Diputados asustados, por Javier Astasio

 
Quienes paseamos habitualmente el centro de Madrid llevamos casi dos semanas montones de armatostes metálicos, parecen somieres, apilados en las aceras, junto al señorial y decadente Hotel Palace, ocupando las aceras en la estrecha calle del Prado, como si de una especie de mudanza perenne se tratase, de no ser porque, junto a ellos, policías antidisturbios, mal encarados, aburridos y cansados, custodian tanto hierro, destinado a separar, aún más si cabe, al pueblo de sus representantes.
Sé perfectamente, como lo sabe ya todo el mundo, que los "somieres" apilados en las calles que rodean el entorno del Congreso de los Diputados están dispuestos para aislarlo, mañana día 25, de quienes pretenden "tomarlo", no a caballo como Pavía, con una guerra civil como Franco o en autobús como Tejero, sino de manera simbólica, pacíficamente y desde la calle.
Que conste que entiendo que el Congreso de los Diputados, como cualquier sede parlamentaria en un estado democrático, goce de un estatus especial que evite que pueda quedar "secuestrado" y que sus decisiones se tomen bajo la presión, por muy legítima que sea en ese momento, de la calle. Y basta, para entender esto, con pensar en un pleno reunido para votar una ley que regule el derecho de la mujer a decidir sobre la interrupción de su embarazo, rodeado por millares de ciudadanos convocados -no seré yo quien diga acarreados- por los obispos.
Está claro que, de cara a la jornada de mañana, el ambiente en Madrid está enrarecido. Y lo está porque, de todas las estrategias policiales posibles para tratar de controlar algo como la convocatoria prevista para las próximas horas, el Gobierno ha escogido la más peligrosa, la del acoso y el miedo. Y esa estrategia, se sabe, no lleva más que a hacer de los detenidos mártires, a cargar de razón a quienes ya no creen en el sistema y a radicalizar cualquier concentración que pueda producirse mañana.
Eso, siendo bienintencionado y pensando que lo que ha movido a Interior es sólo el autoritarismo y la torpeza, porque me temo que lo que pretende, en una arriesgada carambola, es radicalizar el 25-S, para desactivar el adormecido 15-M, ya que uno y otro se nutren de las mismas bases.
No sé qué piensa un diputado cuando, cada día, para cumplir con su deber como representante de los ciudadanos, tiene que pasar entre montones de vallas, apiladas o desplegadas, identificándose ante los policías que le piden la documentación y les "protegen" y aíslan de sus votantes. Yo, desde luego, me sentiría muy mal y haría todo lo posible para tratar, precisamente mañana, de hacerme más cercano a quien represento, para que los ciudadanos no crean que son vendedores de enciclopedias que, una vez "colocadas", se olvidan del "cliente", salvo para cobrar las correspondientes mensualidades.
Mañana, el Parlamento, de alguna manera, se la juega. Mañana debe decidir si está con los ciudadanos por muy cabreados que estén o se aísla de ellos y se esconde en su concha de "somieres" hasta que salga el sol de la prosperidad y se pueda ganar su favor con promesas tan disparatadas como caras y mensajes simples que adormezcan lo que quede en la memoria colectiva de esto tan terrible por lo que estamos pasando.
Si no salen al encuentro de los ciudadanos, tenemos todo el derecho a pensar que están asustados. Y el miedo, sus señorías, no da buenos consejos y, si hablamos de la desconfianza que ahora sienten los ciudadanos, aún menos.
 
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/
 

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*