¿Cómo están ustedes?, por Gabriel Merino

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De las "10 estrategias de manipulación a través de los medios" de Noam Chomsky:

5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. Por qué? "Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad”.

Un día más tarde que Guindos, sale Rajoy:

-“¿Cómo están ustedeeeeees?

Cincuenta millones de personas con la mosca detrás de la oreja, si no indignados o abiertamente cabreados porque el ministro de Goldman ha tratado de hacer pasar -el día anterior- ese rescate a los bancos que volatilizaron 100.000 millones de euros en burbuja, amigos del alma, operaciones especulativas, favores políticos, chanchullos, mala gestión y consejeros blindados por una impecable gestión del gobierno que no nos ha costado nada ni nos va a costar. Además, un poco enfadado y soberbio el ministro  porque los impertinentes plumillas  preguntan  -¡claro!- que, si era tan bueno, tan ventajoso y no iba a costarle nada al estado, por qué no se pidió antes. ¡Siguiente pregunta!

 

 Y Rajoy no pensaba hablar. Se iba al fútbol a Gdansk, que para eso es finde. Ya había hablado esta semana, categóricamente, diciendo que no iba a haber rescate por activa ni por pasiva. Pero ahora, al final, también sale:

-“¿Cómo esshtán ussshtedessssh…?

 

Hace unos años, en una entrada de blog, hablé de lo que llamaba “el silogismo de mi padre”. Mi padre ha sido vendedor, y muy bueno, y con sus hijos utilizaba a veces un silogismo que también usaba con los clientes, ideal para vender cualquier burra. Era, justo antes de pasar al ataque: “Como yo sé que es usted inteligente, me va a dar la razón”. Eso desarmaba a cualquier cliente desprevenidamente confiado en sí mismo y en su inteligencia o a cualquier niño. Pero era marketing, estrategia publicitaria, humo de palabras, y era un previo para poder colarte cualquier milonga. Lo que se podía vender a continuación podía ser cualquier cosa, buena o mediocre, verdad o mentira, pero esa frase mágica inicial hacía que entrara mucho mejor.

 

De siempre le he dicho a mi hija que cualquier cosa que oiga en un anuncio – y más si es con slogans pegadizos, música, colorines y promesas- es mentira: así de claro y categórico. Y no me equivoco, se puede comprobar empíricamente. De la misma manera que le dije que nunca se fie de quien le dice que le va a dar duros a pesetas –lo suelen hacer los bancos y los juegos de azar- o de esos amigos que te dicen un día “te ajunto” y al día siguiente “no te ajunto”. Ni de esos gurús, líderes espirituales y exegetas de púlpito que te piden que hagas lo que ellos no hacen nunca. En general todos usan un discurso cercano casi al colegueo, vago, infantil que tiene poco que ver con un compromiso, un contrato o una oferta seria. Cantos de sirena, amenazas, tonos paternalistas o tomarse la cosa a cachondeo.

 

De los políticos no me lo esperaba. Sé que un político hace lo que puede por medrar, alcanzar el poder y mantenerse. Pero les tenía por unos iguales en el contrato social que hacemos: ni por unos padres en otro escalón de jerarquía, ni por unos curas con línea directa con el más allá de lo humano ni por unos payasos de la tele que salen a divertirte ni por una escort pagada que hace y dice lo que tu digas o pagues.

 

No. No soy un crío. Y estoy muy defraudado. Porque se te ve que mientes.

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