De Hungría a Chequia, o los cambios de país gafados, por Lola Hierro (@NabiaOrebia)


Mi despedida de Budapest ha sido desastrosa. Me he pegado una sudada épica para llegar a la estación de autobuses en la que tenía que tomar uno a Brno (República Checa). No encontraba la dársena porque esa estación ha sido diseñada y organizada por Satán: aunque es pequeña, todo allí es cáotico, y cuando llegué no entendía nada, no salía mi autobús en ningún letrero luminoso, pero tenía que ser allí. Después de mucho buscar he encontrado, escondida al fondo de la planta principal, la oficina de información, y la señora que me ha atendido me ha explicado con un mapa dibujado a papel y boli de dónde salía mi dichoso bus, que resulta que no para dentro de la estación, ni siquiera en la puerta o en alguna calle pegada al edificio, no: mi parada estaba en el arcén de la carretera principal que pasa por allí, a unos cien metros. La única indicación que me dio fue que el bus paraba enfrente de un pub. La tía era la más borde del mundo, solo superada por la dependienta de la única tienda de comestibles del edificio, que me dio fría la porción de pizza que pedí para comer.

El dichoso pub pellejero. La foto ya es desde el autobús

Encontré por fin mi autobús después de ir preguntando a todo con el que me cruzaba, no está para nada visible la parada, pero al final di con él. Efectivamente, para enfrente de un pub de carretera y hay un mini poste donde señala las paradas que hace esa línea. He hecho el ridículo total porque justo cuando la puerta del vehículo se abría y la gente se amontonaba para entrar, una avispa empezó a molestarme, y a mi no hay animal que me dé más miedo, así que me puse histérica delante de todos los viajeros y me salté alegremente la cola para entrar en el bus a trompicones, casi ni le enseñé mi billete al conductor.

Desde el bus. Paisajes que se ven mientras escribo

 

Súper puesta de sol. Desde el bus, de ahí la mala calidad

Ahora me enfrento a un viaje de cinco horas y media en el que no puedo comprar ni una triste botella de agua ya que solo se admite pagar en coronas checas o euros, y no tengo de eso, solo tengo florines húngaros. Error mío por no enterarme, supongo, aunque ya podían admitir florines dado que viajan a Budapest a diario. El servicio, de la empresa Student Agency, es bueno: viaje muy económico (14 euros) en autobús cómodo y limpio, mejor que los de Alsa, y te ponen pelis y series. Ahora mismo estoy viendo un capítulo de The Big Bang Theory… en checo. Esa es la putada, que no va nada en inglés. Y encima vamos con media hora de retraso. Por lo demás todo perfecto, y la puesta de sol que estoy viendo mientras atravieso la campiña húngaro-checa (porque ya no sé a qué altura estoy) hace que se me pasen todos los malos humores.

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