Campañas, por Javier Astasio



Definitivamente, no les gustamos. No les gustamos, ni les gusta que les hayamos dado la espalda en las urnas o, mejor dicho, que hayamos dejado de dársela a la democracia, porque consentir durante tantos años que el hacer o deshacer en la vida de los ciudadanos fuese sólo cosa de dos era darle la espada a la democracia. Lástima que, para darse cuenta, algunos hayan tenido que sufrir tanto.
No sé en que acabarán todas las ilusiones puestas por los ciudadanos en este cambio que, la noche de las elecciones, por primera vez sacó a la gente a la calle para celebrarse a sí misma en plazas y parques. No sé si el golpe de estado, político y financiero, que a marchas forzadas está preparando la derechona acabará estrangulando las esperanzas de cambio de quienes votaron a una izquierda, no radical, sino distinta, una derecha de gente que no está en política por asegurarse un puesto de trabajo y, de paso y si se puede, hacer fortuna. Sinceramente, no lo sé. Lo que sé es que lo van a intentar y que para que no tengan éxito es preciso que estemos más vigilantes que nunca y que desconfiemos de mucho de lo que nos cuentan los medios.
Es mucho lo que hay en juego y es mucho lo que nos jugamos y lo que se juegan. Por ejemplo, bastó que la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, propusiese que la limpieza de los colegios públicos de la capital pasase a autogestionarse por cooperativas de "madres", para que empresarios, sindicatos, colectivos feministas y opinadores en general se echasen sobre ella a veces con crueldad. Lo de los empresarios, que llevan años haciendo caja con las subcontratas encargadas del servicio, pagando a sus trabajadores, la mayoría mujeres, por cierto, sueldos de miseria y gastando lo mínimo en material y productos de limpieza, hasta el punto de que nadie dejaríamos entrar en nuestras casas las fregonas con que se lavan los suelos en que juegan los niños, es lógico decía que estos señores que se hacen de oro con gente desincentivada y desgraciadamente acostumbrada a cubrir el expediente. Es lógico, si me apuráis, que los sindicatos que han ido tragando un y otra vez con la degradación laboral de ese sector, se levanten ahora que están en pleno proceso electoral, gastándose en cuñas y anuncios de sus candidaturas un dinero destinado a la defensa de los trabajadores, al fin y al cabo también se están jugando su pan. Sin embargo, las críticas feroces de ese feminismo de papel que demasiadas veces paga y casi siempre a mujeres para que limpien sus casas, eso, lo entiendo menos,
Quiero entender que la idea de Carmena, convenientemente corregida la palabra madres por padres, tiene mucho sentido. En primer lugar el de corresponsabilizar a los padres de los alumnas en la tarea y, sobre todo, en lo resultados. Pero no sólo eso, porque, de alguna manera, el dinero gastado en esa tarea se quedaría en el barrio, más de una familia encontraría en ella unos ingresos extra y, sobre todo, se garantizaría la higiene necesaria para sus hijos.
Tal parece que diga lo que diga Manuela Carmena y, no digamos, haga lo que haga, habrá una "armada invencible", una "acorazada de picar", como llamaba el genial Joaquín Vidal a quienes a caballo trituraban a medida del miedo del diestro a los toros en Las Ventas, lista para triturar cualquier iniciativa del equipo del nuevo ayuntamiento. Polémicas creadas sobre frases tomadas al vuelo o descontextualizadas, tanto de la alcaldesa como de cualquiera de sus colaboradores, hechos y frases presentes y pasados que se manosean de portada en portada, de tertulia en tertulia o de barra de bar en barra de bar.
Esa prensa, con el ABC a la cabeza, ya lo hizo con aquel "catastrazo" frustrado, con el que Leguina pretendió sin éxito que El Corte Inglés pagase las mismas tasas que sus vecinos pensionistas o con las farolas de la Puerta del Sol que Juan Barranco tuvo que retirar. Asuntos que parecen nimiedades, pero que poco a poco minaron la imagen de uno y otro para dar paso a  los que durante un cuarto de siglo han abusado de nosotros.
Desde que el 24 de mayo cayeron en la cuenta de que habían despertado de su orgia de corrupción y poder, se pusieron en campaña, una campaña poderosa en la que nosotros jugamos un importante papel: si rompemos la cadena, parando y poniendo en su sitio a los emisarios, estaremos a salvo, si no, si nos sumamos a la cadena, estaremos perdidos.


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