Bruselas, terrorismo, palabras, por @CarlosPenedoC

Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.
Escaparate de un comercio en el centro histórico de
Bruselas en octubre de 2015. / Fotos: PND
Los atentados terroristas, más allá de la onda expansiva física, producen un silencio irrespirable.
Ahí suelen aparecer políticos, periodistas, analistas, obligados a opinar en caliente, con solemnes declaraciones de condena cuya principal función es llenar ese vacío, poner palabras al dolor colectivo, al margen de su significado, y se agradece.
Escuchamos que los atentados de Bruselas o de cualquier otro lugar europeo quieren acabar con nuestra forma de vida, nuestras libertades y nuestros valores, sin especificar. Estirando el argumento, los recientes atentados en Pakistán o Irak perseguirían acabar con el sistema político-social paquistaní e iraquí; y no tiene sentido que organización terrorista alguna persiga esos variados objetivos todos juntos, destruir media docena de sistemas políticos y un abanico de valores diferentes al mismo tiempo.
Los valores y derechos que identificamos como europeos si son universales es necesario defenderlos en cualquier punto geográfico, ya sean atacados en Abiyán, Lahore o Bruselas.
La realidad es que el terrorismo -de cualquier tipo- busca aterrorizar civiles matando víctimas civiles con un objetivo político de fondo, y en este último caso el fin no parece ser acabar con la Unión Europea o la democracia belga, el terrorismo yihadista persigue desestabilizar gobiernos de países islámicos y en su estrategia incluyen internacionalizar el conflicto con acciones de gran repercusión mediática en países occidentales.
Por mucho dolor y muerte que causen, no corre peligro la democracia en Europa, salvo que se acumulen los errores y el recorte de libertades en la reacción, léase por ejemplo el control generalizado de las comunicaciones personales que hasta la fecha no ha demostrado eficacia alguna en la lucha antiterrorista.
Abundan los políticos expertos en describir minuciosamente el problema, que no su solución 
No es éste ni ningún terrorismo una amenaza existencial para Europa y es muy significativo quienes desde el mundo de la seguridad y la defensa, opinadores recios hablando de buenismo, se agarran al terrorismo como el gran enemigo, equiparable a los nazis -a quienes España envió 50.000 esforzados combatientes, para ayudarles- o la URSS, que tanto se echa de menos como contrincante.
Inciso: las estrechas conexiones entre los atentados de París y Bruselas reducen el tamaño de la amenaza y el número de quienes nos amenazan, son menos y algunos incluso emparentados, abundan los hermanos, lo que por otra parte dificulta su localización.
"Estamos en guerra", se proclama insistentemente desde el Gobierno francés y ya se suma el belga, y envía el primero un portaviones tras los atentados de París a Oriente Próximo y el segundo anuncia cazas contra el Dáesh. Ni los medios militares contra el terrorismo han mostrado eficacia ni tanquetas y militares por la calle han evitado los ataques en Bruselas.
Asimismo en esta amenaza mundial que es el terrorismo yihadista hay algún elemento compartido entre explosiones en Pakistán, Costa de Marfil, Turquía y el corazón de Europa, aunque también hay que tener en cuenta siempre explicaciones locales, que en los casos más cercanos apuntan a la convivencia multicultural, exclusión social y eficacia policial escasa.
La ineficacia y la nacionalidad de los terroristas en los últimos casos son principalmente belgas y franceses. Los belgas viajados a Oriente para hacer el yihad armado multiplican proporcionalmente por 20 los salidos desde España; y los triplican en números absolutos.
Otro acercamiento al fenómeno puede sugerir que no es obligada la coincidencia entre los objetivos de una organización terrorista o de su cúpula con las motivaciones de sus miembros que se revientan en un andén del Metro. Por poner otro ejemplo, no es imprescindible que coincidan los intereses a corto y largo plazo de Bankia y su presidente José Ignacio Goirigolzarri con las motivaciones diarias de los empleados de la entidad hoy pública o de sus clientes cuando entran en la sucursal.
En los días posteriores a los atentados de Bruselas ha sido reconocido por los propios ministros de Interior de la UE descoordinación e incumplimiento de compromisos de actuación anteriores. El titular español de esta cartera declara que "no hay mal que por bien no venga", extraña manera de señalar que lo que no han sido capaces de poner en marcha hasta el momento lo van a hacer tras los últimos 32 muertos en suelo europeo.
No corre peligro la democracia en Europa, salvo que se acumulen los errores en la respuesta 
Abundan los políticos de diversas formaciones expertos en describir minuciosamente el problema, que no su solución, y en esta línea encontramos a los responsables de nuestra seguridad.
En el ámbito doméstico, otra consideración. El Gobierno Rajoy, a lo largo de la legislatura, ha ido completando un sistema de seguridad nacional, donde existe un Consejo y un Comité de Situación como órganos centrales en la coordinación de la información y toma de decisiones.
Sin embargo, el Gobierno en funciones tras Bruselas convoca el Pacto Antiyihadista, de nula capacidad operativa, y se desprecia el sistema creado por el mismo Gobierno.
Los últimos acontecimientos han despertado además la vieja tendencia a la utilización partidista del terrorismo por parte del Partido Popular y Ciudadanos, tratando de arrinconar a Podemos y pulverizando los hipotéticos beneficios de una escenificación política unida contra la amenaza.
Asistimos a palabras que llenan un vacío; a análisis prefabricados que se publican independientemente de lo que ocurra; siempre a la utilización política del terrorismo; y a decisiones de los Gobiernos que no tranquilizan.
Las palabras de quien quiere llenar el vacío, de quien quiere analizar el fenómeno con más o menos acierto y de quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones en la materia nos llegan mezcladas.
"Palabras más, palabras más, palabras menos", cantaban Los Rodríguez, siempre bienvenidas, diría yo, y acompañadas por quien tiene hoy la responsabilidad de tomar decisiones políticas de la utilización del sistema de funcionamiento creado y las explicaciones convenientes en el Parlamento, por aquello de la pedagogía y la rendición de cuentas.
Desconfiemos de quien aparenta guardar la solución al terrorismo en el cajón de los cubiertos de la cocina.

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