Culpables, por @JosefinaLpez

Pues ya estamos liados otra vez, irremediablemente abocados a otras elecciones. Y nuevamente los ciudadanos tienen el encargo, por no decir el marrón, de resolver el embrollo. Lo hagamos como lo hagamos siempre nos toca la china, que hay crisis, nos recortan sueldos y abaratan los despidos, o tenemos que pagar por servicios sanitarios o educativos que antes eran gratuitos, que el resultado electoral ha salido raro o distinto, pues venga, repetimos hasta que votemos ordenadamente y los políticos puedan gobernarnos sin tener que sacar la calculadora ni tener que negociar nada. 
Así que aquí estamos los ciudadanos intentando arreglar el descosido, y encima nos miran como si fuéramos los culpables de esta situación. Pues por ahí no paso, porque a día de hoy no soy una evasora fiscal, ni tengo dinero en paraísos fiscales, no he metido la mano en ninguna caja que me estuviera prohibida legal o éticamente, he cumplido con todos mis compromisos y responsabilidades y no hago promesas que no pueda ejecutar. 
Por tanto y, pese a mis enormes defectos e insalvables manías, no soy culpable de casi nada, menos aún de ir a votar a quien me dé la gana. Así que no admitiré a ninguno de estos que no ha sabido ceder, ni negociar, ni mirar hacia la gente sino hacia sus partidos, que digan que esos complicados resultados electorales del 20D son los que hemos querido los ciudadanos. Así dicho es una evidencia que ni hace falta citar, pero si trae la connotación de culpabilidad, de que somos los votantes los causantes de que no haya gobierno, no se lo consiento. Porque si ante el primer escollo no saben qué hacer, apaga y vámonos. 
Esta inutilidad nos deja huérfanos. Y no somos culpables de nada, y menos de votar, porque individualmente pensamos en el partido o líder que nos puede garantizar cierto porvenir o, en el peor de los casos, no nos vaya a martirizar más.
Estos no han dado la talla, y sean de la vieja guardia o de las nuevas hordas han demostrado no saber moverse en el terreno del pluripartidismo. Todos siguen viciados y contaminados de bipartidismo.
Quizá todo este paripé de semanas no es otra cosa que escenificar de cara a la sociedad lo que el propio Rajoy ha mostrado desde el minuto cero y sin disimulo porque se ve que tampoco inspiramos respeto, ningún interés por alcanzar acuerdos con nadie.
Por tanto, conste que a los ciudadanos no nos ha gustado nada el desenlace de estos meses, incluso nos escandalizamos del gasto de una nueva convocatoria y de que los diputados no tengan que devolver el material entregado, que no es precisamente de la marca blanca de Media Markt.
Está bien que no nos conformemos y que protestemos, porque es esto de lo único que somos culpables los ciudadanos, de que nuestra rebelión por determinadas causas sea incapaz de cambiar muchos vicios. Sin embargo, en este punto la culpabilidad también tiene grado, y yo me siento menos responsable porque jamás voto a quienes les persigue una agria fama o simple sospecha de corrupto. Que cada uno asuma las consecuencias de sus decisiones y actos, pero hay que ser muy consciente de la papeleta que se escoge porque votar es también castigar o premiar a un partido, y no puede ganar quien no haya hecho méritos. 
De momento, estos últimos meses los candidatos de los partidos no han logrado ni el aprobado raspado, sin embargo, los ciudadanos que sí hemos hecho los deberes tendremos que soportar la tabarra de una nueva campaña electoral, a la que llegamos empachados como nunca.

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