Crónica del concierto de Thin Lizzy + Eldorado (Madrid, 11/02/2012)

El año pasado disfrutamos de la agrupación Thin Lizzy, una de las auténticas leyendas del rock setentas, en la sala Joy Eslava. En este 2012, y casi de manera furtiva, las filas lideradas por el baterista Brian Downey y el guitarrista Scott Gorham aterrizaron en Madrid para acercarse a la única sala madrileña a los pies del Manzanares. Y La Riviera les acogió con una buena asistencia de público que, en un primer momento, no parecía que fuese a ser tal. A las siete de las tarde se abrían las puertas del recinto; para cuando los nacionales Eldorado pisaron la escena, sólo se divisaban frente a la tarima dos o tres filas pegadas a la valla que separa al respetable del foso de fotógrafos. Luego sí, asistentes desperdigados por aquí o por allí; gente, hay que reconocerlo, muy respetuosa con la apuesta que traían los chicos que editasen en 2009 ese disco compacto titulado únicamente cual Dorado.

Fotos: África Paredes
Fotos: África Paredes

El cuarteto tiene unas tablas formidables y ejemplifican el buen trabajo en equipo. Se notan sus referencias retro nada más arrancar el motor. Su show es sencillo pero realmente resultón, manejando un rock de factura impecable y una potencia bien medida para cada uno de los trayectos del viaje. Ya fuese cantando ‘Falling, Falling’ o ‘La Casa De Las Siete Chimeneas’ como atacando todo un clasicazo como el ‘Helter Skelter’ beatleiano, los cuatro artistas demostraron que lo son por derecho propio. New vintage rock para oídos con ganas de revivir décadas pasadas, cuando tras la contracultura salió a la superficie el rock duro y directo como estamento, cual única forma de proceder. Está claro que, por lo que nos adelantaron el pasado sábado en directo, su siguiente larga duración no se quedará atrás en cuanto a los logros obtenidos por sus anteriores lanzamientos discográficos.

Fotos: África Paredes
Fotos: África Paredes

Y llega el momento de meterse en harina, de sentir en el corazón los golpes de la doble pedalera de bombo de Downey, de volverse a enamorar una y mil veces de los riffs de Scott Gorham, doblados en esta ocasión por Damon Johnson –guitarrista para Brother Cane, Alice Cooper o John Waite, a la par que una de las piezas fundamentales del conjunto con querencias estilísticas country Whiskey Falls–. Eso sí, para el poco tiempo transcurrido entre una y otra aparición en nuestro país, el setlist fue un tanto reprochable. Sí, por supuesto que estaban todas las piezas esperadas, pero eran exactamente las mismas que habían tocado en la Joy; a excepción de ‘Do Anything You Want To’ que ahora desaparecía para dar paso a ‘Suicide’ –por lo que no sacaron los tres flor tooms a primera línea de escena para acompañar a Brian en el divertido sencillo que iniciase el LP Black Rose: A Rock Legend de 1979–.

De esta forma se sucedieron ‘Are You Ready’, ‘Jailbreak’, ‘Don’t Believe A Word’ –se quedó en el tintero en su cita con La Riviera el tercer tema que sí venían interpretando en esta gira, su irrepetible ‘Bad Reputation’–, ‘Killer On The Loose’, ‘Dancing In The Moonlight’, ‘Massacre’, y así hasta completar un total de diecisiete composiciones, incluidas las tres de los bises. Subrayar, como he hecho desde que regresaron a la actividad en el 96, que la figura de Darren Wharton parece tener más peso por lo que representa –el haber formado parte de la marca Lizzy antes del fallecimiento de Phil Lynott, aunque sólo fuese en la recta final (no hay que olvidar que, aunque tocó las teclas en el disco Chinatown, no sería reconocido cual miembro oficial hasta Renegade y no saldría en las fotos de un álbum de la banda hasta Thunder And Lightning)– que por lo que ofrece a las canciones durante la totalidad del concierto. En ‘Angel Of Death’ hace notar su característico estilo, al igual que en ‘Still In Love With You’ saca a pasear su bella voz que, en cualquier caso, ya no está a la altura de cuando editase con los puntales del adult oriented rock Dare vinilos como Out Of The Silence o Blood From Stone –claro, que también han pasado más de veinte años desde aquello–; pero en la actualidad el resto de su magia se reduce a tocar un piano que, por desgracia, ya sea culpa de la alta amplificación del resto de los instrumentos, ya sea por los hados traviesos de la electricidad, no se escucha lo más mínimo.

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