Cagarse adentro, por Javier Astasio

 
Vino al Madrid cargado de prestigio, con unos cuantos títulos a la espalda y, sobre todo, con la orla y la medalla de haber apeado de la Champions League al Barcelona, algo que, e, pesan el imaginario de los seguidores blancos, pesa como toda una carrera. Vino, no con el encargo, ni con la promesa -en el Real Madrid son así- sino con la certeza de que, con él, se conseguiría la décima liga de campeones, pero se va por la puesta falsa, tras haber ganado una sola liga y una copa del rey, poco equipaje para quien venía a resucitar las marchitas glorias del Real Madrid.
Se va habiendo cerrado un acuerdo con el Chelsea, mientras todavía es entrenador del equipo que creyó en él y puso todo a su disposición: plantilla, fichajes y desfichajes. Porque, para que Mourinho fuese feliz en el club, le dieron todo el poder y la gloria, allanando su camino triunfal quitando de en medio, por ejemplo, a Jorge Valdano. Se va con las manos casi vacías y después de haber provocado el mayor cisma de la historia del club y de haber dejado en el mayor de los ridículos al cursi de su presidente que se cansó de vender pieles de osos que ya nunca se cazarán con el portugués. Pero un tipo tan asocial y malencarado como el todavía entrenador del Madrid no puede marcharse del club asumiendo el fracaso. Por eso, antes de irse ha comenzado a echar basura sobre quienes en cierta manera le salvaron la cara en partidos mal planteamientos, que, sin los goles de Cristiano Ronaldo o las intervenciones milagrosas de Iker Casillas, se hubiesen contado por derrotas.
Más de uno podría pensar que se equivocó cuando, esta semana, dio la rueda de prensa salvaje en la que apareció sin llevar encima símbolo alguno del equipo que aún le paga, y como, dando estopa a diestro y siniestro y echando por tierra alguno de los iconos indiscutibles del equipo. Pero no hay peligro, el egoísmo paranoico de Mourinho no se lo hubiese permitido. Mourinho no hablaba para los seguidores del Madrid que ya no le preocupan. Mourinho estaba justificándose ante sus nuevos jefes en el Chelsea, sin importarle el daño que estaba haciendo a sus todavía jugadores y a su equipo.
Mourinho ha sacado el peor partido posible de una excelente plantilla, salpicada con algún que otro fichaje hecho a su gusto y fracasado porque no valía lo que costó o no supo utilizarlo. Mourinho ha dirigido al Madrid como el patán que es, jugando a la defensiva en los momentos clave y perdiendo o empatando partidos que, de haber planteado de otro modo, habría ganado. Ayer, sin ir más lejos, su equipo recibió de un equipo de menos nivel, como es el Valladolid, y se salvó de una derrota gracias a dos goles de Cristiano, que le salvaron y con alguna buena parada del pobre Diego López que, en cada partido y gracias a Mourinho, comparte la portería con el fantasma de Iker Casillas.
Antes del partido Iker y Cristiano fueron ovacionados con la misma intensidad con la que Mourinho fue abucheado. Pero a él no le importa. Es un mercenario al que, estoy seguro, nunca le ha gustado ese juguete carísimo que Florentino puso en sus manso y que ha dejado severamente descompuesto. Lo suyo es lo que hizo, emular al monje del chascarrillo, que, como se va del convento, se caga dentro. Malos modos de un mal entrenador.
 

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