Donantes vampiros, por Javier Astasio

 
 
Recuerdo que, cuando llegué a la universidad, un año antes  de la muerte del dictador y algunos años antes de que supiésemos del SIDA, algunos compañeros de facultad -entonces, como pretenden que ocurra ahora, no había becas-, para poder acabar el mes, acudían al "vampiro" o, dicho de otro modo, vendían su sangre a determinados laboratorios y sacaban las mil y pico o dos mil y pico pesetas -no recuerdo bien- con que pagar sus deudas y comer más o menos bien hasta que llegase dinero de casa o surgiese algún trabajo en que ganarlo. Ya sé que también los había que se lo gastaban en cañas y canutos, pero doy fe de que los que yo conocía lo hacían por mera supervivencia y que no eran solo estudiantes quienes acudían al vampiro.
Confieso que esta imagen me vino ayer a la mente cuando supe que el juez que instruye la causa sobre los papeles de Bárcenas ha llamado a declarar como imputados a los grandes empresarios, la mayoría de ellos constructores, que figuran en los papeles de Bárcenas y que cada vez se perecen más a la contabilidad B del Partido Popular. Me pareció chusco que a esos empresarios que buscaron su propio beneficio y nada más, se les denominase "donantes" y no tardé en recordar a los vampiros de entonces.
Me explico. Como no me tenido por tonto y de la frase "la mayoría de las veces, las cosas son como parecen" he hecho algo así como una divisa  como alguno de los nombres que figuran en los apuntes de Bárcenas recibieron en torno a las fechas de las anotaciones importantes adjudicaciones de obra y como a estos empresarios lo que les mueve es el lucro y el chanchullo, he llegado a la tan modesta como simple conclusión de que sus "donaciones" eran a cambio de obtener licencia para clavar sus incisivos en lo que es de todos, votantes o no del Partido Popular, para chupar la sangre de nuestros impuestos.
Donan su dinero a cambio de la oportunidad de ganar más dinero y lo hacen a escondidas, porque la ley por la que se rigen los partidos políticos en España prohíbe que se superen determinadas cifras para evitar el sucursalismo de determinadas empresas que, a cambio de resultar favorecidos por el gobierno de turno, contribuyan a financiarlo. Pero, claro está, hecha la ley, hecha la trampa con la que ocultar tan generosas e ilegales donaciones, mediante el "despiece" de esos donativos en cantidades más pequeñas que se atribuirían a otros ciudadanos o, cuando era aún posible, se convertían en donaciones anónimas.
Han sido tantos los años en que estas prácticas han quedado impunes y tan inoperante el tribunal encargado de supervisar las cuentas de los partidos, que, al final, los partidos, el Partido Popular, en concreto, bajaron la guardia y fueron sembrando de chanchullos su recorrido por las diferentes  administraciones, hasta que alguien, inocente o interesadamente, tiro del hilo que condujo al ovillo de la trama Gürtel, en el que estaba enredado, entre otros, el tesorero Luis Bárcenas.
El resto es la historia de ambiciones, trampas y chantajes que tiene en jaque a la cúpula del Partido Popular y que ha puesto al descubierto, por más que la prensa afín al PP nos hable de otros casos que ya son historia, en el mayor escándalo de financiación ilegal de un partido en democracia. Y grande era el escándalo, porque grandes eran los dispendios que se permitían los dirigentes populares con esos sobresueldos cobrados en metálico, consignados como gastos de representación y dietas, dignas de la recién abdicada reina de Dinamarca, que, aunque insistan en que figuraban en sus declaraciones de la Renta, tendrán que demostrarlo y, si es posible, ante el juez.
Mal asunto este de los donantes vampiros, porque explica demasiadas cosas. Cosas tan chuscas como, por ejemplo, la persistencia de la administración en contratar con determinadas constructoras o la no menos persistente y nefasta costumbre de superar los costes de contratación de las obras. Quizá, con el tiempo, acabe también explicando el porqué de la inasistencia del gobierno de la Comunidad de Madrid en privatizar la gestión de hospitales que son de todos, cuando, en la práctica, tal cosa es un "negocio" ruinoso para la administración y los pacientes.
Lo dicho, donantes que, en realidad, son vampiros.
 
 
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