Cuándo aprenderemos, por Javier Astasio



Seguimos dando el espectáculo. Parece que una y otra vez, catástrofe tras catástrofe, tragedia tras tragedia, seguimos empeñados en "tomar la antena" a la primera de cambio, convirtiendo el dolor de las víctimas y sus familiares en un penoso espectáculo de sesión continua que los políticos, unos por  propia iniciativa y otros arrastrados por el "qué dirán si no" se suman a la interminable cadena de condolencias, todas iguales, todas protocolarias, todas vacías y todas con la afectación requerida para el caso, para "cumplir" con los electores y, de paso, llenar la escaleta de telediarios y programas de radio y, sobre todo, mantener la tensión de la antena en esas largas horas, a veces días, en las que la información, la verdadera información, la que explica el cómo y el por qué suceden las cosas, no acaba de llegar.
Pero esa es sólo una parte, a mi modo de ver lamentable, de la enfermiza manera en que se tratan en los medios, nuestros medos, asuntos como el de la tragedia aérea de los Alpes. Y, si me atrevo a decir lo que digo es porque, lamentablemente, supongo que por decisión de quienes los dirigen, los medios, la mayoría de los medios olvidan su obligación moral de hacerse transparentes ante los hechos y se colocan en medio del escenario, adquiriendo un protagonismo odioso por innecesario, convirtiendo el propio despliegue, se supone que necesario, en protagonista de la noticia: ofrendas florales, minutos de silencio, misas o despegues de helicópteros.
Lo estamos viviendo estos días, por ejemplo en el telediario de las nueve de la 1, que vi el lunes y en el que una infografía con el rostro de todos y cada uno de los corresponsales y enviados especiales en cada uno de los "escenarios de la tragedia" se convirtió en uno de los titulares del informativo, del mismo modo que el despliegue se convierte en algunas radios en motivo de autobombo, recogido en "cuñas" que recogen la secuencia de los momentos informativos de la misma, cuando aún no han sido rescatadas las víctimas.
El caso es aplicar protocolos, poner en marcha la factoría informativa, repitiendo "una vez más" la secuencia de entrevistas a los especialistas, pilotos, psicólogos, etcétera. Para explicarnos otra vez en qué consiste el duelo o para elucubrar sobre las causas de un accidente que, sin supervivientes, no podrá explicarse hasta que pueda estudiarse el contenido de las cajas negras que registran parámetros y conversaciones de los últimos minutos del vuelo y que, por cierto, empiezan a filtrarse y a dar sus frutos.
Pero todo esto sería incluso inocente y bienintencionado si lo comparamos con la presencia de todos esos paparazzi que persiguen a los familiares por los pasillos del aeropuerto, obligándoles a ponerse a cubierto de quienes sólo quieren lágrimas y dolor para traficar con ellas para que quienes las consigan adornen con ellas sus telediarios. 
No sé cómo se hacen estas cosas en otros países, pero me permito creer que no será peor, porque, si no, vivir sería una verdadera mierda. Yo no sé si se dan cuenta de que todos estos despliegues de redactores, micrófono en mano ante el escenario apropiado, que, uno detrás de otro, repiten la misma salmodia en sus crónicas, a todas horas y en todos los programas, producen el efecto contrario al que debería perseguir la verdadera información, pero lo único cierto es que es eso lo que está ocurriendo.
Hoy, después del tedio, doloroso, pero tedio, llega  a nuestras pantallas y a nuestros aparatos de radio el suspense que ha traído la revelación publicada por el New York Times en las últimas horas, según la cual uno de los pilotos que momentos antes del accidente había salido de la cabina y pese a que lo intentó, incluso golpeando la puerta, no pudo volver a entrar en ella.
Ahora, setenta y dos horas después del accidente, ese dato que habrá de ser confirmado y explicado, transformará el relato de los hechos, pero me temo que no para bien, porque lo convertirá en una novela de suspense y dará pie a todo tipo de especulaciones morbosas. Y yo, que he dedicado mi vida a trabajar en y para la información, seguiré preguntándome mientras tanto ¿cuándo aprenderemos?


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