Conjugar el verbo dimitir, por Javier Astasio



Escucho a Iñaki Gabilondo describir a Rajoy como aquejado de una enfermedad mental que le impide percibir la realidad y, mucho más, asumir responsabilidades y, una vez más, tengo que darle la razón. Sin embargo, no puedo coincidir ni coincido, salvo que sea un sarcasmo, en que alrededor de él haya esa buena gente que él invoca para que le lleven al médico. Esa buena gente de la que habla Iñaki, lo acaba de dejar por escrito el juez Ruz, cobró sobresueldos, se reformó el despacho y ganó su escaño con el dinero que los españoles pagamos de más en contratas, obras y compraventas de las que se han venido beneficiando los generosos donantes del Partido Popular.
No puede ser que, en apenas veinticuatro horas, el partido que con mano o con dedo de hierro preside Rajoy se hunda estrepitosamente  en Andalucía y no pase nada y no puede ser que un juez deje por escrito todas las irregularidades, punibles o no, por arte de birlibirloque, por prescripción o por falta de legislación, que ha encontrado tras dos años de investigación en las cuantas del Partido Popular a lo largo de dieciocho años de cajas B, C y las que hicieran falta, desde que Rosendo Naseiro, un joven  Zaplana y no sé cuántos más se librasen por los pelos y artimañas legales de ir a la cárcel por financiar ilegalmente hace ya veinte años el partido. No puede ser que se sepa todo eso, puesto negro sobre blanco, y no pase nada, porque según Rajoy y las buenas personas que le rodean, en las conclusiones del juez no hay nada nuevo.
Nadie asume responsabilidades, nadie dimite ni, mucho menos, hace nada por moverle la silla a quien antes de ayer los andaluces y dentro de nada el resto de los españoles señalarán en las urnas como los responsables de todo el sufrimiento que vienen soportando desde hace más de tres años, sin que mi sus sueldos ni sus chollos se hayan visto afectados en la misma medida, nadie. Es más, hay quienes, como la señora Villalobos, va repitiendo el mantra ensayado con su marido en la alcoba, tan increíble como el de que el de ayer fuese un día radiante en Madrid, de que la verdadera derrotada el domingo fue la confirmada presidenta Susana Díaz.
No tienen vergüenza. Nadie asume nada y nadie se marcha a su casa. Quizá, porque llevan demasiado tiempo viviendo de esto, cobrando sueldos y dietas los más "decentes" y haciendo sus negocietes más de uno y más de dos. Se han acostumbrado al poder y no son capaces de volver a ser ciudadanos de a pie, como tú, lector, o como yo. Pero n es algo que pase sólo en el PP. Ni siquiera es algo que ocurra sólo en los partidos en el poder. También pasa en los que aspiran a tenerlo. No hay más que ver lo que ´le cuesta a la vieja guardia de Izquierda Unida levantar el culo de las sillas y alguna poltrona que vienen ocupando desde hace años y le pasa de manera especial a Rosa Díez, incapaz de asumir el tremendo error cometido al rechazar la mano tendida antes de las elecciones por Ciudadanos.
No hubiese sido el mismo el resultado de las andaluzas del domingo si Izquierda Unida - Los Verdes se hubiese integrado en la candidatura de Podemos, como no hubiese sido el mismo el reparto de escaños, si el partido creado por Rosa Díez a su imagen y semejanza hubiese hecho un ejercicio de humildad y se hubiese sumado al tirón de Ciudadanos.
Al final va a tener razón la madre de Arguiñano que, tal y como me contó una vez el cocinero, le decía que la que había sido consejera de Turismo en Euskadi no era capaz de vivir sin coche oficial, porque, si no era completamente acertado ese análisis de la amá de don Karlos, sí se parece mucho a la realidad. Y es que la tránsfuga , en tiempos socialista, es incapaz de asumir que su negativa a la alianza con Ciudadanos va a acabar con ese partido cuyas siglas responden cada vez más a "Unos Pocos y Díez", porque, papa ella, lo importante es estar en lo alto, aunque solo sea de un bordillo.
Rosa Díez se empeña en no dar su brazo a torcer, en no asumir su grave responsabilidad en la derrota y en no marcharse a casa discretamente, mientras su partido se desmorona. La enseñanza, triste para quienes creían en el proyecto, está en que, al final serán los militantes de base los que busquen asilo en las filas de Ciudadanos, más necesitado que nunca de cuadros y candidatos para asumir el éxito del domingo y los éxitos por llegar. De momento, algunos miembros de la dirección ya han dimitido y, como la diputada Irene Lozano,  han pedido que Rosa Díez haga otro tanto

Quizá la única en entender lo que pasó anoche fue la responsable de Política, Carolina Bescansa, que, pese a haber ganado quince escaños partiendo de la nada y con el esfuerzo de sus militantes, asumió implícitamente la necesidad de buscar nuevos socios en su asalto al cielo del poder, Mal nos va a ir a los españoles si tras un terremoto político como el del domingo nadie se atreve a conjugar verbos tan normales como dimitir o asumir responsabilidades.


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