Cashback: análisis del cortometraje, por @PilarAst90

El creador de ” Cashback”

Cashback es un cortometraje, del que deriva una película con el mismo nombre. Fue dirigido por Sean Ellis y difundido en 2004.

Sean Ellis (nacido en 1970) es un director de cine, escritor, productor y fotógrafo británico de moda. Tras el corto de “Cashback”, un año después dirige una película con el mismo nombre y argumento. Es decir, es uno de los que evidencia el poder del cortometraje para llegar al largo. Aunque no sea cosa de “coser y cantar”, es una muestra de las posibilidades del cortometraje, normalmente conocido como algo de carácter independiente, más europeo que norteamericano y exento de posibilidades de negocio.

Tras lograr algo tan complicado y demostrar que era posible llegar a la gran pantalla, en 2008 da a luz a “El Roto” y en 2013, su última creación audiovisual “Metro Manila”.

Todo comienza en 2006 cuando es nominado a un Premio Oscar en la categoría mejor cortometraje, que se entrega con el nombre de: Academy Award for Best Live Action Short Film, desde 1974. Anteriormente  y desde 1932, se entregaba el galardón conocido como Best Short Subject.

Aunque “Cashback” no ganó el Oscar, sí que obtuvo otra serie de galardones. En el festival Internacional de Cine de Bermuda (Mejor Película Narrativa) Festival Europeo de Cortometrajes Brest (Grand Prix)  Festival Internacional de Cine de Chicago (Mejor Cortometraje)
Festival de Cine de Tribeca (Mejor Narrativa Breve)

Su siguiente película importante, ” The Broken” (“El Roto”) se estrenó el 18 de enero de 2008 como parte del Festival de Cine de Sundance 2008. También fue la primera opción en Horrorfest 2009 y fue parte del Festival de Cine de Sitges 2008.

En 2008 también dirige el corto ” El viaje de negocios” que obtiene el premio a mejor cortometraje por Cortometraje Fuji, y es nominado al premio de mejor cortometraje de la Academia Británica del cine y al mejor cortometraje de los premios BAFTA.

En 2011 publicó el libro de fotografías Kubrick ,el perro que él comenzó a recopilar como una manera de superar el duelo tras la muerte de su perro de linfoma canino.

Metro Manila se llevó tres premios en los 2013 British Independent Film Awards. Premio a la mejor película británica independiente, al mejor director y mejor producción.

 Ficha con los datos del cortometraje

Cashback es un cortometraje británico de 2004 de 18 min de duración. Su director es Sean Ellis. Siendo creador también en segunda instancia, ya que aparte de dirigirlo también lo guioniza. El compositor de la maravillosa música que rodea al argumento es Rick Astley. La fotografía corre a cargo de Alex Barber, la cual comentaremos más tarde. Es producido por Left Turns Films , Ugly Duckling Films, RSA Films.

En cuanto a género podríamos decir que es un melodrama. Una tragicomedia.

 Comentario. Crítica y análisis del cortometraje

Visualmente es un corto muy atractivo. Las imágenes son estimulantes y la fotografía evoca belleza, en sutiles tonos pastel, lo que nos recuerda que Sean Ellis es fotógrafo de moda y seguramente al trabajar conjuntamente con el director de fotografía Alex Barber, crearon esas imágenes de mujeres, que pese a parecer maniquíes y tener grandes dosis naif, no se puede obviar su preciosismo y su carga de sensualidad alejada de lo pasional. Más bien perteneciente a la categoría de belleza artística que si bien no está diseñada para calmar el hambre sexual si la del ojo y el espíritu.

Cashback huele a pasarela en cuanto a su tratamiento de la belleza femenina, tiende un poco a Vogue y a Cosmopolitan. Sus mujeres parecen carecer de fuerza y del poderío de las mujeres fuertes del cine, pero es coherente este discurso con su ritmo lánguido y lento, ya que asumo que la intención es mecer al espectador por un río de sensaciones muy dulces, casi imperceptibles, de la mano de las ninfas de la belleza, escondidas en lo cotidiano de un supermercado y libertadoras del cautiverio del trabajo.

El ritmo ralentizado y sostenido de los planos es inherente al concepto de congelación del tiempo y de la vida que es el corazón del texto. Lo efímero de la belleza, que no se detiene, que pasa por el alma del artista sin darle tiempo a procesarla y al que angustia la atrocidad de los relojes y sus minuteros girando sin parar.

Si hay algo que creo que consigue bien “Cashback”, es que el discurso se vuelva subjetivo y seamos capaces de ver como ve el protagonista. Esta afirmación del punto de vista del artista, no ha sido lograda solamente por la voz en off si no por una sensibilidad artística muy conseguida y que es imposible no apreciar que el director y guionista la tiene.

