Bizness is bizness, por @albertina_navas

En Seúl comprobé, que el mundo es un pañuelo

CENA_TRADICIONAL1
Celebrando mi cumpleaños con el nuevo amigo Buyong Chang, en Seúl, y la Tía Nelly, noviembre 2011

albertina.navas@gmail.com
9 de noviembre, 2011. Aquello de que el mundo es un pañuelo es absolutamente cierto. Para muestra, este botón: justamente hace un año, mi Tía Nelly y yo llevábamos más de una semana en Asia y, luego de la deslumbrante prosperidad de Singapur y la pintoresca magia de Bangkok, Seúl nos estaba resultando decepcionante. No era fea, sino insípida; lo único que me sorprendía es que es la única ciudad en que había visto más Hyundai Tucsons que en Quito. 



Tras dos días en que ni la modernidad nos cautivaba ni la historia nos conmovía, nos perdimos. Ya habíamos experimentado de manera recurrente que, en Asi,a el inglés del ciudadano promedio era muy limitado, así que preferimos resolverlo solas. En medio de nuestra lluvia de ideas, nos interrumpió un ciudadano coreano y nos preguntó: ¿Les puedo ayudar? Así como lo leen, ¡en español! Si el inglés era limitado en Seúl, el español era nulo, por lo que ese era un escenario totalmente inesperado.


Enseguida, le comentamos nuestro dilema y nos dio instrucciones precisas para volver al hotel. Por supuesto no nos podíamos quedar con la curiosidad de por qué este personaje, de ojos rasgados, hablaba español. Nos contó que había vivido dos años en Buenos Aires y que quería practicar porque tenía otra asignación diplomática en Latinoamérica. ¿A dónde?, era la pregunta de rigor y ni se imaginan su respuesta: "En un año, me voy a la Embajada de Corea en Quito". ¡Increíble! Mi tía y yo soltamos una carcajada y, desde ese instante, tuvimos un nuevo amigo.


Buyong Chang, muy amable, nos invitó a cenar en un hermoso restaurante de comida tradicional coreana. Como nos ven en la foto, sentados en chinito y apoyados en cojines, alrededor de una mesa a no más de 50 centímetros del piso, degustamos decenas de platillos deliciosos, una feria de formas, texturas, olores y  sabores. Riquísimo todo, hasta el momento, la comida más rica que he probado en Asia, pero un menú de nombres tan difíciles, que no logro recordar. Una linda velada y, ¡por fin!, un barrio lindo y acogedor en Seúl, un buen amigo (que en estos días confirmaré si ya llegó a Quito) y una peculiar celebración de cumpleaños al otro lado del mundo.

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