¿Bendita televisión?

La superación de la simple masa social se hace inconcebible en nuestro tiempo. Una sumisión total a los cánones preponderantes nos encierra en jaulas que agrupan a las diversas especies. No hay sitio para otra cosa que no sea la clonación sistemática de hábitos programados con anterioridad. El mensaje de valores boyantes es sólo un disfraz para la vil e inútil copia de cuerpos sin alma, sin verdadera sustancia. Nuestras grandes televisiones son fábricas de monstruos en potencia, fieras que usan su poca inteligencia para descerebrarse aún más.

La masiva psicología de la unidad se pierde en los pasillos de una razón inexistente, simplemente calcada de alguna insulsa y pésima conducta. Es ese maratón por las calles de los canales, que llevan a sus participantes a encontrar su final sólo con la simple desaparición de uno de ellos. Terminando así, como autómatas sin control alguno, castigados a su indudable extinción. Sin duda una sociedad resbaladiza, que en mayorías se arropa y teme la disidencia de los pocos. Un miedo a la no integración en el vacío de la monotonía errónea. Afirmaciones en una postura tan maleable que no distingue verdad de ficción, que se miente y muerde la cola a sus elucubraciones.

Pasos sobre las arenas de la insensatez que se muestran tan inestables como sus propias ideas. Odio a una minoría impasible ante las arcadas de envidia y rabia contenida; no querer ser pero seguir manteniéndose dentro de la fila. Migajas de sueños esparcidas por un invidente pastor del cerebro. Briznas de esperanza para calles sin suelo en las que arrastrar las cadenas de la igualdad, mientras se porta el ataúd de la inteligencia.

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Sergio Guillén

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