Se le critica a “Cashback”, sobre todo al largometraje que continúa el corto, la ausencia de un argumento digamos consistente. Se le critica también ese hedor que desprende el cine de autor, independiente, cargado en ocasiones de competencia intelectiva y recursos absurdos únicamente destinados a mostrar una visión cultural y estética. Una visión individualista, no universal, que apesta a egocentrismo y a querer dejar la huella única e irrepetible en un mundo que tiene otros dilemas más terrenales que el de una belleza que se escapa, como un colador por el que se cuelan los sueños. Se le ha dado así también, el calificativo de “película de estudiante de cine”.

Todas estas acusaciones las entiendo, ya que en una primera lectura del corto, digamos en un mero vistazo superficial, acostumbrados y ávidos de historias de peso desde que el mundo es mundo, nos podemos quedar con la tenue sensación de un artista que nos coge de la mano para contarnos un mundo tal y como él lo percibe y que no entiende. Pero es que “Cashback” no se puede leer así.

“Cashback” no es un guión para aportarnos una serie de herramientas para la vida, no es un guión que cuenta algo de verdad, no hay un conflicto vital en el texto, porque el guión de este cortometraje es un guión para intentar entender la vida, no para afrontarla. Y pese a que no tiene un conflicto vital, existe un grave conflicto espiritual. Uno no puede acercarse a Cashback con las gafas de siempre, sino que es necesario acercarse en silencio, como quien enciende una vela antes de realizar una serie de ejercicios de yoga. Cashback es un corto para almas sensibles y si bien es cierto que no contiene una arquitrama potente ni un héroe vigoroso, no deja de ser bueno que este tipo de obras tengan también una oportunidad comercial, porque el mundo no puede sólo regirse por criterios de eficiencia y pragmatismo. Porque la aportación espiritual es un don que para recoger debemos sembrar las bases cerebralmente y sensitivamente. Porque es indudable que el motor del ser humano no es el alimento básico, que eso pertenece a la gasolina y a la comida rápida de un mundo que no podemos congelar. No sólo de pan vive el hombre.

Todo esto extrapolado a las críticas de la primera fase de acercamiento de Cashback, es lo que quiero expresar en mi análisis. Yo también pude quedarme ahí, en la barrera, sondeando. Calificarlo de la connotación aburrida de gafa pasta cultureta que tiene el cine independiente, pero hay que aprender a ver más allá de la primera capa. Si uno no lo hace, que no pierda el tiempo con la obra de Sean Ellis.

Es precipitado así, decir que cuando un autor no logra crear un argumento con una gran dosis de acción, es porque no sabe. Cuando también está la posibilidad de que no esté siguiendo la estructura de la eficiencia comercial porque no quiere.

Personalmente, esta es la metáfora que a mí la obra me sugiere. En un mundo en movimiento, en un medio lleno de fotografías en movimiento como es el cine, Sean Ellis, dentro de él, se para y lo congela. El protagonista es el director de su vida que congela los fotogramas y aniquila las 24 revoluciones por segundo. Hay que defender esa aportación a veces única y poco de industria cultural de obras como “Cashback” porque de lo contrario el cine se convertiría en una mera inyección para calmar el aburrimiento y la monotonía, como una pastillita imaginativa, como una droga rápida e útil. Es el utilitarismo del cine el que condena la convivencia del arte con la industria, yéndonos en este caso a uno de los dos extremos.

A veces, es un elegido como Ellis el que la industria premia por sus esfuerzos. De tantos como antes, que posiblemente merezcan más este reconocimiento. Pero también es esperanzador que de vez en cuando se ponga de moda el pensamiento más allá del pensamiento, ya que tampoco tiene la obra pretensiones de lenguaje estético absurdas, sino que todo se mueve en un baile lírico acompañado por  bailarinas del ballet ruso de Moscú, un lago de cisnes que parece fotografiado por Lewis Carrol. ¿Es la belleza algo representativo en una etapa de la vida, como la niñez o la juventud?

No estoy de acuerdo. Si en algo no estoy de acuerdo es en la ausencia de diferencia de los cuerpos, en una belleza y una fotografía clonada que pese a mostrarse en un cine de autor parece haber sido fabricada y manufacturada al por mayor para ser vendida como carne fresca y apetecible. Ese concepto de belleza arraigado a la sucesión de “Lolitas”, muchas veces carentes de curvas, sí que me parece simple. Y muy insano, venerando en este caso nuestros instintos salvajes como algo sagrado, y temiendo que la sublimación de este arte, convierta la belleza en una mariposa en un frasco de cristal, siendo la belleza patrimonio de la pantera que caza y araña y no de la gacela que es apresada fácilmente. Podríamos leer un mini-discurso machista de un hombre que moldea y sacia su sed de aura femenina, de un hombre que percibe a la mujer como un ángel que pasea entre los vivos, y no busca una belleza terrenal en la que se puede imprimir la vida. Pero al fin y al cabo ¿qué es el artista sino un yang masculino que busca la conquista? Un Pigmalión que pinta su necesidad en una mujer, en un hombre, en una idea que refleje su interior al que ama y al que odia como Dorian Grey mirándose en su espejo roto.

