Brasil 2014, ¿fiesta del fútbol o gran negocio?, por @FutbolRH

Si hay un país donde el fútbol se vive de manera especial, ese es, sin duda, Brasil. La celebración de un Mundial más de sesenta años después debería ser motivo de alegría, pero la particular situación socioeconómica que vive el país sudamericano lo llenan de interrogantes. ¿Para quién es esta Copa del Mundo?.
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"El Mundial y los Juegos han disparado el gasto público, la inflación y los servicios públicos".

on sus más de 200 millones de habitantes, Brasil es hoy la sexta potencia económica del mundo según reza el baremo del PIB. Una economía emergente que ha cimentado su crecimiento en los últimos diez años, desde la llegada al poder de Lula Da Silva. Importantes cambios económicos, reducción del paro y de la pobreza, han llevado al estado brasileño a un lugar bien distinto al que ocupaba no hace mucho. Y esto se ha visto respaldado por la concesión de dos eventos internacionales de la talla de una Copa del Mundo de Fútbol y unos Juegos Olímpicos que se celebrarán en Río de Janeiro en 2016.


Sin embargo, el pueblo no sonríe. Estos dos eventos han disparado el gasto público de forma alarmante, redundando en un incremento de la inflación y las tarifas de los servicios públicos. El pasado Junio, durante la Copa Confederaciones, buena parte del país se echó a las calle para protestar por ello. El detonante - el incremento de las tarifas de transporte de 3 a 3.20 reales, unos 7 céntimos de Euro - son sólo la punta del iceberg. Según versiones oficiales, el gasto en infraestructura para el Mundial se eleva ya a unos 13000 millones de dólares, y además, el goteo de casos de corrupción por sobreprecio en la construcción de estadios es continuo, como ocurrió con la concesión para la instalación de asientos del Arena Pantanal, rechazado públicamente por la Fiscalía. Incluso la propia Federación Brasileña de Fútbol (CBF), con su actual presidente José María Marin, y su antecesor Ricardo Teixeira a la cabeza y la FIFA de por medio, se ha visto salpicada por sospechas de corrupción.

Aunque Brasil esta hoy mejor que hace diez años, aún sigue habiendo cifras que marean: 44 millones de brasileños viven bajo la línea de pobreza, y más de 8 están en la franja de pobreza extrema. Y además, ahora la nueva clase media nacida de los años de crecimiento demanda unos servicios a la altura. Por eso, no es de extrañar que el fútbol haya pasado a un segundo plano ante el despilfarro y la corrupción de sus políticos. Seguramente veremos más protestas de aquí al inicio del Mundial el próximo 12 de Junio, aunque difícilmente eviten que los de siempre se lleven el dinero a manos llenas.

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