El boca a boca a un cadáver, por Javier Astasio

 
 

Ayer, por fin, Europa tomó una iniciativa en favor de los jóvenes en paro. No está mal. Ha sido necesario que dos de cada tres jóvenes españoles estén parados y que uno de cada tres parados europeos sea español. No está mal, cuando toso sabemos que en  los últimos años, los anteriores al estallido de la crisis, los jóvenes se habían constituido cm el principal motor del consumo, pese a que ya se estaban experimentando en ellos las técnicas de "bonsaización" del empleo, en las que quienes nos gobiernas se están mostrando como expertos jardineros.

Han tardado más de cuatro años en darse cuenta de que estaban sacrificando a toda una generación que, como ayer decía Hollande, aunque con otras palabras, acabará ajustándoles las cuentas a quienes hoy gobiernan Europa. Cuatro años, en los que se ha cerrado el paso a los jóvenes al empleo de calidad, mientras se expulsaba a sus padres a las tinieblas del paro de larga duración y se les  cerraban las puertas de la enseñanza superior y se les empujaba a la frontera como mano de obra cualificada y barata para quienes, además de sus coches, sus electrodomésticos y su refinada tecnología, nos están imponiendo su "maldita" austeridad.

Han caído en la cuenta del tamaño del desastre y han decretado el urgente zafarrancho para reanimar el empleo juvenil. Han decidido acudir en auxilio del náufrago, pero, para cuando lleguen, en lugar de supervivientes braceando desesperados, van a encontrar el mar sembrado de cadáveres flotantes y, todo el mundo lo sabe, tratar de hacer el boca a boca a un cadáver es tan inútil como desagradable.

Llegan muy tarde. Llegan, cuando la sociedad está no, sólo desencantada como lo estaba en los últimos años, sino polarizada y movilizada, porque quién iba a decirle a Felipe González, el mismo que hace ya tiempo que perdió el contacto con la calle y, con él, aquella sensibilidad que algún día tuvo, el mismo que no fue capaz de entender la indignada desesperación de quienes se plantan ante el portal de un diputado para manifestarle su indignación, quién iba a decirle que, él mismo iba a ser el objetivo de un escrache compartido con Rajoy, a cargo de los mismos jóvenes que quizá crecieron escuchando de sus padres alabanzas para quien supo traer el cambio a este hoy denostado país del sur de Europa.

Llegan tarde y muy bien tiene que hacerlo, para que el bálsamo que apliquen llegue a calmar el dolor y el resentimiento que han causado en la generación con más iniciativa y más preparación de que ha disfrutado este país. Dentro de poco, seremos convocados a las urnas para elegir a quienes nos han de representar en el Parlamento Europeo y sería bueno que alguien fuese capaz de aunar la voz de los descontentos. La iniciativa del PSC, dispuesto al parecer a acudir a ellas en coalición con Iniciativa, es un buen síntoma. Como lo es el de que la Izquierda Plural y los sindicatos quieran unir sus voces contra tanto desatino y tan injusto.

Como cantó Pablo Guerrero allá en los últimos años del dictador, "es tiempo de vivir y de soñar y de creer que tiene que llover a cántaros. Tenemos que vivir luchando para cambiar esto, tenemos que soñar que otro mundo es posible y tenemos que creer que es posible para conseguirlo. Mientras, critiquémosles sus buenas palabras y sus trapicheos. Todos vimos que íbamos al desastre y que la solución jamás podía ser dejarnos en medio del mar, sin comida ni combustible a bordo de un barco que se hundía. Ahora, pretenden hacer el boca a boca a los cadáveres de sus víctimas y eso, como que llueva sobre el mar, no sirve para nada.

 
 

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