De la pecera al teatrillo, por Javier Astasio

 
Después de pasar cinco días en el paraíso, aislado del mundanal ruido, regreso al infierno madrileño de calor y tedio y compruebo que en esos cinco días apenas ha ocurrido nada o que, mejor dicho, nada de lo ocurrido parece haber tenido la suficiente importancia para que los muertos vivientes que nos gobiernan se decidan a regresar a sus tumbas o a resucitar de una vez.
Fue casi a la entrada de Madrid donde me enteré de que Rajoy había decidido, por fin, comparecer ante el Congreso para dar "su" versión, que e eso tiene toda la razón Elena Valenciano, su explicación a todas le graves revelaciones que, después de quemar sus naves, está haciendo, sobre las cuentas y sobre los mecanismos de financiación del PP, Luis Bárcenas, el mismo al que Rajoy otorgó su confianza y su amistad, el mismo con el que compartía cenas de matrimonios, que, para la "gente de orden" de este país, es el zenit de una relación, el momento tras el que, según el tópico y perdón por esgrimirlo, ellos comparten copa y puro y ellas, confidencias.
Lo malo de esta decisión de Rajoy no es que haya sido más o menos tarde o más o menos "a rastras", lo malo, y es algo que no ocurre sólo con Rajoy, es que la comparecencia se produce no porque el presidente del gobierno tenga obligación de rendir cuentas de lo que él mismo hace o alguien hace en su nombre, sino porque, lisa y llanamente, le conviene. Y en este punto no hay que olvidar que, a Rajoy, le han sobrado y le sobran oportunidades para dar esas explicaciones que sin duda debe a la sociedad y, efectivamente, las dará dentro de una o dos semanas en ese "teatrillo" en que han convertido el parlamento y lo hará con la seguridad de sentirse arropado por esa mayoría absoluta que, sin sospechar nada de lo que había, le otorgaron los ciudadanos.
Rajoy sabe lo que hace y eso es algo que, a él o a quien le asesore, no podemos reprocharle. Sabe que en el Congreso no habrá ninguna pregunta incómoda de un periodista rumano y sabe también de sobra que cualquier cosa que hagan o digan sus adversarios tendrá, como todo lo que compramos en el "súper", la trazabilidad que ayuda a preverla, explicarla y, de paso, a desactivarla.
Rajoy ha despreciado hasta ahora todos los encuentros, y son muchos, que ha tenido con la prensa, ha renunciada a someterse al control del pleno, ha huido de entrevistas y ruedas de prensa y todo lo más ha aparecido, despreciando el trabajo y la formación de los periodistas, intermediarios necesarios ante la opinión pública, como un pez aburrido y de colores, que se exhibe en la fría pecera de una pantalla de televisión.
He regresado después de cinco días de estar desconectado y feliz y me he encontrado con lo mismo que dejé, porque, por mucho que se traiga y se lleve la moción de censura que ya no será o por mucho que alguien espere explicaciones coherentes y sinceras del que hoy por hoy es presidente de todos los españoles, no va a pasar nada. El guión está ya escrito y todos, diputados, prensa y ciudadanos, nos iremos de vacaciones con la sensación de haber perdido tiempo y a la espera de que Bárcenas o quien sea lance una nueva andanada que vuelva a remover los cimientos del pesado sueño en el que nos tienen sumidos Rajoy y sus comparsas, a la espera de no sé qué milagro económico.
Rajoy saldrá de la pecera para representar su papel en el teatrillo del Congreso y quien espere de esa farsa la verdad o el escándalo puede ponerse cómodo, porque, para nuestra desgracia, tienen todo bajo control.
 
 
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