Crueldad gratuita, por Javier Astasio

 

Podría pensarse que los hados se pusieron de acuerdo ayer para que aflorasen, una detrás de otra, una serie de noticias que hablaban todas de lo mismo, de la crueldad innecesaria y gratuita, adjetivo que, en su segunda acepción en el diccionario de la RAE, equivale a arbitraria e innecesaria. Ayer, la larga huella de las tijeras del Gobierno y la visión exclusivamente mercantilista y contable, según a quién afecten los recortes, de los gestores interpuestos, dejaron al descubierto toda una serie de acciones u omisiones del gobierno que debería ser de todos y para todos, más propia del naturalismo de Émile Zola que de un país de la Unión Europea en pleno siglo XXI.

No encuentro palabra más adecuada que crueldad, para definir lo que, si no, simplemente habría que calificar de estúpida irresponsabilidad. Porque cómo puede describirse el desprecio miserable de los responsables de la consejería de Salud del gobierno balear que negaron asistencia médica apropiada a un enfermo de tuberculosis -que además era inmigrante sin papeles, pero esto para quien se ocupa de la salud ciudadana debería ser accesorio- que, finalmente, no sólo ha fallecido, sino que, además, ha contagiado la enfermedad a quienes compartían su entorno. La decisión implacable de la consejería no sólo es miserable, sino que, a la larga, va a costarles a los ciudadanos mucho más que la atención que, como enfermo, merecía quien padecía la enfermedad y portaba una temible bacteria que no pide los papeles a sus víctimas ni distingue de razas, a la hora de minar sus pulmones y que, con el tiempo, se ha hecho resistente a los tratamientos convencionales que no hace tanto la detenían. Ante esto, sólo se me ocurre decir que los ciudadanos de las islas tienen un serio problema. Mejor dicho, dos, el del foco de tuberculosis detectado y el del otro foco de imprudencia que se ha detectado entre quienes deberían velar por su salud.

De regreso a la península, frente a las islas, está Valencia, modelo de tantas cosas en otros tiempos, los de Aznar, que ahora hace agua por todas partes y que también ha sido ridícula y cruelmente implacable al retirar a un paciente la prótesis con la que debería curar su lesión de rodilla porque su familia que, como tantas, atraviesa dificultades económicas no disponía de los ciento y pico euros que pedía por ella la ortopedia suministradora y que, entre comportarse como una ONG y repetir la genial escena de "El cochecito", optó por dejarse llevar por Azcona y por Ferreri. Ridículo carpetovetónico que estoy seguro de que a estas horas habrá dado ya la vuelta al mundo.

Cruel y miserable es también la decisión del ministro de Hacienda, el inefable Montoro, que, pesa a poder someterlas a un IVA reducido del 6%, tal y como autoriza y recomienda Bruselas, ha decidido aplicar el tipo más alto, 21%, a los servicios de comedor escolar. El histrión que tenemos por ministro ha retratado de un plumazo el afán exclusivamente recaudador y el estilo claramente chapuza con que toma sus decisiones.

Pero eso no es todo. En un episodio, denunciado por sindicatos médicos y propio de tiempos en los que quienes ostentaban el poder gustaban de advertirlo con gafas de sol, finos bigotes y barrigas prisioneras de guerreras blancas y ocurrido en el hospital de Hellín, el gerente del centro trasladó todo un equipo de neurocirugía, supongo que con el instrumental apropiado para el caso, a "su" hospital, para operar en él a su madre fuera del horario establecido para el resto de ciudadanos, utilizando para ello uno de los quirófanos del centro, a sabiendas de que el hospital de referencia de su madre, del que vinieron cirujanos y enfermeras, es el de Albacete. Espero que la madre del gerente de Hellín haya podido celebrar su día con la satisfacción y la tranquilidad que da saberse querida por su hijo, pero, si las cosas son como debieran, debería ser cesado por tamaña cacicada.

No sé si, dentro de unos años, estás cosas arrancarán de los que sobrevivamos o de nuestros hijos la misma sonrisa amarga que nos arranca el cine de Berlanga o de Ferreri. Sería bueno extraer tan inteligentes lecciones de una época, esta que vivimos, tan llena de crueldad innecesaria. 

 

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