El arte de no hacer nada, por Silvia Tinoco (@DunaLoves)

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Un mes. Llevamos un mes encerrados para intentar contener la pandemia que asola el mundo. Sólo podemos salir a la calle para lo indispensable y salimos con el miedo de "no toques nada, no te acerques a nadie, ¡ni respires!". Así que nuestra ventana de contacto con el exterior es el "canal 24 de virus" y los bulos que corren por las redes sociales. La situación nos está poniendo a prueba como nunca antes: ¿Cómo nos vamos a mantener ahora sin trabajo mientras las facturas siguen llegando? ¿Cómo va a volver todo a la normalidad después?

Lo cierto es que no podemos hacer nada más allá de quedarnos en casa y aceptar que no podemos controlar lo que está ocurriendo. Mantenernos sanos es nuestra tarea. Ya está. Ahora el dilema es qué hacer con nuestro tiempo mientras tanto, porque después de un mes de confinamiento, aunque a todo se va acostumbrando uno, hay días en los que la casa se te viene encima.

No dejan de repetirnos que ahora es el momento de hacer eso que siempre hemos querido hacer pero para lo que nunca hemos tenido tiempo. Pero luego te das cuenta de que esta montaña rusa emocional mina tu ánimo y capacidad de concentración, así que las acciones más sencillas te pueden costar un mundo porque, simplemente, no te apetece nada. Sin embargo, no dejan que bombardearnos con anuncios de cursos, masterclass, rutinas de ejercicios... que te presionan para que no pierdas el tiempo. Y eso te hace sentir mal porque te da la sensación de que al salir de este encierro te van a preguntar qué has estado haciendo y no vas a tener nada interesante que contar. ¿Y qué?

El miedo a tener tiempo libre no nos deja aburrirnos ni en cuarentena


Esa es mi pequeña pelea diaria: el remordimiento de no hacer nada útil a pesar de tener tiempo. Estamos tan acostumbrados a los horarios, planes y estructuras que tener un hueco vacío nos hace pensar que se nos ha olvidado algo, seguro que ahí tendríamos que estar haciendo alguna actividad y sentir que perdemos el tiempo nos agobia. Esto se llama ociofobia y ahora es el momento para liberarse de ella. Ahora puedes hacer lo que quieras, siempre dentro de los límites de tu casa, claro.



¿Qué te apetece hacer hoy? Esa es la pregunta a la que tendríamos que responder cada día. Y si no te apetece nada, pues haz nada. A mi últimamente me apetece dibujar. Concentrarme en un dibujo, sus trazos, los colores que le voy a poner, si será sólo un boceto o algo más elaborado... Todo ese proceso me da paz mental y hace que me olvide del resto del mundo por un rato. No tiene que ser una obra de arte, no tengo que enseñárselo después a nadie –de hecho el otro día me cargué un dibujo al equivocarme con los colores–, tiene que gustarme a mi y punto.

Hacer actividades manuales nos conecta con nosotros mismos, con el presente, con el mundo físico, ese que a veces abandonamos tanto por la vida virtual que nos ofrecen las pantallas. Levanta un poco la vista de tu teléfono y recupera esa conexión contigo mismo. ¿No sabes dibujar? Hacer limpieza también ayuda, redecorar tu espacio, coser o cocinar, jugar con tu mascota... Lo importante es que sea algo que te guste y que te apetezca en ese momento. Lo demás no importa. No tienes que cumplir las expectativas de nadie. Y tampoco existe un manual de instrucciones que nos diga cómo superar lo que estamos viviendo.

Y si no te apetece: no ha-gas na-da. Se nos olvida que necesitamos tiempo para aburrirnos. Del aburrimiento surge muchas veces la creatividad. Así que respira, quédate en casa y mantente sano, física y mentalmente... También sin hacer nada.

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