Demasiadas expectativas y una serie de catastróficas desdichas, por Jorge Gómez García (@xurxogg)

Se escuchan estos días demasiadas críticas contra buena parte de nuestros deportistas olímpicos. Tirar la piedra y esconder la mano. Críticas sutiles, como con miedo de alzar la voz y enjuiciar abiertamente, de poner en duda la buena salud de nuestro deporte, críticas con la boca de pequeña, pero críticas al fin y al cabo.

Cuarta jornada de los Juegos, cuarto día sin medallas. Apenas media docena de diplomas olímpicos. Y lo peor es que, además, se han  esfumado opciones claras de metal. Los números cantan y la actuación de algunos integrantes de la delegación española ha dejado mucho que desear. En un podio ficticio de decepciones podrían estar, entre otros, la selección de fútbol –sin duda el fracaso más sonado y doloroso-, Fernando Verdasco o Mireia Belmonte.

Santi Freixa se rompió el cúbito en primer partido contra Pakistán
Sin embargo, no nos debe invadir el pesimismo. Es cierto que no empezamos tan mal en unos Juegos Olímpicos desde Seúl 88, dónde obtuvimos… únicamente 4 metales (1 oro). Pero no lo es menos que esta situación  en la que nos encontramos no es más que la suma de una serie de catastróficas desdichas. La primera, las lesiones. Ir a unos Juegos sin deportistas de la talla de Rafa Nadal, Samuel Sánchez, Óscar Freire, Ricky Rubio o Thiago Alcántara –que destacan entre tantos otros menos conocidos que se han quedado en España- restan opciones en sus respectivos deportes. Bien es cierto que todos los países tienen lesionados de importancia, pero el caso español es especialmente sangrante, sobre todo si le unimos las bajas, una vez iniciada la competición, de Santi Freixa y Pol Amat, estandartes de la selección de Hockey. Ya es mala pata.

La suerte nos fue esquiva en el caso de las lesiones, pero a la hora de competir, también hemos tenido mala fortuna en varias disciplinas en momentos puntuales que, combinados con desaciertos arbitrales,mnos han trasladado ante este panorama en el que las medallas también brillan, pero por su ausencia. Sugoi Uriarte quedó cuarto en Judo tras una decisión arbitral controvertida. Dos claros errores de los encargados de impartir justicia dejaron sin premio los buenos partidos tanto de la selección de Waterpolo, como de la pareja española de Voley-Playa. Por no hablar de los arbitrajes que ha sufrido la selección española de fútbol tanto en el primer partido, dónde Íñigo Martínez fue expulsado rigurosamente, como en el segundo, dónde la actuación del colegiado venezolano Juan Soto –junto con las constantes pérdidas de tiempo y triquiñuelas hondureñas- sacaron de quicio a los futbolistas españoles.

Rodrigo es trabado por detrás cuando se dispone a chutar
en una acción que el colegiado no consideró como penalty
La mala suerte no justifica las decepciones, pero en algunos casos ayuda a comprenderlas. Quien diga que la suerte no cuenta en el deporte, miente. Aunque también conviene recordar aquello de “la suerte hay que buscarla”.

En nuestro caso, a las malas actuaciones en algunos casos y a la mala fortuna en otros, se ha unido el endémico fanfarroneo español. Este es un país demasiado acostumbrado a grandes éxitos –únicamente- deportivos semana tras semana. “Expertos” en la materia no han dudado en calificar estos años como “La Edad de Oro del Deporte Español”. Es verdad que actualmente tenemos a los mejores deportistas en deportes tan mayoritarios como el fútbol, el fútbol sala, el tenis, el ciclismo, el baloncesto, la F-1 o las Motos. Pero hemos olvidado que los JJOO son mucho más que eso. Los Juegos son la competición deportiva por excelencia, en la que confluyen deportistas de todas las nacionalidades especialistas en casi cualquier deporte. Y ahí, es evidente que por población, cultura e infraestructuras, no vamos a arrasar.

En ocasiones, y seguramente para tratar de “olvidar” la dura situación del país, pecamos de optimismo deportivo. Hay que estar con los pies en la tierra. Somos los mejores en algunos de los deportes más seguidos, pero a la hora de afrontar unos Juegos, es imposible que podamos ganar en todo a lo que optamos a medalla.  En competiciones así, un error te manda para casa. Cuestión de probabilidades, matemática pura. Eso sí, tampoco vale caer en el pesimismo y la preocupación por no haber ganado todavía una medalla: faltan por disputarse el gran grueso de las pruebas individuales y las fases finales de los deportes colectivos. Seguramente no serán 19, 20 o 21 medallas como pronosticaban los más optimistas, pero tampoco nos iremos de vacío.

PD: Mi apuesta es que estaremos entre las 9 y las 11 medallas.


[Xurxo Gómez G.]

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