Diario de la pandemia: el crac de la bolsa, por Joan Anglada Salarich (@themoneyglory)

Como consecuencia de la propagación del Covid-19, las bolsas explotaron provocando un crac bursátil. El día 16 de marzo, las acciones de la mayoría de empresas se hundieron y los inversores se comieron una buena suma de pérdidas extraordinarias. En “Big Debt Crises. Principles for Navigating” el inversor Ray Dalio recopiló en tres libros un manual técnico que explica la evolución de las burbujas y sus explosiones. Mi objetivo en este escrito es identificar cuáles son los principales indicadores de una burbuja, relacionarlos con la situación económica pre-crac, y evaluar las posibles consecuencias.

Según los estudios históricos que ha hecho Dalio y el equipo de Bridgewater Capital, las burbujas financieras reúnen una serie de características comunes. Durante el periodo de formación podemos ver que (1) los precios de los activos son altos en comparación con su media histórica; (2) los inversores dan por supuesto el crecimiento de la valoración de estos activos y sus beneficios futuros; (3) hay un amplio sentimiento alcista; (4) un alto porcentaje de las inversiones están financiadas con deuda; (5) los compradores, como pueden ser las empresas, realizan compras excepcionales a futuro (acumulan niveles extraordinarios de inventario, nuevos contratos con proveedores) con la intención de especular o como cobertura; (5) han entrado nuevos actores en el mercado; (6) la política monetaria que aplican los bancos centrales hincha más la burbuja.

En lenguaje menos técnico, si nos trasladamos en el contexto de la burbuja de Internet – la más romántica de las últimas “locuras colectivas” – los inversores queríamos estar. Worldcom, Yahoo!, Terra… Estos eran los nombres del momento que reunían dos características en común, el rendimiento de sus acciones era superior al resto de los valores tradicionales del parquet. Y, por otra parte, ninguna de estas tenía un historial consolidado de beneficios.

No obstante, esto no impedía a nuevos inversores entrar en el mercado a comprar acciones de Internet. Porque tenían que subir, la revolución tecnológica era imparable. Y muchas empresas, con un nombre acabado con .com, .net, o .es, se permitieron el lujo de debutar en la bolsa y conseguir financiación, por un proyecto que nunca ganaría un duro.

El contexto pre-crac de la pandemia era muy diferente. Sabemos con certeza que lo provocó el temor de los inversores ante el posible impacto económico del coronavirus. Por esta razón es difícil identificar características similares a la burbuja de los 2000 o la del 2007-2008. Aunque, por mi parte, considero que si se cumplían los puntos del 1 al 3.

Consecuencias del crac

Sin embargo, no importa cuál sea la causa que provoque la caída. Las consecuencias en el entorno financiero siempre son las mismas. (1) Hay una caída masiva del precio de los activos (ej. Acciones, bonos y obligaciones …); (2) esta situación presiona a los deudores en el momento de devolver los préstamos; (3) los inversores a crédito deben pagar intereses por unos activos que no tienen rendimientos; (4) los deudores con más riesgo no cumplen con las cuotas, los diferenciales de crédito aumentan y disminuye la oferta de préstamos hacia este tipo de deudores; (5) aumenta la necesidad de efectivo y esto provoca un incremento en los tipos de interés a corto plazo.

Estas son las consecuencias inmediatas de un crac en el entorno financiero. Pero, debido a la parada en seco de la economía, el coronavirus también provoca unas consecuencias en lo que llamaríamos “economía real”. Según el documento The Coronavirus’s $4 Trillion Hit to US Corporations, también de Bridgewater Capital, el “vacío” de la cuarentena se trasladará en (1) reducciones de plantilla, (2) disminución de las inversiones en capital, (2) reducción o anulación de dividendos, y también disminución de recompra de acciones y operaciones corporativas.

Estos tres puntos se cumplirán en mayor o menor grado, en función de la dimensión de las medidas económicas puestas en práctica. Tanto la Reserva Federal de los Estados Unidos, como distintos países occidentales, ya han anunciado inyecciones masivas de dinero en los mercados. En el caso de Estados Unidos incluso antes de la propagación del virus. En la Unión Europea predomina el lema “estamos en ello”. Se ha propuesto la emisión de unos buenos continentales que, si Alemania no lo aprueba, nunca saldrán al mercado.

Como apunta Howard Marks en su última carta a los inversores, algunas de las medidas (sobre todo la política monetaria) tendrían un mayor impacto si el contexto pre-crac hubiera sido más propicio. Antes del “parón”, no se cumplían todas las condiciones de burbuja, pero sí algunas de sus características. Por otra parte, esperamos que las amplias inyecciones que se anuncian ahora, tengan el efecto de reanimar los mercados y circulen en la economía real. En lugar de quedarse en cuentas corrientes.

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