El bosón, la teoría de supercuerdas y la madre que nos parió, por Gabriel Merino

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Partamos de que yo soy de letras.

Que tampoco entiendo muy bien eso de las subprimas, la deuda soberana, el ibex, las calificaciones y los riesgos pero existir, existen. Vaya que sí.

Y dicen los gallegos – son bastante lovecraftianos, o el de Providence era medio céltico- que las meigas también.

Y aunque no creo ni en la transfiguración ni en la resurrección de la carne ni en la santisima trinidad ni en que se pueda caminar por el agua o convertir el agua en vino , pues hay quien sí. Y a pies juntillas.

Hoy en Ginebra parece que se han dado de bruces con el bosón. Marie Curie lo fliparía. Y Einstein. Y Stephen Hawking. Y yo creo que hasta Ratzinger, que lee mucho cosas de divulgación sobre razón y fe. El científico que ha dado cuenta del descubrimiento estaba emocionado como una pastorcilla ante la visión de la vírgen en un olmo o en un árbol de esos en que se aparece habitualmente la madre de dios vestida de reina y con un halo de los de alta contaminación lumínica.

 

Y es que el bosón, como las teorías de supercuerdas o la del universo elegante, es hasta ahora para iniciados. Si te digo como profano que “la teoría de supercuerdas es un esquema teórico para explicar todas las partículas y fuerzas fundamentales de la naturaleza en una sola teoría, que modela las partículas y campos físicos como vibraciones de delgadas cuerdas supersimétricas, las cuales se mueven en un espacio-tiempo de más de 4 dimensiones” estoy formulando un postulado físico de última generación con bases reales teóricas, formulación matemática, y demostración práctica con su carísima I+D+I . Pero te va a sonar tan a flipación como la cosmogonía, el génesis y la creación de cualquier religión de las que no necesitan pruebas para hacer de ti un believer.

 

Llamar al bosón “la partícula de dios” es una licencia poética que no aceptará ningún creyente de los que reza a una imagen nunca. El bosón no deja de ser “una partícula infinitesimal con masa 125,3 más/menos 0,6 gigaelectronvoltios (GeV), con un valor de 4.9 sigma”. Ya me dirás cómo se encomienda a eso Fátima Báñez para pedirle que nos traiga empleo y prosperidad.

 

Decía el turbado científico que daba a conocer el bosón esta mañana con lágrimas en los ojos que “éste es un resultado preliminar, pero creemos que muy firme y sólido". Y la prensa señalaba, para los de letras, como yo: “Aunque la partícula de Higgs es crucial en la comprensión de cómo se formó el universo, sigue siendo teórica. Explica cómo se agruparon las partículas para formar estrellas, planetas e incluso vida. Se trata de la última pieza descubierta del modelo estándar, que describe la construcción fundamental del universo. El modelo es el equivalente físico de la teoría de la evolución para la biología”.

 

Ah. Se trata de comprensión, de algo parecido a la teoría de la evolución de Darwin para la biología, pero en el campo –mucho más árido que decir que los mamíferos descienden de los anfibios- de la física. Pues entonces, apaga y vamonos. La madre que nos parió. Pasará un siglo: todos calvos –por lo menos yo- y habrá quien seguirá diciendo que el bosón es un anatema y un sacrilegio. Aunque todavía no lo entienda.

 

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