Comprar el voto, por Javier Astasio



En medio de la vorágine desatada por la sacudida electoral del pasado 25 de mayo, a dos días de la proclamación de un nuevo rey, navegando den las aguas revueltas del PSOE y su marca en Catalunya, pensando en las vacaciones y en que, a la vuelta de las mismas, algo habrá que hacer para desaguar sin peligro el pantano soberanista catalán, se nos olvida que, en menos de un año, seremos convocados de nuevo a las urnas, esta vez para elegir a los que debieran ser nuestros representantes más cercanos, en municipios y en la mayoría de las comunidades autónomas. Se nos olvida, pero no a todos, porque el PP, que disimula silbando, de cara a la galería, ha puesto ya en marcha su cocina electoral, pensando en lo que mejor ha hecho siempre la derecha que no es otra cosa que "comprar" los votos.
En las últimas horas ha trascendido que el núcleo duro de la dirección del PP se reunió discretamente hace unos días para analizar el "descacharre" electoral que prefieren ignorar en público, pero que, si están en sus cabales, les debe preocupar y mucho. Se han reunido y han llegado a la conclusión, qué sagaces, de que es mejor no tomar más medidas impopulares de aquí a que se abran las urnas. Y no es porque ahora se hayan dado cuenta de que el "euro por receta", el cierre de comedores escolares, los recortes en centros de salud y hospitales, las subidas de tasas universitarias, la subida del IVA, los recortes en salarios u servicios y todo ese largo etcétera que ahora prefiero ahorraros. No es por eso, Es porque se han dado cuenta de que su política de maquillar la realidad económica, su falsa propaganda de unas mejorías tan diferidas en el tiempo que nunca acaban por llegar, las colas ante los comedores sociales o ante los bancos de alimentos, el sucio aliento de la pobreza en el cogote de familias que nunca, ni en sus peores pesadillas temieron verse así, en la calle, sin nada que hacer ni que comprar, en fin, todo eso ya no se puede esconder bajo la alfombra de los telediarios o la prensa y radio amigas, a reventar de falsedades, pese a diluirlas en tertulias y programas entontecedores.
Con el resultado de las elecciones europeas, se dieron cuenta de que era tal el cabreo ciudadano que, ya, ni siquiera puede contar con parapetarse tras el cadáver del PSOE a la espera de tiempos mejores, porque los votos prestados a uno y otro, que son los que ganan las elecciones, faltaron a las urnas o buscaron otras alternativas, mientras, lo que es peor, para ellos, no para el país, muchos abstencionistas de la izquierda, al tener nuevas opciones, dejaron de serlo, al tiempo que el voto joven se comportó como solía hacerlo.
Por eso el PP ya no cree que la ideología -orden, creencias y dinero fácil para quien ya lo tiene- acabarán pon imponerse a su justificación de la austeridad, que está demasiado extendida y ha causado demasiados estragos en muchas capas de la sociedad. Por eso, una vez más lo fía todo a la rebaja de impuestos y llama a la puerta, ayer lo hizo, del importantísimo colectivo de autónomos, históricamente maltratado en este país por la izquierda y la derecha, en el que busca, con la creación de un tipo especial para ellos, la tabla de salvación a la que agarrarse para llegar a la isla en la que refugiarse.
Aquello del duro por voto que tanto practicaron los caciques en la España de principios del siglo pasado y que perduró en la Galicia reciente, transformado en favores y enchufes por votos, vuelve, como vuelven todas las modas, porque, a falta de cintas que cortar, porque no hay nada que inaugurar, o cheques bebé que repartir, la estrategia será la de hacer creer a quienes aún tienen la suerte de pagarlos que les rebajaran sus impuestos, cuando en realidad apenas serán un euros para los de abajo y miles o millones para los que están y siempre han estado arriba.
Me recuerdan a esas operadoras telefónicas que, cuando pides la portabilidad para cambiar de compañía, te ofrecen el oro y el moro que te venían negando, dándote, si eres listo, una razón más para dejarles. Y es que ya no van a caballo o en calesa comprando los votos por los pueblos, ya no mandan a sus capataces a por ellos, Ahora les basta con asomar sus caras, más que duras, en los telediarios de los viernes, tras el consejo de ministros, anunciando reformas fiscales que, ya, ni ellos mimos controlan. Pero, en el fondo, siguen haciendo lo mismo, comprando votos.


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