Desenfoque, por Javier Astasio

 
Es evidente que el modo en que los españoles vemos a los alemanes ha cambiado. Del mismo modo, es evidente que, desde hace tiempo, ha cambiado el punto de vista que los alemanes tienen sobre nosotros. Ya no somos los tipos amables y simpáticos del "Que viva España". Ahora formamos parte del batallón PIGS que tan caro le salía a Alemania, Y digo salía, porque desde que a nosotros nos va mal, a ellos les va muy bien, al menos en lo que a la financiación de su deuda toca.
Ya no nos vemos igual, aunque unos y otros seguimos haciendo los caminos trillados de otros tiempos. Nosotros para trabajar en sus fábricas y ellos para descansar en nuestras playas y comprar a buen precio una vejez tranquila en cualquier playa arrasada por la burbuja inmobiliaria. Seguimos haciendo ese viaje, pero, como digo, ya no es igual. Yo mismo me he sorprendido en un escalofrío, no sé si de envidia o de desconfianza, cuando, en un museo, en el Rastro, en una taberna o en una playa, oigo hablar alemán en voz alta. Sé que no es justo, sé que es absurdo, pero me pasa.
Quizá soy injusto. Quizá ellos no saben el daño que está haciendo a este país la tozudez, la rigidez metodista de los planteamientos de su canciller. Quizá en Alemania, como a nosotros, no les cuentan toda la verdad. Quizá les dicen que aquí vivimos del cuento, que tomamos el sol y tocamos la guitarra mientras atamos los perros con longanizas. Quizá les hablan de pensiones y piensan en las suyas, en esas que les permiten comprar aquí una casa donde vivir todo el año de vacaciones. Quizá creen que la atención sanitaria universal no es tan importante, aunque ellos la disfruten también en España. Quizá tampoco les parezca necesaria una política de becas que acerque la Universidad a todos, aunque a ellos les venga muy bien contratar baratos a todos esos titulados sin empleo que salen de ellas. Quizá pesa demasiado en ellos esa filosofía de hormiga que se ve obligada a despreciar a las cigarras, sin parase a pensar en más.
Todo es una cuestión de desenfoque. Desenfoque de ellos cuando miran hacia nosotros y de nosotros cuando les miramos a ellos. Todo es consecuencia de la deformación de la realidad que produce mirar a Europa pensando sólo en la política interna de Alemania o mirar a España pensando sólo en Europa y viceversa. Demasiadas de las decisiones tomadas aquí y allá se han tomado con tan cruel desenfoque.
Angela Merkel está demasiado pendiente del calendario electoral alemán. Decide desde una posición de fuerza que podría cambiar y, como hacen las figuras en esas peleas coreografiadas tan propias del flamenco o de la danza moderna, cada uno de sus gestos, cada uno de sus desplantes va dirigido, no a quien tiene frente a sí, sino a la troupe que tiene detrás.
Lo que parece ignorar Angela Merkel es que forzar la mirada de esa manera lleva a la aberración. El ojo que no es sino un sistema óptimo como otro cualquiera se acomoda y se deforma y acaba por no dejar ver lo que realmente tenemos delante. La soberbia y la rectitud metodista de Merkel le impiden ver que, como decía esta misma mañana Javier Solana, cada vez hay menos países europeos entre los más poderosos del mundo. También debería pensar que agobiar de esa manara a sus socios del Sur está dejando a sus fábricas sin clientes. Y tan malo es tratar de comprar sin tener con qué pagar, como tratar de vender sin tener a quién.

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