De su propia medicina, por Javier Astasio



Va a resultar más que interesante ver cómo este presidente pasmarote se enfrenta a un partido, el suyo, que se resquebraja ante la falta de perspectivas de repetir la ocupación del poder de que han disfrutado en los últimos años, pero especialmente desde hace tres. Lo de proclamar con orgullo que se militaba en el PP o que se le votaba nunca ha sido fácil, siempre ha sido algo vergonzante, pero, últimamente comienza a ser una carga demasiado pesada, diría incluso que insoportable. 
Mientras ha habido cuotas de poder que repartir, cargos, sueldos, canonjías y contratos que adjudicar resulta fácil invocar el prietas las filas y conseguir esa piña de voluntades que da la opulencia y esa ausencia de la más mínima crítica que ha permitido a personajes que, como Javier Arenas, han ido de fracaso en fracaso, cada vez más alto en el partido y cada vez con más poder. Y quien dice Javier Arenas, dice también, Carlos Floriano, María Dolores de Cospedal, ahora en desgracia, o, sobre todo, Pedro Arriola, ese ser inexplicable que, como la misa en latín, era más eficaz cuando se escudaba en el misterio.
Ahora que vienen, no sólo mal, sino muy mal dadas, en el PP, como allí donde no hay harina, todo es mohína, sobre todo porque, por primera vez en muchos años bastantes de sus cargos tienen ante sí la puerta de salida y ya se sabe que en la calle hace frío, mucho frío. Por eso no me explico y nunca me explicaré, salvo que Rajoy haya trabajado estos años para lo más negro de la economía neoliberal y especulativa, devaluando la vida y la dignidad de la mayoría de los españoles, para convertirnos en mano de obra dócil, por maniatada y amordazada, y barata. Y no me lo puedo ni me lo podré explicar porque se supone que su propósito es volver a ganar las elecciones y, para ganarlas, necesita el voto de cuantos más ciudadanos mejor y, la verdad, ningún gobierno ha conseguido en democracia tener una nómina de perjudicados y ofendidos como éste.
Rajoy ha dejado a los españoles, que es lo que en realidad es o debería ser España, indefensos y más que desasistidos, tanto que sólo la caridad y esa otra forma de caridad laica que es la solidaridad, que no son, ambas, otra cosa que sucedáneos de la justicia social, han conseguido que la población más perjudicada conserve un mínimo de dignidad. Por eso no entiendo qué ha pretendido o qué pretende hacer Rajoy. Tanto, que a veces he dudado que en el horizonte de Rajoy estuviese convocarlas.
Pero sí, las habrá y las más cercanas están convocadas para dentro de ocho semanas. Por eso las prisas, por eso ese reprise de última hora en gestos y promesas, por eso el carrusel de inauguraciones, de balances positivos exhibición de estadísticas favorables, la última la del paro registrado en marzo, con la que nos van a hartar en los próximos días.
Pero la cosa no va a funcionar, porque la gente ya se ha cansado de promesas incumplidas, de que digan que a quienes no pueden ni pagar impuestos que van a bajárselos, sobre todo teniendo como contrapartida todos los recortes en políticas sociales que son las que acortan los desequilibrios y restituyen el expolio de la riqueza, valor de la fuerza de trabajo incluida, a que nos someten este gobierno por encargo de sus patrones.
Con lo que no contaba Rajoy, probablemente aturdido por las letanías y consejos de Pedro Arriola, es con que el descontento de la sociedad, tradicionalmente abstencionista, encontrase en el impulso del 15-M el interés perdido por la urnas, ni que, también en la derecha, apareciese una nueva marca, la de Ciudadanos, capaz de dar refugio a los cada vez más numerosos decepcionados del PP. No contaba con ello y toda la estructura organizada durante tantos años se desmorona. Y no sólo eso, sino que se desmorona con muy pocas posibilidades de volver a ser lo que fue.
Por eso, al igual que los españoles hemos visto como nuestra vida se desmantelaba, los militantes y cargos del PP están probando de su propia medicina viendo como su bienestar, que lo ha sido a nuestra costa, y su futuro, que corre en sentido contrario al nuestro, tienen los días contados. Mañana, en la primera Junta Nacional convocada por el presidente del PP en dos años,  podrían volar los cuchillos… o no, porque ya se sabe que en el país de los ciegos, el tuerto es el rey y Rajoy ha sabido, al menos hasta ahora, rodearse de gente muda y sin ojos.


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