Cabreo diplomático, por @CarlosPenedoC

De FAES a embajador en Viena. De gritar “catalanes de mierda” a cónsul en Australia. Una carta de ocho embajadores veteranos alerta de la deriva partidaria que está tomando la política de nombramientos diplomáticos en Exteriores en un momento clave política y económicamente para nuestro país

Carlos Penedo. Artículo publicado originalmente en Estrella Digital.
 
S.M. el Rey recibe al alto comisionado para la Marca España,
Carlos Espinosa de los Monteros, en julio de 2012 (Foto: web MAEC).
Exteriores se enfrenta a no pocos desafíos en un momento en que crece la disensión interna entre el cuerpo diplomático. El caso del veto reiterado al diplomático Juan Pablo de Laiglesia, los nombramientos sorprendentes o la vacuidad de Marca España (sin presupuesto), se juntan a la campaña por una silla en el Consejo de Seguridad de la ONU y los retos políticos y económicos de nuestro país en el exterior.
El cuerpo diplomático anda revuelto. La causa: una política de nombramientos de puestos diplomáticos con claros indicios de discriminación ideológica y evidente discrecionalidad no argumentada. El caso más reciente afecta al diplomático Juan Pablo de Laiglesia, ex alto cargo en Gobiernos PSOE, vetado en dos ocasiones directamente por el ministro para puestos profesionales en Roma y Buenos Aires. A lo anterior se suma una nueva ley de acción exterior discutida, junto con iniciativas discutibles como la Marca España o el abandono del Plan África. En este marco, el Gobierno está en plena campaña de promoción para lograr una silla en el Consejo de Seguridad de la ONU para el bienio 2015-16.
A los dos meses de la toma de posesión de Rajoy, el Consejo de Ministros cambió de una tacada a 46 embajadores, los destinados en la práctica totalidad de organismos internacionales y en las principales capitales europeas. Aunque el nombramiento de embajador entra dentro de la absoluta discrecionalidad del ministro, es menos normal que en algunos casos se quedaran países sin embajador, por cesar al titular antes de pedir el plácet sobre su sucesor al país anfitrión (ocurrió en Argentina y Bélgica), que se cesara a embajadores con escasos meses en el puesto (Roma) o a punto de la jubilación.
Las alarmas saltan cuando se trata de puestos no catalogados por el propio Ministerio como de alto perfil político, que en las últimas tres décadas se han venido cubriendo por los requisitos de cada destino, por méritos de los candidatos, experiencia acumulada y casi en exclusiva con el criterio de la Junta de la Carrera Diplomática, que emite un dictamen –preceptivo pero no vinculante- al ministro con los diplomáticos más adecuados a cada puesto.
En dos años consecutivos el ministro García-Margallo ha vetado directamente el nombramiento de Juan Pablo de Laiglesia, como así proponía la Junta por su antigüedad y experiencia, para los puestos de cónsul general en Buenos Aires en 2012 y en Roma en 2013. De Laiglesia es uno de los diplomáticos españoles con más experiencia –cuatro décadas-,  que ha ocupado también cargos de responsabilidad política como secretario general de la cooperación española –AECID-, secretario de Estado para Iberoamérica, de Asuntos Exteriores y embajador en Naciones Unidas, de donde fue cesado a la llegada del PP al Gobierno.
Imagen utilizada por Exteriores para promocionar la
candidatura de España al Consejo de Seguridad de la ONU.
El afectado tiene presentados tres recursos ante la Audiencia Nacional por el veto del ministro, alegando la violación de derechos fundamentales.
ESTRELLA DIGITAL ha hablado con diversos diplomáticos en activo -prefieren el anonimato para evitar consecuencias-, que trasladan descontento y desconcierto en la carrera, y hablan de “purga” tanto de embajadores como de otros niveles inferiores como subdirectores, ocupados por diplomáticos y por funcionarios de otros cuerpos.
Sin riesgo para su presente y futuro profesional, un grupo de ocho experimentados embajadores ya jubilados -Pedro Bermejo, Fernando Perpiñá-Robert, Nicolás Martínez-Fresno, Juan Antonio Yáñez-Barnuevo, Carlos Miranda, Francisco Villar, Eudaldo Mirapeix, Juan Manuel Romero de Terreros y Jorge Dezcallar-, con responsabilidades profesionales y políticas tanto bajo Gobiernos del PSOE como del PP, han hecho pública esta semana una carta de protesta por el caso De Laiglesia –“un veto injustificado”, lo han calificado-, que consideran además que “afecta al Servicio Exterior, la buena marcha de la Administración y la propia imagen de España”. “Con este veto reiterado –añaden-, se violenta y desnaturaliza el sistema instaurado durante la transición con el propósito de deslindar los nombramientos para cargos que requieren también criterios políticos de los demás puestos”.
El principal responsable de la política de personal del Ministerio es el subsecretario, Rafael Mendívil, alto cargo en la época de Aznar y también nombrado por el socialista Moratinos embajador en Polonia, embajador en Misión Especial para Afganistán y embajador en Bulgaria.
Una segunda derivada de la actual política de nombramientos en Exteriores es la salida de numerosos diplomáticos al servicio europeo de acción exterior, el nuevo cuerpo diplomático de la UE, fenómeno que tiene una faceta positiva, el incremento de españoles en organismos internacionales, y la negativa de su motivación, la falta de perspectivas profesionales en la diplomacia española por criterios discutibles en los nombramientos.
Con la casi única excepción de Federico Trillo en Londres como embajador ajeno al cuerpo diplomático, los puestos de responsabilidad se cubren mayoritariamente por miembros de la carrera, aunque con ejemplos de afinidad política que lleva a saltarse la antigüedad y experiencia admitida como principal criterio de nombramiento.
El diplomático Alberto Carnero, ocho años en la Fundación FAES del PP entre 2004 y 2012, pasó con el nuevo Gobierno a la dirección del Gabinete del ministro y es hoy embajador en Viena, donde participó en julio de 2013 en una oscura operación que retuvo el avión del presidente boliviano Evo Morales por la sospecha de que pudiera esconder a Edward Snowden, ex analista norteamericano y filtrador. El embajador Carnero intentó entrar en el avión y el presidente boliviano le cortó el paso.

