Derecho a decidir sí, pero sin oportunistas ni borregos, por María Navarro (@mariapuntoes)

La libertad de poder decidir es algo innato en una democracia. Ahora pronunciar ‘derecho a decidir’ suena como separatista, como infernal, como de o estás conmigo o estás contra mi. Sin embargo, no debemos olvidar el significado que esa frase entre comas lleva consigo: libertad de decisión, de votar. Los referéndums no son enemigos de la democracia sino que, de hecho, ayudan a conocer lo que quiere la ciudadanía y avanzar como país democrático.

Independientemente de que estemos o no de acuerdo con que Cataluña coja las maletas y se pire , debemos reconocer que por preguntar a los ciudadanos no se acaba el mundo. No podemos caer en un mensaje plenamente dictatorial como es el de ‘no dejaré que la gente tenga libertad de votar o decidir’ por miedo a lo que pueda opinar un sector de la población. Porque lo que está claro es que la gente opina y seguirá opinando como le venga en gana.

Pero lo importante de este asunto ya no es el derecho a decidir en sí, sino cómo se aprovechan algunos de todo esto. Tanto los que dicen ser del bando independentista como los del bando contrario cuentan con dirigentes que se aprovechan de las bases democráticas a su antojo; uno escudándose en el derecho a referéndum y el otro en el de prohibirlo por ser inconstitucional.  Y mientras estos se dedican a crispar al personal, ¿ nosotros, los ciudadanos, qué hacemos ? Entramos al trapo confrontándonos unos con otros, los de un bando y los de otro, como borregos.

Somos títeres sin cabeza manejados por dos oportunistas que se aprovechan de los sentimientos nacionales de unos y otros para crear una guerra dialéctica entre ciudadanos para tapar los pufos de sus partidos políticos. Así que, parémonos a pensar por un momento e intentemos comprendernos mutuamente, sin crispación y sin olvidar que los mismos que crean el debate son los que nos están hundiendo en esta crisis.

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