Caínes, por Gabriel Merino

(Del blog A mí me obligaron, de Gabriel Merino)

Aquí siempre estamos igual. Desde tiempos de Viriato. Si es que no aprendemos.

Hace años escribí un poemario llamado “Adán” en el que, a partir de la anécdota de la primera familia humana que nos refiere el génesis analizaba la envidia, el sexo, la necesidad de trascendencia, el papel de la mujer, la necesidad de dar la talla a las expectativas que se ponen en ti, el favoritismo, la paternidad y otros temas. Pero, a lo que iba: a mí Caín –que en el fondo, si nos atenemos a la Biblia, seria nuestro antepasado común, el de todos- se me hacía un tío currantón, necesitado de reconocimiento y atónito por el favoritismo no sólo de dios sino de sus propios padres humanos por un hermano al que poco menos que le llovía el maná del cielo y le araban los ángeles el campo como a San Isidro, mientras a él le salían callos como cangrejos.  La cosa es que yo a Caín, si no le entiendo lo de cargarse al hermano a quijadazos, al menos sí puedo disculparle –y le entiendo perfectamente- lo de esa envidia atónita y proletaria del blando de Abel. Igual que digo, ya metidos en harinas bíblicas, que el padre del hijo pródigo me parece un peligroso favoritista parcial,  matando a su mejor cordero para recibir a ese hijo que siempre había pasado de él como de comer mierda mientras que al que apencaba en casa, ni puto caso.

La cosa es que hoy se ha muerto Fraga y leo cosas de todo tipo, según de dónde vengan. Como –me imagino-el día que se muera Carrillo. Y me doy cuenta de que aquí no aprendemos: todo el día con el “Y tu más”. Por supuesto que yo estoy a favor de la memoria y no de estar en contínuo revisionismo para hacer de nuestros libros un plácido vergel de entendimientos políticamente correctos, pero me sorprende lo fácilmente que entronizamos y beatificamos a nuestros correligionarios con la misma saña con la que damos estopa sin tregua a los que son de la otra parte. Es muy de aquí. Cainismo puro. Y así nos ha lucido el pelo.

Mira. No pensaba volver al blog hablando de Fraga y Carrillo. Lo cierto es que siendo políticos antitéticos en ideas, son de esa raza de dinosaurios políticos cuya convicción les ha condicionado la vida. Los detractores sacarán –una vez más- lo de Paracuellos o “la calle es mía” y los comulgantes les tendrán por padres de nuestra democracia y nuestra constitución.  Si en algo les respeto respecto a esta mierdera raza de polítiquillos del siglo XXI que se hacen igual a una camisita que a un canesú es que han sido gente de convicción. Que en 90 años de vida han maniobrado para delante y para atrás para adaptarse a las circunstancias, pero no han renegado de nada para conseguir otra legislatura ni pensaban en ser políticos para tener una gloriosa jubilación a costa de un escaño. Y que pueden haber sido incómodos y radicales desde su perspectiva política, pero que nadie les ha bajado del burro.

Genio y figura. Sólo por eso, mis respetos, Don Manuel. Los mismos respetos que le tengo a Don Santiago. A pesar de la ley Fraga. A pesar de que jamás de los jamases se me ocurrirá votar al partido del que usted tenía la presidencia de honor, que ahora -¡ay!- quedará en manos del del bigote.  Pero eso… ya es otra historia.

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