Cambio de chip, por Carlos Matías (@carlosmatiasb)

Alguien, en algún lugar, ha descubierto por mera casualidad que un chip puede modular el gusto del hombre por la música. Que tomen nota los partidos políticos, especialmente los que se han dado los mayores batacazos tras las últimas elecciones europeas. Si quieren ilusionar y convencer a los ciudadanos, tendrán que cambian el chip.

Perdonen que no sea más concreto, pero lo del descubrimiento casual lo he escuchado en la radio del coche mientras conducía y no era cosa de ponerme a tomar nota. La cuestión es que a un individuo al que no le gustaba la música le implantaron un chip en el cerebro y cuando salió del hospital escuchó a un cantante y casi “enloqueció” (dicho esto coloquialmente). Se afanó en localizar todos sus discos hasta la obsesión, los compró sin reparar en gastos y no paró de escuchar sus canciones una y otra vez… hasta que volvieron a intervenirle, le extrajeron el chip implantado y volvió a sentir por el cantante en cuestión (y por la música en general) el mismo entusiasmo que Esperanza Aguirre por un agente de movilidad urbana o que Alfredo Pérez Rubalcaba por unas primarias.

Extrapolando lo extrapolable y salvando todas las distancias, lo que parece haber quedado claro tras las recientes elecciones europeas es que el personal no está para demasiadas gaitas. No hay entusiasmo. A la clase política, sea del color que sea, se le ha acabado el tiempo para retomar el pulso ciudadano: o espabila y se pone las pilas, o lo perderá por mucho tiempo. Vamos, que necesita cambiar el chip antes de que lleguen nuevas elecciones, sean locales, autonómicos o generales.

Un cambio de chip es lo que reclamamos los votantes. Un cambio de chip para que los políticos se dejen ya de calandracas y no nos digan más que “los sueldos han subido moderadamente”, por ejemplo, porque cualquiera de nosotros, al escucharlo, podríamos preguntarnos “¿dónde? ¿En qué país?”

Cristóbal Montoro fue el perpetrador de tal afirmación y, aunque él nos respondiera “¡en este país, hombre, en éste!”, nosotros re-preguntaríamos “¿en el Este?” pensando ya en emigrar a la China, porque al paso que vamos empieza a ser verosímil que hasta allí tratan mejor a los trabajadores. “¡No, hombre, no!”, replicaría Montoro: “¡en este país! El de las maravillas”.

Ahora nos dicen que España está saliendo de la crisis; que vamos a crecer por encima de la media europea… ¿Les suena..? ¿Recuerdan cuando nos decían que íbamos a estar en la Champions League de la economía de Europa, por encima de Italia, Francia y hasta por delante de Alemania..? Pues eso.

Aunque las letras cambien y los cantantes también, siempre nos están tocando las mismas músicas “celestiales”, aunque para muchos el día a día sea un auténtico infierno.

Sí, que cambien y que lo hagan ya sin más demora. Que en el PP se dejen de falsas autocomplacencias –que, por otra parte, no se creen ni ellos mismos–, jactándose de haber ganado a pesar de estar en el Gobierno. Y que los socialistas se decidan de una vez a aclarar su papel, su programa, sus objetivos y sus líderes. Que pregunten a la militancia qué quieren, cuál es su proyecto para España. Se está hablando sin cesar de la debacle del bipartidismo y ellos a lo suyo, enzarzados en sus disputas para seguir controlando “el aparato” y que no les quiten el momio.

Me pregunto qué habrá sido del individuo al que operaron por segunda vez para quitarle el chip que le habían implantado y al que dejó de gustarle la música. ¿Qué habrá hecho con tanto disco que ya no quiere escuchar? Me lo pregunto, porque a nosotros puede ocurrirnos lo mismo con tanto discurso político que suena como un disco rayado.

 


Carlos Matías es periodista y 'web-xplorador' de la Nueva Comunicación digital de las personas, emprendedores, profesionales, pymes y microempresas.
Editor de TusMedios.es

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