Marca España, operación de imagen

A finales de marzo el Boletín Oficial del Estado publicó la ley de la Acción y del Servicio Exterior del Estado (sic), aprobada exclusivamente con los votos del Partido Popular, que ha limitado la proyección exterior de las Comunidades Autónomas y está por ver su efectividad sobre la dependencia y coordinación del personal de Exteriores y Comercio en el exterior. La nueva ley cuenta con un hecho insólito como fue durante su tramitación la carta de oposición firmada por 363 diplomáticos en contra de su contenido.
Probablemente la iniciativa estrella de la política de Margallo es la llamada Marca España. “El Objetivo Marca España 2020 es afianzar una imagen de España como potencia económica y política entre los primeros países del mundo; una visión de país tradicional y moderno al mismo tiempo; sólido y solidario; diverso; flexible y abierto al cambio”, se autoproclama.
Recientemente desde Moncloa se difundió un comunicado autocomplaciente sobre la marcha de esta iniciativa, informe en cualquier caso reservado porque no se ha hecho público. Marca España es una operación criticada desde fuentes internas como exclusiva operación de imagen, como caso de publicidad previa al producto, imagen sin contenido. De hecho, no tiene presupuesto.
La Marca España fue noticia hace ahora nueve meses por causas ajenas a su contenido, concretamente porque  su número dos –adjunto al alto comisionado-, Juan Carlos Gafo, insultó a los catalanes por Twitter: “Catalanes de mierda, no se merecen nada”, escribió como reacción a los pitos al himno nacional escuchados en la inauguración de los campeonatos del mundo de natación.
El ministro Margallo respondió con aparente indignación, aunque luego ha nombrado a Gafo cónsul general en Melbourne (Australia), donde quizá se encuentre con algunos de los siete millones y medio de españoles a los que descalificó.
La política de imagen con la Marca España tiene su continuidad y complemento con otra campaña de imagen, en este segundo caso con el objetivo concreto de que España sea elegida el próximo octubre para ocupar un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para el bienio 2015-2016.
Con ese fin el Gobierno Rajoy ha elaborado documentación y argumentos donde utiliza la participación española en operaciones de paz de Naciones Unidas como Líbano, puesta en marcha por Moratinos en 2006 y reducida a la mitad durante el mandato de García-Margallo y Pedro Morenés; y también se utiliza la ayuda española al desarrollo, reducida en un 70% desde su máximo con Zapatero hasta el actual 0,16% del PIB, lo que sitúa el esfuerzo a niveles de 1990.

