EL APRENDIZ DE BRUJO ESTÁ NERVIOSO, por Javier Astasio


Nunca me gustó mucho Pablo Iglesias. Admito que la primera vez que le vi, creo que, en uno de esos programas de La Sexta, en los que un joven de pelo largo, frío como un témpano se enfrentaba a tipos como Inda o, no lo recuerdo bien, Granados, me produjo, más que simpatía, inquietud. Pero entendí que podía encauzar toda esa insatisfacción a la que el sistema de partidos, la crisis, los desahucios, los recortes y las soluciones egoístas que el PP, con la ayuda imprescindible de un PSOE caduco y en descomposición, entendí, aunque no a la primera, que Podemos, el partido que nos sorprendió en aquellas elecciones europeas, podía ser una magnífica alternativa a ese "voto útil" que tanto daño nos había hecho, consagrando un bipartidismo malsano que a punto estuvo de acabar con la democracia, si es que no llegó a hacerlo.
Tampoco me gustó y no es la primera vez que lo escribo esa coreografía tan cursi, de exhibición de gestos y cánticos de izquierdas, pero tan cursi, casi monjil, de sus mítines. Tampoco su puesta en escena, a caballo entre las estrellas del show business y los barbudos de Fidel. Una puesta en escena que me producía y me seguirá produciendo sonrojo e inquietud, porque, la gente que me conoce lo sabe, creo que lo que es es y no hace falta representarlo continuamente y que, cuando es necesario representarlo es porque no es.
Y así ha sido, porque tanta camaradería, tanta hermandad, tanto abrazo y tanto beso escondían una realidad de tensiones, envidias y conjuras que harían temblar al mismísimo Nicolás Maquiavelo por su obscena impudicia y que han recelado que el partido de las sonrisas y las canciones de boy scout, más que una piña, era una jaula de grillos. Una olla que saltó por los aires en el momento en el que Pablo Iglesias´, después de su estrepitoso fracaso en las segundas elecciones generales, emprendiese su particular caza de brujas, deshaciéndose de Luis Alegre, para sustituirle por Pablo Echenique, con un perfil mediático más alto y amable, del que ya no disfruta.  De entonces a ahora, el autoritarismo de Iglesias, el puño de hierro que esconde tras su guante de seda y su empeño en anular cualquier tipo de oposición o disidencia, más propio del peor estalinismo que de un partido tan joven e ilusionante.
Un comportamiento, posterior al desgaste que le produjeron ante su electorado, si no las verdaderas intenciones de la frustrada negociación con Pedro Sánchez, sí la puesta en escena que le hizo aparecer más como verdugo que cómo víctima.
Ese fue el punto de inflexión, la arista en la que se separaron los planteamientos de Errejón, partidario del posibilismo que haría crecer al partido, atrayendo a nuevos electores, incluso moderados, frente a ese encerrarse en sí mismo de Iglesias y los suyos, que, como si nunca hubiese aprobado las "mates", pretende llegar al gobierno monopolizando una izquierda al margen del PSOE que nunca ha bastado para gobernar este país.
Iglesias y Errejón, amigos del alma en los primeros tiempos, llegan a la asamblea de Vistalegre II, no sólo divididos, sino seriamente enfrentados, con dos planteamientos de partido y dos personalidades que, ahora que se han desatado los demonios, vemos radicalmente distintos, En apenas tres días nos dirán el resultado. En apenas tres días sabremos qué hará Iglesias con su escaño y su secretaría general si pierde frente a Errejón. En apenas tres días sabremos si, por el contrario, el chantaje de Iglesias, su infantil "me voy si no gano", surte efecto. De momento, quiero creer que la aparente sensatez de Errejón está convenciendo a los inscritos y lo creo porque a Iglesias le están traicionando los nervios, culpando a los demás, como haría un niño pillado en renuncio, de sus travesuras. Sin ir más lejos, esta misma mañana, ante la evidencia del intento admitido por el decepcionante Echenique del intento de cambiar el sistema informático de votación en la asamblea para admitir el voto a las listas plancha tan queridas por Iglesias.
El lunes sabremos en qué queda todo esto. Yo quisiera como resultado un Podemos lo más unido posible, capitaneado por Errejón y su equipo, porque necesitamos un Podemos grande y capaz de transformar este país y para bien, respetando la libertad de todos, Lo que ya podemos afirmar es que el aprendiz de brujo que consiguió cinco millones de votos en junio, para, después, perder un millón en noviembre, ha perdido el control de las pócimas y la varita mágica y está nervioso. 

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