Cuidado con el IPC, por Ernesto Carratalá

Para que la tormenta tuviese “efectos devastadores” sólo faltaría que, con una depresión como la que estamos viviendo, -olvídense de la palabra recesión porque las cosas han ido más lejos-, se produjese la “estanflación” que no es otra cosa que el repunte de precios en una situación de estancamiento económico. O sea, el peor escenario posible.

De momento, con los indicadores en la mano y, lo más importante, los derivados de la llamada inflación subyacente que suele medir los precios más estructurales, no hay motivo para alarmarse. Estamos dentro de los límites establecidos del tratado de Maastricht que vigila el BCE, la institución que no sirve para otra cosa, -ya hace falta, ya, que se le amplíen competencias para que se convierta en una auténtica autoridad monetaria-.

Ahora bien, los expertos saben que si la UE adopta medidas tendentes a incentivar el crecimiento económico, en los países en los que la crisis se ha agudizado más se puede producir un efecto, a medio plazo más negativo aún. La salida de los datos negativos podría provocar un crecimiento de la demanda desmesurado que provocaría un repunte inflacionario y el BCE, que en la nefasta época de Jean-Claude Trichet cometió el grave error de subir tipos de interés cuando se atisbaba el abismo, volvería a las andadas. A fin de cuentas su misión es que la inflación no se desboque.

O sea que podríamos asistir al espeluznante espectáculo de apagar el juego con gasolina. Una subida de tipos en la eurozona provocaría la vuelta a la recesión. Y uno, cuando percibe la situación a medio plazo, se da cuenta de que el remedio es peor que la enfermedad. En eso los alemanes puede ser que tengan razón cuando muestran sus reticencias a la adopción de medidas incentivadoras del crecimiento.

Y en ese sentido, España sí que está a tiempo de no caer en el error de siempre: dejar las cosas para el último momento.

La estructura de precios de este país también requiere una profunda reforma, como se ha hecho en el mercado de trabajo, como se pretende hacer en el mercado financiero, etc. En otras palabras, que las cosas no se resuelven dando a empresarios y banqueros lo que piden. El aparato productivo tiene muchos más engranajes que hay que ajustar.
¿Estamos señor Rajoy?

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