Cosas distintas, por Javier Astasio


¡Pobre Rubalcaba! Es una verdadera lástima que uno de los más hábiles políticos que ha tenido este país, artífice, entre otras cosas, del fin de ETA, acabe su carrera política atrapado en su propio laberinto, tras ir dando tumbos, de fracaso en fracaso, durante estos últimos años. No ha sido una excepción, le ha ocurrido lo que les viene ocurriendo hasta ahora a todos los políticos españoles que se empeñan, como en el juego infantil, en alcanzar a cima para convertirse en "el rey de la montaña" y, una vez en ella, se dan cuenta de que el ansiado reinado consiste en resistir mientras pueda los continuos embates de quienes aspiran a sucederle. Y que conste que no le compadezco, porque ha sido el quien lo ha buscado y porque lo que ahora padece no es otra cosa que lo que le causó previamente, pero ge de reconocer que una mente tan privilegiada como la suya se haya, la hayamos, perdido en un juego tan miserable como ese.
No sé qué es lo que les ocurre a estos personajes para acabar tan alejados de la realidad. Todos habíamos intuido lo que al final acabó pasando y que ellos, el propio PSOE y el PP, no fueron capaces de ver. Y creo que lo que les pasa es consecuencia de que se desayunan con la prensa en su despacho, en lugar de hacerlo en la barra de una cafetería, pegando la oreja a las conversaciones de la gente normal y corriente. Lo que les pasa es que perciben una realidad filtrada y acomodada a sus deseos, en lugar de bajar al suelo y toparse con la que vive esa gente normal con vidas normales, para la que dicen trabajar.
Alfredo Pérez Rubalcaba tomó ayer la decisión más dura de su vida, porque, salvo sorpresa que más que sorpresa sería un chiste de mal gusto, el hombre que ha estado en todos los parlamentos de la democracia y en todos los gobiernos socialistas pondrá fin a su carrera política. Y fue sin duda una decisión difícil, porque, no sé si por egoísmo, por soberbia o por creerse imprescindibles para el servicio de los demás, lo que no deja de ser también una forma soberbia, se resisten a dejar su sitio a otros, incluso cuando ya es evidente que causan más problemas que los que solucionan.
Rubalcaba se va, pero deja más que embrollado el futuro de su partido, con unas primarias abiertas a los simpatizantes, interceptadas ahora por un congreso extraordinario que habrá de elegir a la nueva dirección del partido y resulta curioso que quienes no fueron capaces de prever el vuelco de las urnas del pasado domingo, los mismos que no prestaron atención a los indignados del 15-M hasta que la ocupación de Sol era un clamor, que son los mismos que no mentaron la bicha de las preferentes o hablaron de desahucios mientras que en la calle no se hablaba de otra cosa... esos mismos andan ahora aconsejando sus galgos o sus podencos a lo que queda del PSOE, apostando por un congreso aparatista que refuerce la estructura del partido o unas primarias abiertas que descubran a un nuevo zapatero que devuelva la ilusión a los votantes.
Son dos cosas distintas, muy distintas y ni en una ni en la otra está la solución que esperan los ciudadanos.
Haría mal el PSOE creyendo que estas elecciones las ha perdido en la campaña o por el programa que llevó a las urnas, hará mal pensando que eligió a la candidata equivocada. El PSOE perdió estas elecciones en el minuto uno de esta legislatura, cuando trató de revestirse del tan ajado traje de la responsabilidad, de la capa de superhéroes salvadores del Estado, mientras a millones de ciudadanos, muchos de ellos entre sus propios votantes, se les venía el mundo encima, sin que nadie ene se partido que se dice obrero se ocupase de ellos.
Convocar ese congreso extraordinario, como hizo ayer Rubalcaba desde las ruinas del partido, permitiría a los militantes redefinir su partido, desalojar de Ferraz a quienes, más que un instrumento para transformar la sociedad, ven en el partido una oficina, un puesto de trabajo o un salario, para salir a la calle y aprender del malestar ciudadano el camino para recuperar la confianza de la sociedad. Este congreso no debería ser un simple "quítate tú para ponerme yo", sino que debería cambiar las reglas y los fines de un partido  que en apenas cinco años ha dinamitado su patrimonio y su prestigio.
En cuanto a las primarias, sé que mediáticamente serían mucho más atractivas, con minicampañas y todo, y, sobre todo, pondrían cara a un candidato que, si tuviese que esperar a la posterior bendición del congreso, podría salir tan trasquilado o más que el propio Borrell. El PSOE, lleno de rostros quemados, repleto de hojas de servicio más que amortizadas y sembrado de ambiciones, necesita otras caras, otros nombres, pero, sobre todo, necesita ideas, necesita proyectos y necesita una nueva actitud que le reconecte con la sociedad, pensando más en solucionar sus problemas que en conseguir sus votos. Dos cosas distintas de las que depende su futuro o, incluso, seguir teniéndolo.


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