Es cierto que no he tenido oportunidad de apreciar el largometraje, si bien me he quedado en el corto y a veces el arte está en la síntesis y en no alargar la gloria. Puede ser que el largo no fuera necesario. Me reservo la opinión para mi visionado del film.

Como historia, tenemos un héroe con un poder de congelar el tiempo, tenemos bellas mujeres porque el sexo vende, tenemos un héroe cotidiano pero que busca lo sublime, tenemos unos jóvenes que intentan escapar de la rutina con la risa y olvidar su funcional existencia. Tenemos una localización sencilla sin muchos miramientos a la hora de efectos audiovisuales. ¿Están tan seguros los críticos de que en preproducción no se vislumbró como una obra eficaz? Y ha sido tildada de cine de autor, dando este muchas veces más vueltas sobre su propio eje y las ideas del guionista.

Reitero, para mí el fallo está en buscar la cura al paso del tiempo que como escritora, poeta, persona me mata (valga la redundancia)  buscarlo en una belleza para la que el escritor Sean Ellis no abandonó su rutina de fotógrafo de moda. Creo que es así como el se sentía, tras sesiones y sesiones con mujeres repetidas, con mujeres-matrix, cuya belleza correcta deslumbraba a su obturador de cámara y él derramaba alguna lágrima interior que quemaba su organismo como absenta, al ver que esa joven (casi citando a Garcilaso de la Vega) no daba fruto primaveral y desfallecía. Pudo haber intentado salir más de su marco interno. En cualquier caso, como producción, todo un éxito. Le pese a quien le pese. El arte y sus reconocimientos son caprichosos. Así es la fortuna.

Cashback es una crítica al consumismo reflejado en un supermercado. El consumismo del tiempo, que evoca a “Momo” de Michael Ende. Donde ya los banqueros del tiempo intentaban concebir el tiempo de manera economicista y racional. Los primeros pitidos de la caja registradora nos recuerdan a Los hombres grises de Momo. Estos hombres para sobrevivir, roban las flores horarias (que representan al tiempo), las congelan(otra vez la congelación del tiempo)  con su frío, les arrancan los pétalos y se los fuman, convirtiéndolo únicamente así en tiempo muerto, del que viven. De hecho, si por error o intencionadamente, el cigarrillo pierde el contacto con su boca, se deshacen en la nada.

De hecho la película comienza con una chica excusándose por llegar tarde a su jefe. Me gusta mucho cómo está escrito Cashback, en primera persona, y toda su estética narrativa si bien sabe más a novela que a una buena adaptación cinematográfica, y aunque puede tener una serie de “fallos”, como mostrar en imágenes lo que ya están evidenciando las palabras, a mí, personalmente, me gusta el resultado en este caso.

Queda muy bien con todo este discurso del tiempo, que el protagonista se obsesione como artista con la inmóvil existencia. La naturaleza muerta que se encuentra en los miles de bodegones que está obsesión nos ha dado. Me recuerda también al poema “La piedra” de Yves Bonnefoy.

UNA PIEDRA – Yves Bonnefoy

Todos pobres, desnudos, transfigurables,
Nuestros muebles eran simples como las piedras,
Amábamos la grieta que había en el muro,
De esa espiga es que brotaban los mundos.

Nubes, esta noche,
Las mismas de siempre, como la sed,
El mismo vestido rojo, desabrochado.
Imagina, transeúnte,
Nuestros reinicios, nuestras prisas, nuestras confianzas.

Los científicos de la Universidad de Cornell, hablan justo de “la grieta que había en el muro” como un agujero negro en el tiempo donde esconder un suceso. Y dicen que es posible detener el tiempo. Y esto hace referencia también a la nueva película de Cristopher Nolan, “Interestelar”, la posibilidad de los mundos paralelos y al eterno retorno de Nietzsche. Al respecto, también pienso en la visión de Bergson y Marcel Proust sobre el tiempo.

¿Quién no quiere que el tiempo se congele? Millones de anuncios de cremas anti-edad responden esta pregunta. Es un buen tema para realizar un corto. ¿Qué ser humano no se ha sentido como Ben o Momo?

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