Crónica del concierto de Nick Lowe (Sala Joy Eslava, Madrid, 10/04/2013), por @renacerelectric

África Paredes

Nick Lowe no es una persona corriente. Por mucho que él insista en pintarse como tal, no conozco a mucha gente que pueda escribir canciones en las que se contengan frases de la profundidad de: «¿Es el amor una promesa atada con un cordón de celofán o un mero regalo muerto?», «Guarda tus lágrimas, las necesitarás pues de seguro pronto te van a herir si no te percatas de un simple hecho en la vida: La gente cambia» o «Amo el sonido de los cristales rotos, especialmente cuando estoy solo. Necesito los sonidos de destrucción cuando no hay nada nuevo». Por lo tanto, no puedo por más que catalogar a Lowe de un tipo especial, de un alma sensible que tanto nos hace bailar, divertirnos con un power pop lleno de vida, como nos acerca a una deliciosa intimidad de recatado cuarto de estar, como el que habla de tú a tú con su admirado confidente. Sabiendo que en la Joy Eslava se esperaba un concierto en acústico de Nick y sin banda de acompañamiento, tal vez algunos pudieron pensar que la cita sería como saborear únicamente una de esas narraciones que se cuentan tarde, a horas oscuras, cuando ya estás relajado bajo las sábanas; sin embargo, el músico británico, con 64 años en su haber, había planeado algo bien distinto.

África Paredes

Desde un primer momento, y nada más entrar a escena, decidió que el mejor saludo de bienvenida era cantar. Cantar y punto. Entonar la tranquila “Spotlight Roses” y que fuese el público el que se acomodase a su ritmo; aun así, la segunda “Heart” se utilizó como auténtico punto de arranque, cual llamada de atención. A partir de ahí, más de veinte canciones repasaron la historia de Nick Lowe, y fue él mismo el que se tomó el empeño de recuperarlas de una manera cercana, con tacto de piel humana, con el calor que un cuerpo que ama la música y el arte puede transmitir a sus semejantes. “She’s Got Soul”, “A Read A Lot”, “Cruel To Be Kind”, “Raining Raining”, “Sensitive Man”, “House For Sale” y otra, y otra, con un Lowe que de vez en cuando echa un pequeño trago a su taza de té e intercala algo de su humor británico entre tonada y tonada. Interpretando “I Live On A Battlefield”, “Traveling Light” o “Somebody Cares For Me” pareciese reencarnado en una de esas fulgurantes estrellas que coparon la escena del rock and roll en los años 50, lleno de juventud a pesar de su cabellera de plata nevada, de sus días en la carretera.

África Paredes

Frente a él, los allí reunidos parecíamos una suerte de estampa que no desentonaría con la variedad de fauna sentimental y psicológica narrada por Billy Joel en su imperecedero “Piano Man”: algunos llegaban extasiados de la jornada diaria, con preocupaciones en la cabeza y los huesos; otros mitigaban sus recuerdos con grandes vasos de cerveza que les ponían en beodo estado, haciéndoles gritar exclamaciones de júbilo o cruzar palmas en extraños ejercicios rítmicos; no faltaban los músicos que deseaban rendir pleitesía al maestro o los cronistas que, más allá de nuestro papel, nos sentíamos lo que siempre hemos sido, rendidos admiradores de la música que parte del corazón; había parejas de todas las edades que se sonreían cómplices al oír una u otra estrofa, uno u otro estribillo. Éramos, en definitiva, su público, el público de Nick Lowe, las personas a las que entregó agradecido incluso dos bises, el primero de ellos con tres canciones –recuerdo a Rockpile incluido– y el último con solamente el “Alison” de Elvis Costello, composición que en 1977 le produjo el propio Lowe para el sello Stiff Records. Ya lo decía al principio: Nick es un tipo especial.

por Sergio Guillén
fotos por África Paredes

Acerca de @Periodisticos 7542 Articles
Comunidad virtual de periodistas, blogueros, comunicadores, profesionales de este sector en paro, en situación laboral precaria o estudiantes que buscan su primer trabajo o becas

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*