Efecto o defecto Clemente, por @FutbolRH

Javier Clemente
Clemente, un revulsivo que funciona
menos de lo que se piensa.

No por repetido deja de sorprenderme el comportamiento de Clemente. Vaya por delante que respeto los logros que el técnico vasco haya podido conseguir en el pasado, pero hace tiempo que vengo diciendo que sus métodos me parecen desfasados, que ya no convencen a nadie. Clemente se ha ganado una etiqueta de revulsivo que la verdad no se de dónde viene, porque analizando un poco su historial, se ve claramente que esa etiqueta no se sostiene demasiado. Y los clubes, incomprensiblemente, caen una y otra vez en el efecto Clemente...

Su último éxito como salvavidas se remontan a hace casi diez años con el Espanyol en 2003. Anteriormente también había salvado a la Real Sociedad en 1999, que lo contrató en una situación delicada, pero siempre con más de media temporada por delante en ambos casos. Cuando llegó a un equipo una vez superado el ecuador de la temporada, siempre fracasó: Tenerife (2002), Murcia (2008) y Valladolid (2010), dieron con sus huesos en Segunda. En el medio, también salió mal parado de sus experiencias internacionales en Serbia y Camerún. Si acaba descendiendo con el Sporting, sería su cuarto fracaso en seis intentos, pleno con menos de media temporada de margen. Y la situación pinta difícil, no sólo ya por la cantidad de puntos que necesita el equipo asturiano para salvarse, sino porque Clemente, con su actitud, dudo mucho que ya pueda convencer a nadie. Sus últimos episodios, con los insultos en rueda de prensa hacia un periodista que hacía su trabajo, y las críticas al club por haber confeccionado mal la plantilla, han sido la gota que colma el vaso. Si la plantilla estaba tan mal configurada cómo dice, ¿por qué vino al Sporting? ¿y para qué se contrata a un entrenador, si no es para sacar el máximo partido a lo que tiene? ¿tienen algún objetivo esas quejas si no es para intentar salvaguardar - sin éxito - el ego de un entrenador que no parece conocer límite?. En fin, que todos estos episodios tan lamentables junto con unos números que cantan deberían servir para, de una vez por todas, abrir los ojos a esos directivos que confían una y otra vez en el efecto - que bien podría llamarse defecto - Clemente.

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