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Cuando España le niega la tarjeta de residencia a tu pareja (turca), por @josmurgui

 
sensación de enfado e impotencia en verano

Esta foto y sus puntos suspensivos representa muy bien la sensación que hemos tenido a lo largo del verano/ Arrasate-Mondragón. J.M

No me gusta hablar abiertamente de mi relación de pareja, por eso de que al ser chica, si ya es complicado que te tomen en serio por el hecho de ser chica y no chico, si se habla de la pareja se entiende que perjudica. Pero he decidido expresar mi enfado, que ya es bastante relativo y el mal sabor de boca que determinados funcionarios del Estado me han dejado en el proceso de legalización de mi relación con mi novio que tiene nacionalidad turca.

Escribo este post también para mostrar la experiencia a las parejas internacionales, en especial, si uno de los miembros de la pareja no es comunitaria, es decir, no tiene una nacionalidad correspondiente a un estado miembro de la Unión Europea, la sin razón -términos de humanidad- de un buen cúmulo de documentos que hay que tramitar, la gran paciencia que hay que tener y el enfado que provoca la impunidad de determinados funcionarios del estado español que al no hacer bien su trabajo perjudican, de forma gratuita, a ciudadanos del país.

He estado todo el verano cabreada-cabreada y con un gran sentimiento de impotencia. Voy a explicar los hechos un poco por encima para que se entienda la situación y ver si puedo ayudar a alguien.

Iniciar una relación internacional es precioso

Una siente, si es mi caso con el viaje, muchas cosas nuevas que te sacan de la rutina, más si se trata de la rutina de la Unión Europea, que es aburrida, aunque hay grados y grados de aburrimiento según personalidad, estilo de vida y miras de vida.

Cuando se inicia una relación internacional, se siente la emoción de verlo, la tristeza de no tenerlo a tu lado, más en la primera fase de enamoramiento típico de una pareja, y la vida que da verlo, estar con él, en su país y conocer los choques culturales, y viajar allí solo para verlo, y ver el país en cuestión, cosas nuevas, reírse, hablar, contar, besarse…

Después con el tiempo empieza cierta crispación por no tener a tu pareja cerca, más en una edad en la que la vida comienza a girar alrededor de tener pareja, sin saber muy bien por qué funciona así, si es fundamental continuar con tu círculo de amistades, y cierta crispación en gastarte un dinero en vuelos, y el estrés de saber que vas a estar un determinado cupo de días con esa persona, lo que el viaje te haya permitido, en una cuenta hacia atrás de días que faltan para despedirse, con mucha tristeza, en el aeropuerto.

la alegría del amor con tu novio turco

La alegría del amor :) /No recuerdo el lugar. J.M

Llega un día en el que hay que decidir dónde establecerse

Esto tiene un límite. Llega un momento en el que hay que decidir qué hacer, quién va a ceder y dónde te vas a establecer. Porque la distancia genera también una especie de novio turco “fantasma”. Ya no quieres verlo en skype, en el whatsapp… aquí también las discusiones que se generan porque cada uno tiene un ritmo de vida y claro hay que ajustar ese ritmo para sobrellevar la distancia.

Y nosotros, mi pareja y yo, decidimos probar, creo que en la locura de dos jóvenes artistas que solo sentían, en Estambul. Fue horroroso. De hecho, ahora nos reímos, pero fue una experiencia de esas horrorosas. Me volví a España porque no me veía ni en Estambul ni en Turquía. Para mí, habrá otras personas que lo sientan de una manera diferente, pero en comparación con España, y en España empezamos a estar en la época de la Edad Media, que en el contexto de la crisis económica hemos retrocedido en protección de derechos humanos un siglo, para mí mudarme a Turquía supone desacelerar la historia de mi vida y volver, sin que hubiera nacido, a la época de mi abuela en España.

No digo que Turquía tenga solo cosas malas, porque hay cosas muy positivas, entre ellas, la hospitalidad de la gente, pero Turquía vive ahora en la penumbra, y yo fui obligada a vivir en la penumbra de la violencia de ETA y la violencia social del País Vasco durante demasiado tiempo como para repetir ambiente.

Así que visto mi rechazo no hubo más opción que él se mudara a España, en una decisión personal libre por supuesto, porque empezar desde cero en otro lugar al que no estás acostumbrado, sin haber realizado previamente un erasmus o una estancia que te de cierto bagaje de cómo desenvolverte en otro país, es muy duro, incluso con ese “bagaje” es duro.

Mudarse a otro país remite a la documentación para vivir en él

En Turquía hay que armarse de paciencia para solicitar un simple visado de turista. Es mucho más complicado que si se hiciera de España a Turquía que consiste en un trámite muy simple en Internet. Es algo muy engorroso que supone además dinero. Es solicitar tres meses y dan, por suerte -parece que los ciudadanos del estado respectivo debemos de estar súper contentos cuando el estado hace lo que debe de hacer- un mes.

En ese mes nos hicimos pareja de hecho- la pareja de hecho es una fórmula propia de España para la protección de la pareja sin llegar a contraer matrimonio-. Me he negado a casarme porque unos documentos me lo exijan. Si quiero casarme será por propia voluntad y sentimiento, no porque un Estado, que además es el estado en el que he nacido, me obligue a ello simplemente para convivir con mi pareja.

