Ciudadanos y los pactos, por Javier Astasio


Da un poco de miedo pensar que un partido que apenas controló sus listas en estas elecciones, que un partido que, como los viejos estrategas, primero ocupa el territorio y luego ya verá, esté siendo tan decisorio en la formación de los gobiernos de comunidades y ciudades, dándoselos al PP o al  PSOE, según dónde y según les convenga, pero pactando siempre con los responsables de la corrupción que decían querer combatir antes de las elecciones.
Porque es más que casual que Ciudadanos opte por ser la pieza que falta para cerrar gobiernos como el de Andalucía o la Comunidad de Madrid y opte por serlo en solitario. Habrá que ver, si como han venido diciendo, dan ese apoyo desde fuera y habrá que ver que hacen tras las elecciones generales, cuando todo el pescado esté vendido y no quede nada que ocultar a los votantes. Ese será el momento clave. Hasta entonces, Ciudadanos cultivará la ambigüedad que tan buenos resultados le viene dando de momento.
Hay que tener en cuenta que Ciudadanos nació, cuando nació en Cataluña hace diez años, de una gran mentira, la de la supuesta opresión que las instituciones autonómicas ejercían y ejercen sobre quienes se sienten más españoles que catalanes y que, por los resultados obtenidos allí en estos diez años, no fue creída más que por una minoría. Aun así, lo que no se le puede negar a Rivera es su sentido de la oportunidad y un olfato muy especial para identificar problemas y brindarse para solucionarlos, más allá de que finalmente lo consiga.
También sería conveniente saber de dónde salió el dinero que permitió que un empleado de la Caixa se pagase una campaña tan agresiva como contradictoria, aquella en que, como en algunos anuncios de cosmética, posaba castamente desnudo, dejando sin despejar la incógnita de sus vergüenzas, que algunos identifican precisamente con esa financiación nunca desvelada, porque, como a la hora de resolver un asesinato, lo crucial es saber a quién beneficia el crimen.
Ahora, después de que la ambición perdiese a Rosa Díez, dejándole libre el camino para llegar a los descontentos de la derecha y el centro derecha, que no son otros que la derecha económica, la que no comulga con los hipócritas postulados morales y religiosos del PP, Rivera se ve, como un metafórico sereno, con el manojo de llaves que abre y cierra los portales de vecinos tan distintos como PSOE y PP, después de una noche de juerga en la que han perdido gasta el apellido.
También ha contado Ciudadanos, con muchos, demasiados, pies en la empresa con la inexperiencia pacata de Podemos, con resultados mejores que el partido de Rivera en algunas circunscripciones, que por inexperiencia u ortodoxia se ha dejado comer la merienda por los de color naranja, algo que, según se mire, les puede rentas por haber conservado la virginidad, del mismo modo que se puede volver contra ellos por no haber "tocado" poder.
De cualquier modo, salvo en Andalucía, donde todo se ha escrito y firmado ya y donde no creo que haya Tamayos escondidos, en el resto de ayuntamientos y parlamentos aún queda mucha tela por cortar y, dado el reparto de escaños y concejalías, todo es posible aún, más cuando, especialmente para algunos es mucho lo que hay en juego, incluso en lo personal.

De momento, lo que vemos o lo que nos cuentan, al menos, es que, en eso de pactar, Ciudadanos, un partido mucho más jerarquizado que Podemos, gana por goleada y que, si algo le está frenando, es la necesidad de conservar el disfraz que oculta sus verdaderos planteamientos económicos hasta las generales.


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