Crónicas de periolistas, cap. IV: El fin, por Lola Hierro (@NabiaOrebia)

Vuelta a la mala vida, al trabajo y a los madrugones. Cinco horas de sueño, Bruselas nevado, un frío del carajo y Wonen & Bouwen encaminándose al edificio Berlaymont de la Comisión Europea para asistir con el resto de nuestros compañeros de la Escuela a un desayuno con Joaquín Almunia, vicepresidente de la Comisión y comisario de competencia. De este encuentro tan solo diré que el señor Almunia es muy amable pero me reafirmo en que no me gusta tratar con políticos, que les veo muy lejos de los problemas reales de la gente. Y más cuando vives en un despacho enorme a once pisos de altura y a chorrocientos mil kilómetros de tu país, el mismo país que está jodido hasta atrás.

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Estación de metro de Simonies, Bruselas. 08:00 am

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Mr. Almunia pontificando

Después de este trámite, nos hemos ido Wonen y yo a Kraainem, una de las seis zonas cercanas a Bruselas con “facilidades lingüísticas” concedidas. Esto quiere decir que, aunque es una ciudad en territorio flamenco, la Administración está obligada a ofrecer todo en dos idiomas (francés y neerlandés) para ayudar a la población francófona a integrarse. Esto se hizo en los años 60 con ese fin, pero lo que ha ocurrido pasado el tiempo es que esos francófonos, en vez de aprender flamenco, se han multiplicado y ahora son mayoría. De hecho, en Kraainem el burgomaestre pertenece a un partido que representa a la comunidad francófona en tierras flamencas y busca proteger sus intereses.

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Nieve, viento y mucho frío en Bruselas

Hemos llegado allí con mucho frío y mucha nieve a un lugar un poco dejado de la mano de dios: ni siquiera hay un autobús que pase por la estación y te lleve al Ayuntamiento, que era donde habíamos quedado con nuestro primer entrevistado: el burgomaestre. Al final, una anciana nos ha ofrecido compartir un taxi con ella, y nos ha dejado en nuestro destino, que no era tal, porque allí nos han informado de que el señor burgomaestre estaba enfermo en casa. Hemos estado a punto de perder la entrevista, pero nos hemos puesto tan plastas que al final el susodicho ha accedido a que le entrevistásemos en su hogar. Esto nos ha supuesto otro viajecito en coche en el que nos hemos dado cuenta de que Kraainem es un pueblo muy pijo donde debe vivir gente de mucha pasta: la casa más cutre es un chalet adosado, y la menos una mansión a lo Falcon Crest. lo hemos entendido todo cuando nos han contado que en este lugar viven muchos funcionarios de la OTAN. De mayor quiero ser eso.

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Esta es una de las casas más humildes de Kraainem.

Al final hemos podido entrevistar al señor Arnold d’Oreye, el burgomaestre.  Es un señor muy mayor que nos ha atendido muy amablemente. Me ha dado un poco de penuca porque pese a ir vestido con el traje, la corbata, los zapatos… todo impecable, llevaba los cuatro pelos blancos y ralos que le quedan totalmente despeinados. Se ve que el hombre estaba en la cama y se ha levantado y vestido solamente para atendernos. Es muy mayor, tiene 74 años pero aparenta más. Es alto, enjuto… me recuerda un poco al señor Burns, pero sin cara de mala gente.

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El burgomaestre de Kraainem intentando mantener el tipo

Terminada una charla que ha durado más de una hora, nos hemos cogido un taxi para volver al pueblo otra vez y encontrarnos con nuestros siguientes entrevistados, los miembros del partido Kraainem Unie. Como resulta que nos quedaba un poco de tiempo libre, hemos visitado algunos comercios de la zona: una carnicería, una peluquería, un Carrefour pijo, la iglesia.. todo lo que hemos visto y oído nos ha servido muy bien para dar color a nuestro reportaje.

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La iglesia de Kraainem, con su portal de belén de madera y todo

 

Y tras toda esta excursión, nos hemos calzado un buen chocolate caliente mientras abrasábamos a preguntas a los chicos -y chica- de Kraainem Unie. Amables y colaboradores hasta dar asco, como todos los belgas. Si es que hacen que te sientas mala gente y todo…

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Abueletes cafeteando. O chocolateando, que es lo que se lleva por estas tierras

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La gente de Kraainem Unie hablando de lo suyo

Nuestro último contacto con Kraainem has sido su mercadillo navideño. Nos hemos metido con ganas de pasar un rato relajado después de tanto hablar de políticas y esas cosas, y lo hemos pasado muy bien: había puestecillos de todo, de comida ultra suculenta, de artesanía, de ropa, de abalorios, de lámparas de papel, de adornos de navidad… de todo.

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Manjares navideños en el mercadillo de Kraainem

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Conservas y otras maravillas en el mercadillo de Kraainem

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Lámparas de papel. Una pasada muy cara

Nos hemos topado con el personaje bizarro del día: un señor con boina y una ristra de ajos colgada del cuello que me ha estado dando besos y diciéndonos a las dos que éramos guapísimas y bla bla. Pesado. A cambio le he hecho una foto, es lo menos que podía después de la turra que nos ha dado.

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Momento del mercadillo de Kraainem. A la derecha, nuestro colega

Y tras esta excursión, Pilar y yo hemos cogido el tren y ya nos hemos separado, poniendo punto y aparte (nunca final) a nuestras aventuras de periolistas. Ella se ha ido al hostal a coger sus bártulos, pues marcha a Lille, y yo me he quedado disfrutando de mi misantropía por Bruselas. He visitado el mercado de la plaza de Santa Catalina, que es interminable y muy bonito (habrá entrada a parte con todas las fotos que hice). Han montado un tiovivo que volvería loco a cualquier niño, pues en vez de tener los típicos caballitos hay un barco, un dinosaurio, un globo que sube y baja con el niño dentro y hasta un cohete espacial.

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Niños flipando en el tiovivo original

Mis últimos momentos en Bruselas han sido para cenar en un tailandés donde he pedido un plato de Pad Thai que estaba sublime. No lo había vuelto a probar desde que me paseé por Asia y casi lloro de la emoción. No sabía igual que los de allí pero sí muy parecido.

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El Pad Thai… ¡¡ay!!

Luego he ido caminando hasta la Bolsa y la Grand Place, me he quedado un rato mirando las luces, he comprado unos bombones para la familia y de allí, al hostal, a dormir, pues hacía muchísimo frío. Y esta ha sido toda la aventura de Bélgica. ¡Pronto más y mejor!

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La Grand Place de noche

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La Bolsa, muy navideña

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La tienda de Godiva de la Grand Place… algún día tendré dinero para vaciarla :)

 

 

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