Crónica del concierto de Reel Big Fish (Rockstar Music Hall/Independance Club, Madrid, 12/03/2013), por @renacerelectric

África Paredes

Pareciese que en la década de los 90 la escena musical relacionada con el rock fuese engullida por esa marea imparable que se terminó conociendo cual grunge. No es del todo cierto, ya que en aquellos diez años se revitalizaron algunos movimientos que habían perdido fuelle; uno de ellos fue la disciplina ska, que tras la fenomenal segunda ola de finales de los 70 y principios de los 80, parecía cojear ante la mirada de una nueva generación. Grupos como Smash Mouth, Save Ferris, No Doubt o Reel Big Fish reivindicaron este sonido y formaron parte de la ya conocida cual “third wave”, una ola dividida en los que buscaban el sonido jamicano original y los que querían fusionar las bases del ska con punk u otros derivados. Todo el mundo tenía su éxito skatalítico: Rancid cantaban aquello de “Time Bomb”, mientras Offspring te preguntaban “What Happened To You” y Cherry Poppin’ Daddies cogían velocidad con “Sockable Face Club”.

África Paredes

En 2013 muchas de aquellas agrupaciones, o han partido peras o han hecho que su estilo fuese mutando poco a poco para mantenerse en favor de la corriente. Reel Big Fish ya hacían ska punk en su primer larga duración Everysthing Sucks (1995) y ahora, gracias a Candy Coated Fury, y tras un jugoso número de discos igual de acertados, siguen en sus trece. El concierto que ofrecieron en la madrileña sala Rockstar Music Hall sobrepasó las veinte canciones y se desarrollo a un ritmo vertiginoso. La banda se explayó al máximo nivel, demostrando tronío y carácter de veterano. Desde “Everyone Else Is An Asshole” hasta su último y definitivo bis, la reconocidísima versión del “Take On Me” de A-Ha, cada minuto no era otra cosa que una inyección extra de adrenalina para la fiesta.

África Paredes

Moshing y pogo a mansalva, en ocasiones excesivamente malencarado y agresivo por parte de la facción más desmelenada –o beoda– de los asistentes; cánticos que coreaban cada estribillo liderado tras el micrófono por Aaron Barrett y secundado por el resto del combo. Un cachondo Barrett que no paró de jugar con el público, de hablarle, de hacer chascarrillos –en todo momento a su merced el respetable–; un Aaron que lucía una chaqueta blanca tuneada con los mil y un pins de bandas skatalíticas como Skatalites, The Beat, los geniales Specials... aunque, entre todas ellas, el detalle freak llamativo y que demuestra la apertura de miras del músico: una chapa del cuarteto Poison.

Las versiones gustaron tanto como sus temas originales, y lo mismo se aplaudió a rabiar el “Monkey Man” de Toots And The Maytals o la transformación del sencillo de éxito en las radiofórmulas actuales “Call Me Maybe” (Carly Rae Jepsen), como sus siempre memorables “Sell Out”, “Beer”, “Everybody’s Drunk” –dándole duro al pedal CryBaby y haciendo coñas a lo Twisted Sister– o “I Want Your Girlfriend To Be My Gierlfriend Too”. Suena a muy usado, pero por ellos no pasan los años. ¡Y que siga siendo así!

por Sergio Guillén
fotos por África Paredes
el reportaje fotográfico completo en: Álbum del Concierto

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