El cortijo, por Javier Astasio

 
 

Es lo que tiene haber nacido en buena cuna. Uno se cree que todo y todos están a su servicio. Tanto que, según me contaron, en los años sesenta, un "progre" de muy buena familia, sometido a arresto domiciliario mandaba a por tabaco a los policías encargados de vigilarle. No sé si la cosa es genética o resultado de haberse criado entre tatas, institutrices, curas o monjas, lo cierto es que determinados hijos de dios lo son más que otros y tienden a pensar que todo y todos son parte de la finca de papá.

A este gobierno le pasa continuamente. Los ministros piensan que todo lo que existe está para que puedan disponer de ello cómo y cuando quieran. Lo hemos podido comprobar en las últimas horas con el uso abusivo y sesgado de la ley y las fuerzas de orden público y, más aún, con ese intento delirante y chusco de llevar ante la Audiencia Nacional a los detenidos tras las cargas policiales del 25-S. Ningún jurista y, lo que es casi peor, todas las asociaciones de jueces y fiscales lo consideraban un error, pero, aún así, la Policía llevó a sus 34 detenidos allá donde se juzga el terrorismo, porque existía un enorme interés en asimilar las protestas del martes con el terrorismo. Pero o el juez Pedraz no estaba en nómina o no había recibido el argumentario con las consignas del PP, porque no sólo no quiso hacerse cargo de los detenidos, sino que, además, puso en ridículo a la Policía, tomando sus propios atestados para tomar la decisión de ordenarles que se los llevasen a otra parte.

La cosa no es moco de pavo, porque la decisión del magistrado quiebra toda una estrategia policial e informativa, diseñada para desprestigiar y, a ser posible, desactivar las protestas del 15-M y, ahora, del 25-S.

No, señor ministro, no, señora Cifuentes, los tribunales son independientes, o deberían serlo, no acatan órdenes y no tienen por qué perder su valioso tiempo, que pagamos todos, en resolver lo que ya venía resuelto de comisaría, porque está claro que, si alguien tiene que entender de leyes, sobre todo de las que afectan al orden público, deben ser Interior y la propia Policía.

Resueltas ya las dudas sobre la Audiencia Nacional, que ha demostrado con rapidez y con firmeza que no es un apéndice de Interior, vayamos ahora con la Seguridad Social y las pensiones que, pese a las decisiones tomadas ayer por el Gobierno, no son sólo suyas, sino de todos.

Digamos primero que la presunta subida de las pensiones anunciada ayer tras el Consejo de Ministros es, en sí misma, una falacia, porque hablan los ministros de una subida del 1%, pero no aclaran si se revalorizarán con el IPC como había sido habitual hasta que Zapatero las congeló a causa de la crisis en su último año de gobierno. Hace apenas unos minutos acaba de hacerse público el dato del IPC y éste, a consecuencia de la disparatada subida del IVA, está ya en el tres y medio interanual, con lo que, si sólo se produce esa subida claramente electoralista del 1% y el IPC sigue subiendo al mismo ritmo, los pensionistas perderán, perderemos, cerca de un cuatro por ciento de nuestro poder adquisitivo, algo de lo que yo, que tengo una buena pensión y soy solidario por convicción, pero que puede retraer hasta la miseria la ya menguada economía de quienes cobran las más bajas. Pero, claro, el PP se la juega de aquí a diciembre en tres convocatorias electorales autonómicas y hay que repartir caramelos a ese colectivo de buenos españoles que se quedan en casa y no saben ni opinan, aunque, para ello haya que echar mano, por primera vez en la Historia, del fondo de reserva de la Seguridad Social, algo así como comenzar a vender las joyas de la familia.

¿No sería mejor, digo yo, aunque yo mismo fuese uno de los perjudicados, establecer subidas, congelaciones o bajadas de las pensiones, en función de su cuantía? No para quienes, a toda costa, quieren seguir cazando en el cortijo. Para ellos, de lo que se trata es de no espantar a los votantes que aún les quedan y uno de los sectores menos agredidos, aunque también lo fueron y engañados, es el de los pensionistas. Y lo digo, porque, para muchos, la subida de sus pensiones, el año pasado, se la comió la otra subida, la del IRPF.

En resumen. Los señores del PP, ahora en el Gobierno, ven España como un cortijo del que se toma o se deja lo que convenga, la Policía o la caja de reserva de las pensiones que han de ser de nuestros hijos, si, con ello, se mantienen al frente de la propiedad de la finca. Y, si no, la malvenderán y a otra cosa.
 
 
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