De sobres negros y cleptocracia, por Gabriel Merino

La principal característica de un pago en negro es que, además de no haber tributaciones por lo que se entrega y se recibe, no hay recibos ni pruebas. A menos que, además de vocación de ladrón, insolidario, evasor o defraudador como dador tengas también la tentación de chantajista –ese “porsiaca algun día vienen mal dadas…”- y pidas encima que te firmen un recibí a quienes agarran esos emolumentos frescos, sin descuentos, peajes ni impuestos. Si lo hicieron los receptores, frescos también –por decirles algo suave-, pero incautos. Más sabe el diablo…

El grado de descomposición al que hemos –habéis, si somos exactos, pero nos salpica a todos- llegado, Mariadolores, es tal que no se os puede reconocer ya catadura, talla ni valor moral para darnos lecciones ya no sólo impositivas o de gobierno económico, sino de ningún tipo. Ahora recuerdo que hace menos de un año decías que ibas a quitar los sueldos a los diputados de la región que presides y me entra la risa floja: ¡claro!. Así ya se puede. Poniendo el cazo de tapadillo y llevándoselo libre de polvo y paja. Casi mejor eso que tener que tributarlo, ¿verdad?. A ver quien me convence ahora de que lo decías de buena fe –aunque sigo opinando que un diputado, si trabaja, debe cobrar como cualquiera- conociendo que vuestro ex tesorero mantenía despacho, secretaria y chófer en Génova y sabiendo vosotros ya lo que sabíais.

Hoy, las encuestas dicen que mas de 9 de cada 10 españoles, voten a quien voten, piensan que la clase política está corrupta. Eso no deja en muy buen lugar a quienes habéis llevado la presión fiscal a grados desconocidos, nos pedís sucesivos apretones de cinturón y amnistíais fiscalmente a vuestros amigos, patrocinadores y sponsors ladrones –¡sí, es esa, no hay otra palabra más suave!-. “No me temblará la mano”-dice tu jefe, mientras durante el último año de gobierno con mayoría absoluta habéis favorecido la opacidad, la desregulación y el premio al evasor mientras atizábais mazazos constantes a los paganinis de siempre.

No dudo que hay ladrones en todas las formaciones pero, ahora más que nunca, me pregunto por las diferencias entre esos dos grandes partidos que han gobernado en España los últimos 30 años y en los que sin duda debe haber habido financiación ilegal, caja B y sobres casi seguro, aunque no sé si de forma sistemática. Uno tiene más de cien años de historia con exilios, prohibiciones, clandestinidad, afiliación y cuota de poder y gobierno -incluyendo sus indeseables filesas- mientras el otro –y hoy más que nunca- da la impresión de que se creó para dar continuidad a una cleptocracia –concesiones a amigos, contratas, mordidas- que venía del régimen anterior, a la vista de que ex diputados y ex secretarios generales de ese partido hacen ver hoy que el sistema del sobre funcionaba desde el mismo momento de su fundación.

La enrevesada construcción sintáctica de “no se podrá demostrar que no somos inocentes” o la casualidad de que hayan pasado 4 años –los necesarios para que prescriba el delito fiscal- para que se tirara de la manta que puso los 22 kilos ginebrinos y el culo del ex tesorero al aire parecen pistas, extrañas coincidencias o vocaciones oscurantistas incluso dentro de la propia estructura de un partido que vive –es indudable- una guerra interna de métodos, hasta de financiación. Hay voces que claman “caiga quien caiga” hacia el otro flanco, pero parece que nadie es partidario de destapar antes de que el delito haya prescrito. Ni en Castellón ni en Majadahonda ni en Génova.

En tiempo de crisis, si me tienen que freir a impuestos como currante –mientras me dure el curro- y sajarme 21 euros por cada 100 que consumo, desearía una transparencia finlandesa en mi política y en la fiscalidad de mi país. Y, por supuesto, en los partidos que lo gobiernan. Ya he comentado que en Finlandia cruzas un DNI o una matrícula de coche y te lo asocian meridiana y públicamente a una nómina, un IRPF y unas posesiones, sin herir la intimidad de nadie. Un finlandés que sabe que su vecino no tributa, evade o cobra en negro lo denuncia, pero es que además, administrativamente, canta y es cristalino, sin opacidades, evasiones, cuentas en Suiza, amnistías, descuentos o sobres. Y no les hace falta llevar la banderita de Finlandia en la correa de reloj o poner en el coche la pegatina de: “Soy finlandés, casi ná”. Eso sí que es hacer patria.

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