EL CALDO VILLALOBOS, por Javier Astasio

Se quiere jubilar a los ochenta y lo entiendo. Yo, con una nómina cercana a los ocho mil euros, también lo querría. Lo malo es que no sé si la vista le dará hasta entonces para el Candy Crush
Lo ha dicho, y se ha quedado tan pancha, en pleno debate social sobre el futuro de las pensiones, un debate que, para unos, conlleva la incógnita sobre cuánto perderán en la suya cuando se jubilen, para otros, lo poco que les cunde la que ya tienen, y para otros, los más jóvenes, si, finalmente llegarán a tener una.
Ha tenido el descaro de decir eso alrededor la comisión del Congreso para el Pacto de Toledo, hoy que en la caja de las pensiones apenas quedan telarañas, y añadiendo una "villalobada" de las suyas, exhortando a esos jóvenes a los que les han robado la tranquilidad y el futuro a ahorrar dos euros al mes, para encontrarse al final de su vida laboral con casi mil euros, la octava parte de lo que ella se "levanta" en un mes. Y no pasó nada. Ni se avergonzó ni se abrió el suelo bajo sus pies, porque está acostumbrada a tener esas ocurrencias de barra de cafetería y hacerlas públicas, dando doctrina, ella que ha estado en los gobiernos del PP o cerca de ellos, ella que está casada con Pedro Arriola, asesor áulico que fue de Aznar, primero, y de Rajoy, después. Ella que, en Málaga, de la que fue alcaldesa es como una reina, campechana como el emérito, encantada de que la reconozcan y de haberse conocido.
Debiera ser más prudente y alguien debería decirle que lo fuese, por ejemplo, Pedro Arriola, aunque éste, ahora que no da una, también se ha perdido más de una vez y más de dos por su boca. El caso es que en este país, en el que tener más de cincuenta años es como una peste que aleja a aquellos que los llevan a cuestas de cualquier posibilidad de ser contratados, un país en el que los más jóvenes sufren la condena de tener que poner copas, servir mesas o repartir pizzas un par de días a la semana que no siempre eligen, por una miseria y gracias, porque así, mal que bien y en casa de sus padres pueden ir tirando, mientras esperan a que cambie el viento de la economía y su futuro deje de ser tan negro y se abra una ventana de esperanza por la que asomarse a una vida parecida a la de sus padres.
Gente sin trabajo o con sueldos de mierda que tendrían que hacerse cargo de dar liquidez al sistema de pensiones, gente que tendría que estar pagando las pensiones de quienes se acaban de jubilar o se van a jubilar, gente que no tiene ni para tabaco o, si lo tiene y se lo gasta en él, es por esa conducta casi suicida que se adueña de quienes ya han perdido la esperanza, aunque no lo sepan.
Por eso indignan tanto las boutades de esta mujer, su facilidad para caer en el odioso recurso de los fondos de pensiones, agujeros en los que los asalariados asustados, temerosos por su futuro, colocan una parte de sus ingresos, poniéndolos en manos de quienes no hacen otra cosa que especular, a veces en contra del futuro de sus mismos depositarios.
Maquinaciones para poner en manos de quienes han sido responsables de la crisis que se ha llevado por delante nuestro bienestar y nuestro futuro lo poco que nos queda de dinero y esperanza. Paridas de quien debería defender lo púbico, entre otras cosas porque lleva décadas viviendo y cómo, y por el contrario nos sugiere que invirtamos nuestras esperanzas en el sector privado. 
La izquierda no es inocente, tiene su parte de culpa en esto que nos ha pasado. Quizá por eso ahora se esfuerza en proponer lo que debería haber defendido hace tiempo, desde siempre, con uñas y dientes: los impuestos, porque, en contra de lo que nos han dicho y ocho, también Felipe González, también Zapatero, los impuestos son el mejor instrumento, si no el único, para redistribuir la riqueza entre los que tienen todos y los que lo necesitan todo.
Por eso me indignan las ocurrencias de esta mujer boquirrota e imprudente que lo mismo nos enseña a ahorrar desde su insultante opulencia que a hacer un caldo con huesos bajo sospecha en plan crisis de las "vacas locas".

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