Cuando es noticia la noticia, por Javier Astasio

No. No me gusta nada. Más allá de mi opinión, que la tengo yla he expresado, y el bochorno que supone que alguien vestido, comido ymantenido con cargo a los Presupuestos Generales del Estado, haya podidosaltarse todas las normas que imponen la ley y la decencia, más allá de todoeso, la actitud de la prensa ante el caso Urdangarin, convirtiéndolo, aunque nosiempre, en un episodio de cualquiera de esos programas que dan de comer a losfamosos mientras anestesian el sentido común de quienes los ven, parece que esaactitud busca más el espectáculo y los picos de audiencia que el imprescindibleservicio al ciudadano.
Quién no tiene a estas alturas la sensación de haber vistoal duque de Lugo escondido en un coche blindado, bajo una lluvia de huevos y tomates,usurpando la igualdad que a todos los ciudadanos se nos debe reconocer ante laley y abusando de la influencia de su suegro para entrar a los juzgados dePalma como un privilegiado cargado de fueros.
He de decir que, de haber sido cierta la "corrida"a tomatazos del duque, no hubiese sentido por él más pena de la que siento cadavez que a cualquier otro ciudadano, inocente o culpable, se les somete a lapena no recogida en nuestras leyes del escarnio público.
Hasta ahí, mi lastima -si es que así puede llamarse- por elduque. Desgraciadamente y a expensas de lo que decidan los tribunales, laactitud de la Casa Real y el propio Don Juan Carlos parecen dejarnos pocoespacio para las dudas sobre lo irregular y muy probablemente ilegal de suconducta. Otra cosa es todo lo que se ha venido diciendo y escribiendo sobretodos los privilegios de que iba a gozar en cada momento procesal. Hoy, porpropia iniciativa o por consejo de su mujer, he echado por tierra todas esaselucubraciones, con lo que "robar" una foto de un Iñaki Urdangarínhuyendo acojonado de las iras del populacho ha dejado de ser el objetivo.
Creo que el hecho de que el dilema con que durante días noshan aturdido, del de la forma en que iba a entrar el duque a los juzgados esuna buena noticia. Una buena noticia que echa por tierra esa mala costumbre deconvertir la noticia y a quienes la persiguen en noticia. Es una buena noticiaen un día en que el periodismo español y la pluralidad están de luto por ladesaparición de otra cabecera, Público, de los cada vez más escasos kioscos deprensa de este país abotargado y perplejo.
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