EL BREXIT COMO OPORTUNIDAD, por Javier Astasio

Es difícil aún, a estas alturas, explicar, explicarse, los pros y los contras. las consecuencias, de la decisión tomada ayer por la mayoría de los ciudadanos británicos respecto a la permanencia de su país en la Unión Europea. Es difícil, entre otras cosas, porque, quedarse en argumentos como el populismo o el egoísmo o, simplemente, la Historia, es demasiado fácil. No puede ser que tantos millones de ciudadanos de la Europa más rancia se hayan equivocado y, aunque así fuese, debería prevalecer la máxima que dice que, en caso de duda, que prevalezca la democracia.
La única consecuencia que así, a vuelapluma, soy capaz de extraer es la de que quienes toman las decisiones viven, por desgracia, de espaldas a la gente. Tanto es así, que quienes detentan el poder a uno y otro lado del Canal de la Mancha no han sido capaces de prever lo que finalmente ha ocurrido.
Creo que es difícil e hipócrita atribuir el triunfo del Brexit a la xenofobia en un país tan multirracial y multicultural como el Reino Unido, que heredó del viejo Imperio Británico la Commonwealth, con sus ciudadanos y sus derechos reconocidos en la metrópoli.
Es más lógico pensar que los británicos estén cansados de que la inmigración, especialmente del Este de Europa, disparada con las sucesivas ampliaciones de la UE. haya supuesto una enorme merma en derechos y salarios del mercado laboral. Me da la impresión de que nos detenemos en exceso en las anécdotas chuscas, como la rebeldía ante la regulación del tamaño de los plátanos establecida por los burócratas de Bruselas, y nos olvidamos de otras muchas decisiones que afectan y cómo a nuestras vidas que, sin embargo, a menudo pasamos por alto.
Los británicos, que lo han sido todo en el mundo hasta hace poco, conservan un orgullo nacional que no es difícil despertar y que, además, es fácil de ofender y se les ha ofendido, como se ha ofendido a los griegos, a los portugueses y a tantos y tantos europeos, incluidos nosotros. Y, si los británicos, en su mayoría privilegiados respecto a otros europeos, han dicho no a la Unión Europea, habría que ir pensando en qué diríamos hoy nosotros ante una pregunta similar. No hay que ser un lince para ver que, en un referéndum similar, la respuesta hoy que Europa se ha convertido en una madrastra, no sería tan favorable como cuando Europa era una novia.
Es curiosa la apelación que se hizo al sentido común de los británicos mientras se esperaba su no al Brexit y cómo no se hace otro tanto ahora que han dicho no. El Brexit sólo ha fracasado en Londres, Irlanda del Norte y Escocia. Cualquiera que quiera verlo se dará cuenta de que quienes han dicho no a Europa han sido los trabajadores británicos, los habitantes de las zonas industriales, cada vez más desprotegidos ante las decisiones arbitrarias que se toman en los pulcros despachos de Bruselas y que, por contra, el sí se ha dado en las zonas que viven del comercio y del turismo europeos. 
Creo que el Brexit va a ser bueno, si las cosas se hacen como se deben hacer, va a ser bueno para que la Europa fosilizada, la que sólo vela por los intereses de sus grandes corporaciones, la Europa cruel, incapaz de percibir el sufrimiento de sus ciudadanos más humildes, la que nos da un pasaporte y poco más, a cambio de las riendas de nuestro destino, la Europa que ya no es la que soñamos, retome el control de su destino y vuelva a ser la Europa del Estado del Bienestar.
Creo también que, como en tantos otros asuntos, no se nos ha dicho toda la verdad y que, incluso en plana campaña electoral, la mayoría de los partidos políticos han preferido no "mentar a la bicha" y pasar de puntillas sobre el Brexit, cruzando los dedos a la espera de que la tormenta pasara. Pero la realidad y el deseo son cosas bien distintas y la realidad se ha impuesto, abriendo un descosido en el disfraz de eficiencia de eso que llamamos Europa, un descosido por el que se ve su feo culo.
No debemos olvidar que, si los trabajadores han dicho no a Europa y sí al Brexit, no es porque, de la noche a la mañana, se hayan vuelto nazis. Creo que, más bien, los trabajadores se han cansado de que los partidos tradicionales, incluidos los que se dicen socialdemócratas les den la espalda. Creo que lo único inteligente es hacer de la necesidad virtud y aprovechar este momento para transformar una manera de hacer política, de la que la Europa que han rechazado los británicos es una de las peores consecuencias. Es la gran oportunidad para que "nuestros hombres en Bruselas" cambien y, si no, para que abramos los ojos y seamos nosotros los que los cambiemos. 
Por eso y en contra de lo que muchos piensan, el sí al Brexit es nuestra gran oportunidad.

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