Para hacerte pareja de hecho tienes que solicitar cita, al menos, en San Sebastián (Guipúzcoa) con mucha antelación. Después se hace en un momento, y después hay que esperar mucho tiempo. Y claro, en ese tiempo, el visado se expira porque la embajada española en Turquía no ha querido dar el tiempo solicitado. Y se plantea el problema en la Oficina de Extranjería a lo que te contestan: “haz una prórroga del visado”. Muy bien, aprovechando recursos. Si ya pagamos a un embajador español en Estambul que no concede lo que se solicita, tenemos que pagar a otro funcionario para que revise la concesión.

Y tras pareja de hecho llega la hora de solicitar la tarjeta de residencia, en este caso, la tarjeta de residencia por familiar comunitario. Y cuando te vuelves loca con este documento, con el otro documento, con el visado ya expirado, – mientras una trabaja- el plazo para presentar lo otro… solicitas la tarjeta de residencia.

globalización versus límites nacionales

Llama mucho la atención el impacto de la globalización en la creación de parejas internacionales y los límites de los estados nacionals / Francia. J.M

Y la respuesta a la tarjeta de residencia dice: NO. Y ahí ya me cabreo. Agarré el móvil y llamé primero a una abogada experta en inmigración en Guipúzcoa, que la conocía por el Colegio de Abogados, y después a la Oficina de Extranjería para decirles cómo tenían el morro de denegarle – entre sollozos- la tarjeta de residencia a mi pareja alegando que no vivimos donde vivimos y que él no tenía una relación conmigo.

Eso sí que es tener una relación nacional de fantasmas. Así que tuvimos que contratar a una abogada, nosotros que somos jóvenes y sobrevivimos con mucha dignidad cada mes, para que tramitara el recurso de la respuesta.

El “no” de la subdelegación española en San Sebastián consistió en un informe que había redactado la Comisaría General de San Sebastián diciendo que dos policías habían venido a nuestra casa de forma reiterada sin encontrar a nadie y que habían llamado a mi móvil en varias ocasiones.

Es mentira.

Recibí una única llamada que devolví. En la Comisaría General me dijeron que se habrían equivocado, que por ese tipo de cosas la policía no llama y despúes tuve que llamar a la Oficina de Extranjería donde me dijeron que estuviera tranquila que por parejas de hecho no llaman.

Es mentira.

Me molesta que esas mentiras sean impunes. No les ocurre absolutamente nada por no hacer bien su trabajo. No se molestaron en comprobar si teníamos una relación que dura ya más de cuatro años, ni si vivimos donde vivimos. Y vaya, pienso yo, para eso tenemos a la policía española, para incumplir la ley: no se puede perseguir a las parejas comunitarias, y yo soy comunitaria, por lo tanto mi relación también. Y el dinero que nos hemos gastado… queda también ahí, y debemos de estar súper agradecidos porque las autoridades del país nos han concedido al fin los benditos documentos por unas fronteras que ellos se disputan.

Es indignante que no hayamos podido disfrutar del todo durante el verano. Es indignante que la preocupación que hemos tenido, el miedo de que te obliguen a separarte, es indignante que esos personajes trabajen y vivan del dinero público. Es indignante ir de vacaciones, ponernos enfermos, ir al hospital y que le quieran cobrar porque no tiene la documentación que le han denegado por causas que deberían de ser objeto de inhabilitación.

Ese momento en el hospital, el de la secretaría diciéndome que teníamos que pagar, mi pareja con cara de enfermo… me llenó de rabia y de enfado. Pensé la puta mierda de sistema que hemos creado, la impunidad de los de arriba, y quise matar. Si es una persona, y está enferma, y necesita ser atendida.

Y el dinero… bendito dinero, hasta dónde hemos llegado con el bendito dinero.

Me pregunto, cuando estoy en la Oficina de Extranjería, con la abogada o en la Comisaría General de Policía, y veo a personas de partes muy diferentes del mundo, cuál es su historia, cómo han llegado y han vivido en Euskadi sin contar con el apoyo de un nacional.

Mudarse a un país exige mucha paciencia, el proceso de integración del que llega salpica lógicamente al de al lado, es un proceso bilateral, hay cosas muy bonitas, pero se pasan también malos momentos. Y me temo que muchas de esas personas han pasado infiernos, y nosotros, sus vecinos, no nos hemos dado cuenta.

No se puede ejercer un cargo desde el que tomar una decisión que afecta de una manera tan grave a un ciudadano.

Porque sin la bendita tarjeta de residencia no se tiene acceso al hospital, a excepción de urgencias, y menos mal que estamos en Euskadi y no cobran, el dinero jamás debería de estar por encima de la atención sanitaria de una persona, ni se puede conducir, ni se puede trabajar de una manera regular, ni se puede retornar por vacaciones al país de origen, cuando tanto se echa de menos, ver a la familia, hablar el idioma, sentir esa atmósfera en la que te has criado.

Y así vivimos, inmersos en tarjetas de residencia, nacionalidad, fronteras, estados… arriba los de arriba, abajo los de abajo.

Al final, cuenta la voluntad y la fuerza de la pareja para sobrellevar acontecimientos. Creo que es lo que nos ha salvado y finalmente le han concedido la tarjeta de residencia, si no hubiesemos llegado hasta Europa sin las mentiras hubiesen proseguido.


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