Carnaval constitucional, por @German_Temprano

Carnaval constitucional

De toda la vida de Dios, o de quien corresponda, he sentido especial alergia a las solemnidades, las grandilocuencias, la oratoria tan pomposa como vacía y, en suma, a todo aquello que apesta a hipocresía revestida por el manto de las instituciones. Pocas veces hablaré con mayor conocimiento de causa pues, por razones profesionales, me he tenido que comer unas cuantas funciones de este carnaval. Los protocolos, las ceremonias, los peloteos bochornosos a las autoridades, la asfixia desmedida por cumplimentar al señorito o a la señorita de turno nunca han ido conmigo.

No tiene mérito alguno. Simplemente me pasa como si me pusieran ahora mismo delante una ecuación de segundo grado: no me sale. Mucho tiene que ver el haber tenido que chapotear entre tantas babas en Congreso, Senado, parlamentos regionales o ayuntamientos. He conocido casos de metamorfosis que dejan a Kafka como un aficionado. Gente con una capacidad de adaptación al medio que asombra de tal modo que le vale una cosa y la contraria siempre que medie una nómina o la expectativa de un cargo de medio pelo. Algo tan legítimo como abierto a la objeción.

De entre estos tradicionales saraos acaso el que hoy se celebra en lo que llaman Cámara Alta para conmemorar el aniversario de la Constitución sea uno de los más paradigmáticos. Tengo, a mi pesar, años más que suficientes para valorar el punto de inflexión que supuso en la historia reciente de este país lo que llaman Carta Magna. Y creo que también tengo razones fundadas para defender que este año hubiera sido mejor que quienes la exaltarán con brío se hubieran ido de pic nic a pesar de la rasca.

Hoy ofende más que nunca su elogio cuando el derecho al trabajo se convierte en utopía para millones de ciudadanos, cuando el acceso a una vivienda digna es desalojo y patada en el culo de familias enteras, cuando lo que se llama estado aconfesional es un parque temático para solaz de los obispos o la educación o la sanidad pública se arrastran por el lodo indecente de los negocios privados. Por tanto, hoy, en día tan señalado, qué menos que gritar todos a una ‘métanse sus actos por el esfínter’. Es decir, por el mismo sitio que se pasan la Constitución cuando les interesa salvo cuando hay que pagar a los bancos por encima de todas las cosas que es cuando es sagrada de verdad. Un saludo fraternal.

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