Cuantos más, mejor, por Javier Astasio



La gran virtud de Podemos, pero también la miseria su talón de Aquiles es su indefinición en muchos asuntos. Tanta es esa indefinición que, sin rostros y sin siglas, el discurso de la otra gran formación emergente, Ciudadanos, salvo en algunos asuntos, podría ser intercambiable. Eso es algo que el partido de Pablo Iglesias y sus compañeros debería solucionar en las próximas semanas, porque el tic-tac del reloj también suena para ellos y lo que no pueden pretender es ser como uno de esos productos que todo lo remedian y que, una vez comprado, queda arrinconado en un armario.
No sé si le pasará a otros, pero a mí me ocurre que me producen una enorme frustración todas esas trabas que pone la formación a cualquier intento de aproximación de otros partidos y coaliciones a sus siglas. Me frustra y me inquieta, porque España vive una oportunidad histórica de cambiar todo lo que hasta ahora ha dado origen a sus males, una oportunidad de cambio en la que la "sopa de siglas" no va representar los deseos de una gran parte de la ciudadanía, en tanto de una candidatura de unidad tendría muy fácil, al menos aquí en Madrid, desalojar del poder a los que hasta ahora han abusado de él o, al menos, forzar la rectificación del que hasta ahora se ha nutrido del voto útil dela izquierda.
Lo que Podemos debería tener claro es que su indefinición tiene fecha de caducidad, porque de aquí a unas semanas, prácticamente en menos de un mes, habrá de retratarse en Andalucía, donde, si todo va como parece en las encuestas, tendrá en sus manos la llave para facilitar o dificultar la gobernabilidad de Andalucía y no sólo eso, porque también podrá influir en la orientación del gobierno resultante.
Antes de que en mayo concurran en ayuntamientos y comunidades autónomas, con sus siglas o sin ellas, en coalición o en solitario, tendremos ya un retrato de Podemos en el mundo real del poder y la responsabilidad, un retrato con el que, quiéranlo o no, se presentarán ante los ciudadanos. Y lo van a tener muy difícil, porque lo único seguro es que la prensa, que casi toda está en manos de la banca y de las grandes empresas va a emplearse a fondo contra ellos. Tanto, que las campañas de acoso vistas hasta ahora van a quedarse como simples caricias.
Es comprensible que Podemos dificulte cualquier intento de acercamiento de otros a sus filas, es más que lógico que se defiendan de una posible vampirización de todo el esfuerzo que en poco menos de un año han hecho los dirigentes y militantes de la formación, pero no menos lógico es sumar a los suyos otros esfuerzos, los de quienes llevan tanto tiempo o más que ellos acercándose a la gente y sus problemas sin que, como diría la ex ministra Leyre Pajín, se diese la conjunción planetaria que en su caso se dio, les encontró en el lugar y el momento apropiado.
Yo, que deseo como el que más un cambio en el sistema que nos ha traído hasta aquí estaría más que encantado de votar a Podemos, pero más lo estaría si Podemos concurriese a las elecciones coaligado con toda esa gente de principios que lleva años peleando con el silencio al que se les condena en los medios de comunicación, con esa gente que ya estaba ahí, en los barrios y en los problemas cuando ellos llegaron y que pueden aportar mucho, ideas y cuadros, al ejercicio del poder que, más tarde o más temprano le será devuelto a la gente.
No sé si votaré a Podemos. Lo que sé es que votaré a la mayor coalición de la izquierda posible. Y es que cuantos más seamos, mejor, porque ya va siendo hora de que este país que siempre ha sido de izquierdas y solidario, despierte del sueño egoísta en el que unos y otros le metieron.


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