bush de los soldados muertos en una guerra tan injusta como preventiva como la de Irak, en el día siguiente a la culminación de asuntos que han hecho correr ríos de tinta y de saliva durante meses, si no años, de lo que me apetece hablar es de lo listos que son estos chicos del PP y ese joker sin cara al que sirven, para oprimir, empobrecer y, si pueden, engañar de nuevo a los españoles.
Lo digo, porque acabamos de saber que el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que supongo infestado de radicales como lo están Cáritas y los servicios de estudios de algún banco, no el de España, claro, el órgano de la ONU -decía- que se encarga de velar por el respeto de los derechos de todos, ha reprendido seriamente a España por las graves vulneraciones en sus derechos que están padeciendo los españoles a causa de las políticas de austeridad aplicadas por el Gobierno, políticas que han devuelto la desigualdad a niveles casi predemocráticos.
El Consejo de Derechos Humanos de la  ONU, que apoya su informe en las aportaciones de treinta países y ONG, incide también en el retroceso que supone en la protección debida a los menores la reforma de la ley del aborto que restringe el derecho de las adolescentes a decidir la interrupción de su embarazo. Una y otra cosa, por no hablar del deterioro de la sanidad y la educación públicas, serán la pesada herencia que dejará el PP tras su paso -espero y deseo que tenga que irse antes de fin de año- una herencia cuyas consecuencias tendrán que soportar nuestros hijos y quién sabe si, también, los hijos de nuestros hijos.
Pero, como no son tontos, no quieren irse, porque saben que no va haber pan ni puertas giratorias para tanto chorizo, andan ya preparando sus señuelos para reconquistar el corazón de tanto abuelito cansado ya de mantener a sus hijos y nietos con una exigua pensión que no quiere perder, ahora que, desde el Gobierno y el Banco de España, le amenazan con el apocalipsis de la radicalidad.
Por eso andan llenando el cielo de las ondas de globos sondas con que seducir a los muy martirizados funcionarios con el anuncio, desmentido y promesa a medias de devolverles la paga y los días que les fueron arrebatados en los primeros días de plomo del austericidio. Y no sólo eso. También anuncian reformas en las cuotas del IRPF, reformas que llenarán un poco más el bolsillo vacío de quienes aún conservan su puesto de trabajo.
Es el crimen perfecto: se asesina y se saquea, por encargo de los "mercados" y las "instituciones", a una gran parte de la clase media y, luego, se borran las pistas, se silba la melodía del "aquí no ha pasado nada" o la de él "España va bien" y a otra cosa, mariposa. Lo que ocurre es que, por fortuna y espero que éste no sea la excepción, ese cromen, el perfecto, no existe, porque, antes o después, que se lo digan a Griñán o a Chaves, se atrapa al asesino y a quienes le encubren


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