COMO HACÍAMOS ANTES, por Javier Astasio


Leo en una página encontrada en Google que e l acto fallido, en síntesis, es una especie de «traición» del inconsciente, que hace que el sujeto diga lo que conscientemente no quería decir o haga lo que no quería hacer, revelando así un deseo o intención inconscientes. Hasta ahora, pensaba que el hombre de los actos fallidos en el PP era Mariano Rajoy, que, como la “testiga” encarnada por Chus Lampreave en "Mujeres al borde de un ataque de nervios", no puede dejar de decir a verdad. Pero parece que el presidente impasible no tiene la exclusiva y que, en estos tiempos de ministros al borde de un ataque de nervios, cualquiera de los ministros, obligados a mentir un día sí y otro también caen a menudo en el tan freudiano acto fallido y acaban diciendo precisamente lo que tratan de ocultar.
Ayer fue el ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, quien, al responder a preguntas de la oposición sobre sus contactos o los de su departamento con dos imputados por corrupción, como  los hermanos González, Ignacio y Pablo, personajes clave en las tramas investigadas en la "Operación Lezo",  no sólo reconoció haber quedado en tomar un café con el hoy encarcelado Ignacio González, sino que dejó deslizarse a su conciencia, cuando, lleno de indignación, al responder sobre el encuentro entre su secretario de Estado y Pablo González, hermano del anterior e imputado como Ignacio, admitió que  tuvo lugar, pero a las nueve y media de la mañana y "con luz y taquígrafos", no a escondidas, "como hacíamos antes".
¿Qué debemos entender de las palabras del ministro? ¿Quizá que en otros tiempos han tenido lugar reuniones clandestinas con personajes corruptos que estaban siendo investigados? ¿Que lo de Rato y Fernández Díaz era práctica habitual? ¿Que cualquier miembro del PP que sienta el aliento de los jueces en su nuca puede pasar por los despachos del ministerio para preguntar a los responsables de las fuerzas de seguridad cómo va lo suyo? Sea cual sea la respuesta, pone los pelos de punta la falta de escrúpulos de esta gente que, no sólo creen que el Estado es suyo, sin que pretenden valerse de él para escapar a la Justicia. 
En cualquier caso, queda claro que la situación de ahora, después de su "antes", es mucho mejor que. Queda claro que, muy a su pesar, los controles democráticos que han surgido del fin del bipartidismo trabajan en beneficio de todos nosotros. Hoy, gracias a un funcionario "desleal", gracias al celo de una prensa que, afortunadamente, ya no es la misma y a sus indagaciones, podemos enterarnos de que el ministro o sus subordinados, de vez en cuando, toman cafés inconfesables y, de paso, enterarnos también de que, afortunadamente, no todo está bajo el control de los ministros, porque, a veces, hay que colocar y se colocan discretamente micrófonos en el despacho de los delincuentes.
Afortunadamente, hoy la situación es muy distinta: la imposibilidad de lograr mayorías absolutas o de las componendas de antes, impiden tapar, como se hacía hasta hace bien poco, todos estos escándalos. Qué pana que quienes tienen ahora todo ese poder que hemos puesto en sus manos sean incapaces de gestionar con algo más de madurez y serenidad toda esa fuerza que, aunque se la hayamos prestado por cuatro años, sigue siendo nuestra. Qué pana que pervivan en ellos casi todo eso que odiábamos de los de antes.

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*