Dívar y los siete enanitos, por Javier Astasio


Nada puede haber más terrible que asistir al triste espectáculo de la pérdida de confianza de todo un país en su justicia. Pues bien, eso está pasando aquí, en España, en momentos en los que confiar en ella es más necesario que nunca.

Me contaban de pequeño, cuando trataban de vacunarme contra el feo vicio de disfrazar la verdad, que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo, algo que siempre he tenido presente y que a veces me ha hecho caer en el feo pecado de la sinceridad, feo pecado, al menos en esta sociedad de apariencias en la que nadie quiere la verdad desnuda y la disfraza hasta dejarla muchas veces en grotesca máscara de carnaval.

Yo no sé si el presidente del Consejo General del Poder Judicial cojea, ni de qué pie lo hace, lo que tengo cada vez más claro es que es todo un maestro en el arte de disfrazar la verdad. Eso, unido a la inmunidad que parece garantizarle todo el poder que acumula en sus manos, le ha llevado a crearse una realidad paralela, de jueves a martes, con sede en Marbella y a cuerpo de rey, justificada en actos y compromisos que, cuando realmente existías, apenas requerían de unas horas para resolverse.

Lo malo de que el presidente del Supremo, tribunal de tribunales y penúltima esperanza de quienes persiguen alcanzar la justicia en este país, se relaje en el cumplimiento de sus obligaciones y en la atención al decoro que debe a su cargo, lo malo, es que en cada una de sus excursiones, en cada uno de sus desplazamientos y estancias marbellíes, requería del concurso de sus siete escoltas como siete soles a pensión completa, lo que supone, al margen del carísimo alojamiento y las no menos caras comidas del presidente, toda una pasta en los gastos y dietas de su comitiva.

En fin, que los fines de semana, caribeños los llaman en el CGPJ, de Dívar nos salen más caros de lo que le saldría al príncipe del cuento mantener a Blancanieves con sus siete enanitos que, por amor o por sentido del deber, cuidaban de la joven doncella.

Lo peor de todo es que los nuevos datos publicados sobre los dispendios que Dívar se permitía, y espero que no siga permitiéndose, en Marbella, con tanto cinismo y descaro como para pretender hacer pasar y pasar como cena de trabajo la cena de la noche de Reyes, no sé si con cotillón, que hizo en solitario en un lujoso restaurante, cómo no, de Marbella, esos datos se mezclan en la actualidad con el informe del CES que sitúa a once millones d españoles en el umbral de la exclusión social o con el demoledor reconocimiento por parte de Cáritas de que la ONG está alcanzando niveles de asistencia que no se recordaban desde los duros años de la posguerra.

Ayer PP y CiU bloquearon, boicotearon, la comparecencia del Dívar ante el Congreso para explicar su dudoso comportamiento. No sé que pretenden con ello, qué favor esperan del presidente del CGPJ a cambio. Solo sé que con esa decisión están contribuyendo a que la credibilidad de la justicia y de los representantes de los ciudadanos se sitúe también en los niveles de la posguerra, en los que el lugar de respeto había temor y en lugar de justicia terror.

Ya por último me permito una sugerencia: que a Dívar y sus siete enanitos, si es que, como una familia bien avenida, van a seguir disfrutando juntos de los fines de semana, les den el carné de familia numerosa. Así nos saldrá más barato su asueto.

Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

Publicado por

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*