Cambios, resignación y jóvenes sin trabajo, por Josune Murgoitio (@josmurgui)

Se percibe un nuevo parón, en cuanto al trabajo, y la alegría de las personas y las expectativas de las personas, y cómo las personas se relacionan. Se perciben muchos cambios. Se percibe cierta preocupación, ya no hay tantas quejas, parece que la resignación se ha instalado ya. Es un concepto peligroso: pérdida absoluta en la confianza hacia el estado. Hace ya algún tiempo ¿no? cuando los bancos empezaron a echar a las personas de las casas de los bancos, cuando en los hospitales no hay sitio para todos, cuando a las universidades se les limita el sustento, cuando los científicos no tienen ni para sustentarse y cuando los artistas… será que somos más de vino y cigarrito -ironía, en realidad, nos matamos a trabajar- y toda la vida nos ha ido mal.

En un paso rápido por Madrid, me ha llamado muchísimo la atención el cambio que ha sufrido la ciudad, no sé si un cambio para bien o para mal, un cambio que es lógicamente el cambio en Madrid, el cambio de Madrid, el cambio reflejo de la sociedad que en ella trasncurre, pero cambio es. Se percibe en el mismo ambiente, en las conversaciones de las personas, en los mismos edificios. Creo que en Euskadi andamos, en términos de crisis mal también, pero la sociedad vasca es mucho más tradicional y ahí le veo un aspecto positivo, y esto es fuerte que lo diga yo que siempre he sido muy crítica con Euskadi, pero percibo una mayor normalidad en Euskadi que en Madrid. ¿Es casualidad que existan tantas cafeterías al estilo de lo antiguo y que la nueva moda vintage se haya instalado? Parece que ya no sabemos ni a qué agarrarnos.

vaso y cielo

Me llama la atención cómo en España hay una superposición de muchos asuntos en la actualidad: el asunto del franquismo empieza a moverse, con lo inamovible que parecía, la cuestión del Valle de los Caídos, eso supondrá muchas cosas. Quizás la crisis económica haya abierto el camino. El asunto de la economía, el asunto de no tener trabajo, y el asunto del futuro. Pasado-presente-futuro. El asunto de la corrupción, y sin embargo, el asunto de la paz, que tan callado está.

Y me llama la atención que en este contexto de crisis económica, crisis social, ¿crisis de la identidad? a determinados futbolistas ricachones se les escabullan el pago de impuestos, y a determinadas personas que ejercen el oficio de gestionar el país, se les ocurra que salir a las 18.00 horas del trabajo es conciliar trabajo y vida. Para conciliar trabajo y vida, primero hay que tener trabajo. Y ¿puede en realidad conciliarse a partir de las 18.00 horas?

Mientras tanto, los de abajo andamos:

“Cuando vuelva estaré en paro”, me dijo E. que trabaja en una Universidad de Inglaterra, por obligación de irse del país, ante la imposibilidad de encontrar trabajo en España de lo suyo. Es increíble y penoso cómo la crisis arrasa con la vida de las personas. “No estáis acostumbrados a no tener trabajo”, le decía el otro día a una persona de cierta edad, estupefacto porque nunca en su vida había sufrido la crisis que estaba sufriendo en su empresa, no iba nadie, no generaba ingresos, ¿cómo pagar? y no sabía cómo reaccionar. “No sé lo que es no tener trabajo”, admitió. Me quedé helada. De qué estamos hablando, por Dios.

Benditos parones para los de abajo y bendita impunidad para los de arriba.

La impunidad además es un término tan antidemocrático, es tan malo, es tan antinatural para una sociedad sana.

Para muchos jóvenes, los que nacimos en la era de las oportunidades, y al acabar la carrera nos instalamos, por obligación, en la era de ‘dedícate a abrir puertas a ver si encuentras camino’, una de las  alternativas es irse del país o si no a buscarse la vida. Después llega la canción de Navidad: vuelve a casa vuelve, vuelve a tu hogar… Me impactó mucho el haberme impactado de que una familiar en Turquía, al acabar la carrera en julio, a principios de septiembre estaba ya trabajando, como orientadora y psicóloga, sin haber hecho prácticas: un poco hablar aquí, un currículum allá y  listo. Ostra, me quedé alucinada de mi propio alucine: me sorprendí de la capacidad tan rápida para encontrar un trabajo. Aquí en España ese tipo de casos se han vuelto anómalos: o tienes un buen contacto -benditos contactos, esos sí que son benditos- o tienes suerte o te toca esperar-abrir puertas-ventanas-ventanallitas-encontrar aquí-hallar allá y muchaa paciencia.

Pero ya se sabe, y creo que es cierto, que en España como en ningún lugar, y esto no es una postura nacionalista, quizás sí relativista, eso seguro que sí, pero es cierto que en comparación con otros países España tiene más alegría, a pesar del desazón.

Cuando España se complica y hay que marcharse

G. ha encontrado un trabajo en París y está contento, M. le acompaña: necesitaban un cambio de aires, otros aires, a veces pasa. Nadie va a dudar de que vivir en el extranjero es toda una experiencia: aprendes a desenvolverte en el mundo, adquieres confianza, aprendes de otras culturas, comparas la tuya con las otras.L. se agobió de no encontrar nada en España y se fue también. A. dice que si la cosa no le sale bien pues que también se irá. S. se mudó a Dinarma y encontró en apenas dos semanas (más rápido aún que la familiar turca) en Trendhim, tenía muchas ganas de estudiar en el extranjero, consideraba que “sus posibilidades” no podían ser iguales en España, y ella está contenta, y tiene un buen trabajo. Y… ¿hubiese sido de esa manera en España?

He ahí el matiz. Irse del país por considerar que España no ofrece las mismas posibilidades, no porque una lo haya elegido por propia voluntad, que no hablo del caso particular de S., que soy consciente que su sueño era estudiar y trabajar fuera del país, si no la tendencia existente a interiorizar que el país que te ha determinado como persona no podrá determinarte más en todo tu potencial. Porque el trabajo tiene una gran influencia en la vida. Un problema es también una oportunidad, eso también se sabe. No sé cómo podría gestionarse, pero está claro que debe de gestionarse de determinada manera, y para bien. Es anormal ver cómo los jóvenes necesitamos ayuda para poder irnos de casa, porque las condiciones laborales no son buenas, porque entras y sales cuando quieren, y además no les sale caro. Es anormal que haya gente que se pasee por Madrid con sus aires de “tengo mucha pasta” y que existan personas por otro lado que no lleguen a fin de mes. Eso es violencia pura y dan ganas de vomitar.

 

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