Comprar tranquilidad, por Javier Astasio


Llevamos meses comprobando como, por su mala cabeza o, mejor dicho, por la mala cabeza de los ciuddanos que le siguen votando, el PP vive en la cuerda floja, obligado a pactar todas y cada una de las decisiones importantes que le toca tomar en el gobierno. Si me atrevo a hablar de la mala cabeza de los votantes, es porque, con su apoyo a Rajoy, no están consiguiendo otra cosa que prolongar su lenta agonía, ya que, antes o después y a pesar de todas las maniobras de ingeniería judicial que ha emprendido el ministro Catalá para garantizarse un paso amable por los tribunales, el partido y sus dirigentes, incluido el propio Rajoy, se van a ver condenados y, muy probablemente, inhabilitados para seguir en política.
Mala cabeza, digo, porque se ha formado un gobierno sin mayoría absoluta y porque la trayectoria del PP y sus gobiernos anteriores impedirían, en principio, pero sólo en principio, acuerdos con todos esos partidos seriamente maltratados, cuando no humillados, en tiempos de mayorías populares. No hay más que ver el ímpetu con el que, hace apenas una semana, las bases socialistas cortaron el paso a quienes desde la dirección del partido proponían como única solución la colaboración con el PP, al que renovaron en el poder con su abstención, pese a todo el daño infligido a las clases populares que el partido de Rajoy llevaba a sus espaldas. Las bases socialistas se revelaron como aceite para el agua del PP y, con ello, el PP de Rajoy se ha visto obligado a aceptar algunas de las condiciones impuestas por sus nuevos socios, a la hora de aprobar los presupuestos.
No hay más que ver la satisfacción del diputado canario Pedro Quevedo y, con ella, la de los canarios que, por mor de la debilidad de Rajoy, verán satisfechas demandas históricas de los isleños que sufren en sus carnes y en su bolsillo la condición de tales y la de vivir a miles de kilómetros de la península, y que recibirán 200 millones de euros en ayudas para los vuelos de los ciudadanos canarios y para el transporte de sus mercancías.
Una gran victoria para este único diputado de Nueva Canarias, la escisión progresista de la Coalición Canarias que tanto pactó con unos y otros y que, ahora, después de haberse presentado en coalición con los socialistas firmó el viernes el alquiler se su voto en los presupuestos y lo vendió tan caro como merece ser el imprescindible y último voto, el 176, que necesitaba Rajoy para llegar con aliento al horizonte de 2019.
Sin embargo, Pedro Quevedo no ha sido el único, no sólo él ha torcido el brazo del PP en esta dura negociación. También el PNV, que, amén de mejorar sustancialmente el "cupo" vasco, ha llegado a un acuerdo, hoy nos lo han contado, por el que se pone fin, seis años después de que ETA dijese adiós a las armas, el gobierno accede,  en contra de la opinión de la mayoría de esos votantes aleccionados durante años para rechazar cualquier gesto que aliviase la situación de los presos de la banda, hijos muchos ellos de militantes peneuvistas, que verán aliviadas, con este primer gesto de Rajoy en favor de la normalización, sus condiciones de vida y, sobre todo, las de sus familiares que no tendrán que desplazarse a miles de kilómetros para verles y tocarles.
Es el tira y afloja de siempre, adaptado a las circunstancias actuales y que, en esta ocasión, no ha contado con la colaboración de sus viejos socios catalanes, enredados en su cada vez más improbable apuesta de ganar en referéndum la independencia que, gracias a los errores de unos y otros, se les está escapando de las manos. Esta vez la negociación ha sido más dura y su resultado paradójico, porque, al final, Rajoy se ha visto obligado a apoyarse en todos aquellos a los que anatemizó cuando hablaban con pedro Sánchez. Nada preocupante, porque, en política, la memoria es flaca y la política hace extraños compañeros de cama y, porque al fin y la postre lo único que le importaba a Rajoy era comprar su tranquilidad.

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