Plan África abandonado con África como prioridad

Imagen utilizada por Exteriores para promocionar la
candidatura de España al Consejo de Seguridad de la ONU.
El continente africano se ha convertido en una prioridad política para España principalmente como consecuencia de la crisis de los cayucos de 2006, una presión migratoria que llevó sólo en ese año a 40.000 inmigrantes a nuestras costas. Pese al alarmismo actual con Ceuta y Melilla, la llegada de inmigrantes en situación irregular hoy es la décima parte que entonces.
El Gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero impulsó en aquel momento el denominado Plan África, que movilizó recursos económicos –presupuestados y reservados-, abrió nuevas legaciones diplomáticas y estableció una actividad española en el continente desconocida.
El Plan África fue aparcado por Rajoy recién llegado a la Moncloa, no así el interés por el continente, que continúa aunque aparentemente centrado ahora en la participación militar en operaciones. El protagonismo ha pasado en esta legislatura de Exteriores a Defensa: con la reducción del contingente en Líbano a la mitad y el repliegue mayoritario de Afganistán, la participación militar de España en operaciones en el exterior se centra ahora mayoritariamente en Senegal-Malí, Gabón-República Centroafricana, Yibuti-Somalia, con medios aéreos de apoyo en los primeros países y contingente en los segundos, en total alrededor de 600 militares que alcanza el millar cuando se concentran, como en la actualidad, medios embarcados en el Cuerno de África por operaciones de la UE y de la OTAN.
Pese a la clara decisión política de intervenir en esos escenarios, en el Plan Anual Exterior de la Marca España 2014 Exteriores menciona únicamente como países prioritarios de actuación a Argelia, Marruecos y Sudáfrica. Fuentes diplomáticas indican que, tras dos años perdidos, Rajoy ha vuelto a ordenar que se elabore un nuevo Plan África que sirva de paraguas a lo que ya se hace sin Plan.
Al margen del corporativismo de todo gran gremio profesional, las últimas decisiones de personal del Ministerio de Exteriores, en opinión de algunos diplomáticos, puede mandar el mensaje equivocado a la carrera de que los criterios profesionales son más débiles que los de afinidad política, que la asunción de cargos de responsabilidad política pueden tener consecuencias negativas futuras, que la discrecionalidad del ministro alcanza al destino del millar de diplomáticos españoles.
José Manuel García-Margallo es un político de larga trayectoria, diputado ya por Melilla en los 70, que cuenta con la absoluta confianza de Mariano Rajoy, presidente nada aficionado hasta el momento a hacer cambios en el Gabinete. El ministro ha tenido intervenciones polémicas en los últimos meses por su implicación en el contencioso soberanista de Cataluña –llegó a proponer una reunión bilateral con Mas-, por el símil de este asunto con Crimea, por el conflicto de Gibraltar, activado periódicamente sin que se conozcan avances políticos durante su mandato. El cabreo añadido del colectivo de funcionarios que gestiona añade tensión a su ejercicio en el cargo, lo que distrae esfuerzos en favor de la relevancia política de España a nivel internacional.
Cuentan en el Ministerio que en enero de 2012, en un acto de toma de posesión del nuevo equipo, el ministro García-Margallo presumió de que “el mérito y la capacidad son valores burgueses que rescato. Cualquiera que trabaje será recompensado”. La realidad de algunos casos concretos parece contradecir su disposición inicial.

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